4 de febrero de 2023

Injustificada espera de cuatro horas y algo más

 

Con frecuencia tendemos a caer en la trampa de olvidar las injusticias y arbitrariedades de que somos víctimas dentro del sistema de salud, solo porque finalmente, después de una larga espera, llega la solución tan anhelada. Nos dan la cita, a la hora que nos sirve, o nos autorizan la cirugía o nos entregan ese medicamento que tanto necesitamos. Y entonces nos sentimos aliviados. 

Pero la espera es un atropello y no podemos olvidar esto, porque algo así no es justo, ni ético, y además no debería seguir pasando. La salud no solo es un derecho, es un bien muy preciado de todo ser humano. Infortunadamente nos hemos acostumbrado a los atropellos, a las demoras, a que nos atiendan cuando a bien tengan. Y eso es inadmisible.

Hace unos días, el lunes 16 de enero, tuve que reclamar un medicamente en Audifarma, de Chía. Llegue al local un poco antes de las 2:30 de la tarde… Salí de allí, con las medicinas entre el bolsillo de mi chaqueta a las 7:15 de la noche, en paz, porque normalmente prefiero tomar estas situaciones con calma, pero asombrado de todo el tiempo perdido y de cómo la gente lo soporta sin apenas rechistar. Por supuesto, yo no fui la única víctima de la ineficiencia. De hecho, cuando llegué estaban atendiendo el turno 280 (más o menos), a mí me tocó el ¡469! Decía que el tiempo de espera era algo más de dos horas. Después de las 2:30 siguió llegando mucha gente. Incluso hacia las 6:30 de la tarde todavía reclamaban nuevos turnos y ese día, curiosamente, fueron pocos los que desistieron de la empresa. No sé a qué hora saldrían de allí.  

No puedo decir que mi espera fue interminable… Por fortuna había llevado un libro calculando que estaría saliendo de allí, por tarde, hacia las 4 de la tarde. ¡Qué ingenuidad! La espera fue casi eterna, tanto que logré terminar el libro que llevaba y me quedó faltando; habría podido empezar el siguiente que tengo en la lista.

Pero son pocas las personas que hoy llevan un libro para aprovechar el tiempo de espera sea una farmacia o en un consultorio, o en un banco o en cualquier otro lugar. Cuando por fin apareció mi turno en la pantalla y pude pasar al mostrador para solicitar mis medicinas, la señora que estaba delante mío, con un niño de brazos, reclamaba con tristeza y rabia que el medicamento que le estaban dando no era el que necesitaba su hijo. Infortunadamente el muchacho que la atendía dijo que no podía hacer nada, la fórmula tenía un código que correspondía a una crema para la piel y no a un ungüento oftalmológico que era lo que el niño necesitaba. Ella insistió lo que más pudo, pero no había nada que hacer. Más de cuatro horas esperando… ¿para qué? Algo así resulta descorazonador. Es una injusticia sin nombre, producto de un sistema paquidérmico y, sin duda, muy poco funcional. Al lado de ella había otra señora, más bien joven, de cara lánguida que empezó a soltar improperios contra la primera por tomarse demasiado tiempo haciendo su reclamo y contra el asistente de Audifarma por su falta de agilidad para solucionar aquel impase. Y unos cuantos estábamos en el medio procurando entender la situación. Intenté conciliar, pero no tuve mucho éxito. Solo me enteré que ese día había renunciado uno de los empleados, algo que, por lo visto, sucede con frecuencia en esta empresa.

Más de cuatro horas esperando para reclamar un medicamento. Absurdo, totalmente absurdo. En esto, me parece a mí, seguimos siendo un país subdesarrollado. Lo peor es que estas situaciones nos son algo esporádico; pero la verdad es que en esta ocasión ha sido cuando más tiempo he tenido que esperar. Perdí un valioso tiempo que necesitaba para trabajar y aún hoy lo estoy resintiendo. Sigo atrasado con algunos compromisos laborales. Igual que me ha sucedido a mí, seguro que esta espera perjudicó a todos los que estuvimos allí, de una u otra manera.

Para cerrar, algunas preguntas al vuelo: ¿con todo el dinero que se mueve en esta industria de los fármacos, esta empresa no tiene para abrir otro dispensario en el sector? ¿A quién corresponde dar solución dentro de la empresa a este tipo de situaciones? ¿Nadie se entera o prefieren mirar para otro lado? ¿Y para cuándo los prometidos cambios al sistema de salud para bienestar de los ciudadanos, por parte del Ministerio? Ni idea… ¿Y cuáles son las condiciones bajo las que deben trabajar los dependientes de estas farmacias? Ese día tuvieron que salir, por muy temprano, a las 10:00 de la noche, pues me dijeron que atenderían hasta el último turno… Un sistema ineficiente que produce injusticias “leves” y otras no tanto a las que tristemente nos hemos acostumbrado. Totalmente inadmisible.   

 Jaime Borda Valderrama

20 de enero de 2023 

Envié esta nota a Las2orillas y a la Oreja Roja, pero no fue publicada. 

25 de enero de 2023

La edad de hierro - Coetzee

LA EDAD DE HIERRO. 

J. M. Coetzee. Mondadori. 2002

En esta singular novela, el escritor sudafricano John Maxwell Coetzee,  retrata la fragilidad humana desde la óptica de una mujer mayor a quien le acaban de diagnosticar un cáncer terminal. Ella no lo acepta fácilmente, pero en medio de su desdicha logra ver, al menos en parte, las atrocidades del Apartheid que se ensaña con algunos jóvenes rebeldes que ella apenas conoce por circunstancias adversas. Todo lo que ve la cuestiona y, por supuesto, esas palabras, esos hechos, esas ideas, cuestionan al lector. Esa es la magia de este novel de la literatura. Mediante un lenguaje sencillo nos introduce en las vicisitudes del alma humana y en los múltiples dolores inexplicables de este mundo en el que vivimos. ¿Vivimos?

Uno creería que el apartheid es ya parte de la historia. Sin embargo, a través de este relato íntimo es posible darse cuenta que hoy por hoy existen otras formas de discriminación y que el racismo, infortunadamente es una "norma" aún vigente en muchas sociedades contemporáneas.  

Para muchas personas la vida no es justa. Es necesario reconocerlo para poder tomar cartas en el asunto. Al menos podemos rezar o alzar nuestra voz para llamar la atención y despertar las conciencias dormidas. Y si nos atrevemos a salir de nuestra zona de confort, quizá podamos hacer algo más concreto por cambiar ciertas injusticias. 

Más allá del relato por el que Coetzee nos permite viajar hacia el pasado y hacia el presente, también da pinceladas de sus pensamientos más profundos sobre el arte de vivir en este mundo perdido y esquizofrénico. 

Entre las frases que me impactaron de esta lectura, quiero resaltar esta:      

"Lo que yo no había calculado era que podía hacer falta más que ser bueno. Porque en este país hay mucha gente buena. Se nos encuentra debajo de cada piedra. a los buenos y a los más o menos buenos. Lo que la época requiere es algo bastante distinto de la bondad. La época pide heroísmo". (p. 187) 

Esta idea además de brillante, es perfectamente aplicable a nuestro tiempo. Gente buena hay mucha, seguro que si. ¿Y entonces? ¿Por qué parece que vamos en picada? Esto me recuerda aquella famosa frase de Ghandi que dice: "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena"... Es bastante usual que ante la maldad y las injusticias decidamos permanecer indiferentes. Solo cuando la violencia o el dolor nos toca directamente reaccionamos, muchas veces con rabia y sin entender el "por qué"... 

Levantar la voz ante lo injusto requiere de heroísmo, sin duda alguna. Y bien sabemos que ser héroe hoy en día puede costarnos la vida, como le costó a Jesús, y a Ghandi y a tantos otros que han optado por defender la verdad a lo largo de la historia. Quizá por eso, muchos preferimos quedarnos en apenas "ser buenos". 

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30 de diciembre de 2022

Cada día puede ser mejor que el anterior

 
Hasta donde me llega la memoria, nunca en mi vida he hecho un balance a fondo al finalizar un año y eso que ya tengo algo más de cincuenta primaveras sobre mis espaldas. 

Este año ha sido único y merece un buen balance. Por eso, antes que suene, en estas latitudes latinoamericanas, la última campanada del 2022, quiero compartir algunas reflexiones que me vienen  dando vueltas en mi cabeza y en mi alma desde hace unos días.

En enero de 2020, dos meses antes de que se declarara la pandemia por coronavirus yo estaba en una UCI con pronóstico reservado. No podía pasar bocado y me costaba caminar o mantener mi cabeza quieta. Me estaba alimentando por sonda. La situación era tal que algunos amigos cercanos empezaron a investigar la forma de conseguirme una pensión por invalidez. El futuro parecía clausurado para mi. No solo tenía mi cuerpo acabado, también el alma y mis pensamientos. Me sentía muerto en vida. Pero no era ese el destino que Dios quería para mi. 

Hace unos pocos días estaba de pie, ante un grupo de profesores, profundamente emocionado, dando gracias por todas las oportunidades que este año me había ofrecido. Cuando iba de regreso hacia mi silla, pensé que pocos podrían entender las razones de mi emotividad. Me vinieron a la memoria imágenes de cuando estuve hospitalizado, primero en octubre de 2019 y luego en enero de 2020. El que caminaba no era el Jaime de hace tres años, ni siquiera el de hace dos, era otro, un Jaime que estaba dormido, enjaulado, escondido, pero que finalmente salió a la luz, sin apenas darse cuenta. Claro, ahora lo se y lo entiendo y estoy feliz por ello.  

Desde agosto de 2020 me he dedicado, sin tener mucha claridad sobre lo que quería, a trabajar de manera independiente en varios frentes, todos guiados por un mismo eje compuesto de tres elementos interrelacionados: conocimiento, investigación, lenguaje escrito. Ahora, mirando lo aprendido puedo afirmar que no siempre es necesario tener un propósito totalmente definido en la vida para avanzar y sentirse mejor con uno mismo. Por supuesto, debe tenerse al menos una idea de base, conocer tus propias capacidades es un buen punto de partida; pero, no tiene que ser una idea estructurada. Lo que si resulta vital, de verdad, es actuar, luego se podrá ir perfeccionando la idea, la visión del futuro que quieres y te mereces, e ir dibujando objetivos cada vez más sólidos para tu vida. No quiero decir con esto que no sea importante tener una visión, un propósito claro; por supuesto que sí es importante para progresar en la vida, pero en caso de no tenerlo, no debes quedarte estancado, es imprescindible actuar, y poco a poco el horizonte se volverá más nítido, brillante y poderoso. 

A lo largo de este año tan particular he logrado consolidar mi autoconocimiento y mi autoestima. Por supuesto, debo seguir trabajando en ello, aún hay mucho por mejorar. En cualquier caso, lo que me da mayor alegría, lo que me ha impulsado a escribir estas líneas, es ver que he aprendido a creer en mi mismo, a no tener miedo de los retos que me llegan. Y cuando aparece el miedo, lo encaro y le digo: sé que puedo contigo. 

Creer en uno mismo abre muchas puertas, todas las que uno quiera o necesite que se abran, y además derriba casi cualquier obstáculo que se interponga en el camino. Algunos pueden demorar un poco más en caer, pero finalmente caen y los que no, significa que esa lucha no es para ti y que, de seguro, hay otras oportunidades esperando. 

Mis logros de este año: dirigí con éxito 5 Trabajos Fin de Máster con la Universidad Internacional de Valencia y hay otro en su fase fina, que será defendido en el 2023; corregí y mejoré sustancialmente 8 tesis, dos de pregrado, 4 de maestría y 2 de doctorado, sobre los más variados temas; escribí 3 artículos, 2 relacionados con educación virtual en tiempos de pandemia y otro sobre tomas de decisiones empresariales; revisé y mejoré tres documentos con contenido específico de cursos virtuales para la Policía Nacional; dicté, en dos ocasiones, un curso de seis horas sobre fundamentos de redacción científica con el CIID; dicté ese mismo curso, en versión más reducida, a cuatro grupos de profesores de una Universidad en el Perú; escribí un artículo sobre incidencia de las TIC en la educación ambiental en América Latina, que -confiando en Dios- será publicado en el primer trimestre de 2023; escribí y expuse mi primera ponencia desde que obtuve mi doctorado, el tema: Multidimensionalidad de la Pobreza y respuestas posibles desde la Economía de Francisco; gracias a una colega de la VIU hice una revisión crítica de un documento en inglés sobre claves para el uso adecuado de las TIC en educación superior (por supuesto me pagaron por dar mi opinión); tuve la oportunidad de asesorar a un precandidato a la presidencia de Colombia, revisando y aportando ideas a su programa de gobierno; acompañé y orienté las clases de metodología de la investigación de décimo y once en un colegio aquí en Colombia, lo que me dio la oportunidad de estar en contacto directo con los jóvenes; apoyé a los tutores de los proyectos de once de ese mismo colegio y, como otros años, evalué los trabajos de grado de los estudiante de 11 y los anteproyectos de los estudiantes décimo... Todo esto me ha dejado un aprendizaje y, con humildad lo digo, en cada parte he dejado una huella, quizá pequeña, quizá difusa, pero la he dejado.  

No ha sido poco, ciertamente. Todo lo logrado en este año 2022 me llena hoy de alegría y de satisfacción. Sin embargo, debo decir que a la par con los logros y los éxitos alcanzados, también hubo algunos fracasos, que quiero compartir. 

El más duro de todos quizá: los trabajos de grado que presentaron los estudiantes de once, de muy baja calidad en comparación con los de anteriores había. El golpe fue más duro porque era la primera vez que los acompañaba (a estudiantes y profesores) a lo largo de todo el año escolar, no solo al final, y yo estaba allí en teoría para que presentaran unos buenos trabajos. Pero no fue así. Esto me implicó hacer una serie de ajustes y evaluar a fondo mi labor como asesor del programa de investigación de este colegio. El resultado final no fue el esperado, pero aprendí algunas lecciones importantes: *asumir abiertamente, y sin dramatismos, la responsabilidad del fracaso permite avanzar y plantear soluciones asertivas; **es necesario tener las reglas claras desde el principio, no se puede trabajar sobre supuestos; ***no debo conformarme con cumplir y hacer solo lo que me piden, se puede siempre hacer más, por el bien de los estudiantes, por el bien de la institución para la que trabajo y por mi satisfacción personal. 

En marzo de este año me lance a ser parte del Consejo de Administración del conjunto donde vivo y fui elegido como Presidente... Ha sido una experiencia agridulce de la que he aprendido varias lecciones, menos esta: callar mis opiniones y mis frases cargadas de ironía. Para ser honesto, son varias las lecciones no aprendidas y si bien gané algo de costra, también es innegable que no logré superar mis prejuicios y mi rabia contra ciertas actitudes. Voy al punto. En el consejo hubo (hay, esto no se ha terminado) dos personajes con los que no he podido tener una buena relación. Su forma de ser, de hablar y de actuar me irrita profundamente y nunca tuve el valor suficiente para acallar esos sentimientos y terminé diciendo y haciendo cosas que no corresponden a un "buen cristiano". La mejor solución quizá habría sido renunciar y conservar mi paz interior. Sin embargo, no lo hice. Y, debo decir, aunque duela, que mi actitud frenó la posibilidad de concretar algunos proyectos. Por supuesto que la responsabilidad en todo lo que pasó y en lo que no pasó, no es solo mía. Ahora bien, a pesar de todo, sigo creyendo que vale la pena ejercer la política en cualquier ámbito, por pequeño que sea, impulsado por la idea que la política es el arte de buscar los mejores caminos posibles para lograr el bien común.    
¡En últimas, ha sido un gran año y voy a por más, en el 2023!
 
Hoy, 30 de diciembre, doy infinitas gracias a Dios por todo lo vivido, lo alcanzado y lo aprendido en este año que está a punto de terminar. Gracias a mi esposita y a mis hijos, por amarme tanto en los buenos y en los malos días. Por todo lo que me enseñan. Y gracias a todos los que me acompañaron, de una u otra manera, en este tramo del camino. GRACIAS.   

Dios es bueno; siempre y en todo momento, DIOS ES BUENO.
 
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23 de diciembre de 2022

Alas de esperanza

En época de cambios, 

mejor dejar el pesimismo 

y optar por la sonrisa, 

por la sinceridad amable, pero diáfana

por las rosas y las uvas,

por el agua cristalina. 


Revivir la esperanza, 

la alegría y el optimismo 

aunque a veces sea gris el panorama 

con la certeza que siempre,

tarde o temprano, 

la luz vuelve a brillar. 


La vida vale la pena ser vivida 

aunque sea impredecible 

aunque traiga dolores 

aunque haya preguntas sin respuesta 

aunque a veces broten espinas por doquier. 


A veces parece empinada la existencia,

pesada la carga que llevamos,

seco y árido el camino, 

pero la cima nos aguarda,

y también nos esperan con regocijo

el árbol, la sombra, el trigo y las cerezas.


El dolor ha sido siempre semilla,

la alegría serena, su flor eterna.

El camino puede que no sea llano,

pero está abierto para seguir andando. 

Vamos juntos, sin miedos, sin reservas,

el mundo nos espera y nos necesita. 

Por todo esto, hoy, solo quiero sonreír. 




 



 

14 de diciembre de 2022

Desempolvando al poeta

Busco palabras

Tengo días en que
busco palabras sonoras y precisas
para decir algo profundo,
un algo que ilumine mi propio sendero,
pero de pronto me doy cuenta que
no tengo nada nuevo que decir.
Como si solo de aridez estuviera hecho.
Quizá me falte salir a mirar y andar otros mundos.
O saber escuchar en silencio.
El estar inmerso entre conceptos,
hoy, de ética, pedagogía y metodología
no me deja ver, ni hablar en esos días,
desde mi corazón escondido.

Hay muchos días así.

Pero mañana saldrá de nuevo el sol
y seguiré caminado, buscando, soñando.
¿Será diferente? ¿Seré diferente?
¿Vendrán las palabras?
¿Quién puede saberlo a ciencia cierta?
Que más da.
La vida se nos ofrece
momento a momento
para saborearla, para disfrutarla,
para sufrirla;
en fin, para ser y estar,
aquí y ahora.

14/dic/2022
Jaime Borda V.









Una nueva revolución

En esto tiempos de inteligencia artificial en los que todo parece poder resolverse con una pregunta medianamente bien hecha (a una máquina) ...