Hoy nos hemos despertado con algunas noticias que roban la frágil esperanza que trata de habitarnos en la cotidianidad de nuestras casas. Estados Unidos e Israel han decidido atacar a Irán, supuestamente para derrocar la régimen de los Ayatolas que ya han asesinado vilmente a más de 40 mil ciudadanos iraníes en las últimas semanas. Ojalá llegue la libertad para este sufrido pueblo del medio oriente, sin que ello signifique vender su dignidad.
Pero esto no es todo, Pakistán ha declarado la guerra frontal contra Afganistán, por motivos que no logro entender plenamente. Es un conflicto del que conozco casi nada. Lo que si es cierto es que el mundo está en llamas y no parece que sea fácil apagar el humo incandescente que se eleva desde diferentes puntos del planeta.

Y mientras estallan bombas en Teherán, en Kabul y en Kandahar, Israel no deja en paz a los gazatíes. El inclemente genocidio no se detiene. ¿Cómo han resistido tanto los palestinos y cómo es posible que los terroristas de Hamas no se rindan?
Y a poco más de 2100 kilómetros, se siguen matando entre rusos y ucranianos, por razones geopolíticas que tampoco termino de entender. Claro, la guerra es un negocio, pero no es el único motivo que desata la violencia fratricida. Este tipo de situaciones dramáticas e injustas me llevan siempre a la misma pregunta: ¿de verdad, somos seres racionales? No lo parece.
Pero las noticias grises y desalentadoras no terminan ahí. En Venezuela, Cuba y Nicaragua se sigue torturando a todo el que piensa diferente. Aunque Venezuela parece caminar hacia la paz, la libertad y la democracia, el panorama es aún muy incierto.
¿Seguimos con la lista? Sudán, Myanmar, Nigeria, Burkina Faso, Somalia.

Aquí me surgen algunas preguntas:
¿Por qué se matan los seres humanos?
¿Las guerras se dan impulsadas solo por intereses económicos?
¿Conocerá el mundo algún día la paz?
No voy a negarlo. Para quienes anhelamos la paz con todo el corazón, el panorama resulta desolador. ¿Qué se puede hacer para abrirle paso a la cordura en medio de tanta insensatez?
La paz es un regalo que no significa solo ausencia de guerra. Es algo más profundo. En palabras de Juan Romero Morones (2012) es "una forma de pensar, de ser, de actuar en armonía consigo, con los otros, con la sociedad y con el medio ambiente". Podría decirse que es una forma de ser y de estar en el mundo. Sin embargo, cabe señalar que no se trata solo de una conquista individual, sino de algo aún más grande, es un desafío colectivo.
La paz no es algo innato, ni surge por arte de magia, es necesario trabajarla, conquistarla y cultivarla todos los días. En otras palabras, la paz, o mejor, la sana convivencia entre las personas no es algo que se de por ciencia infusa. Requiere compromiso, dedicación, amor, perseverancia y buena voluntad.
Para llegar un día a la paz mundial, será necesario primero dar pasos pequeños; esto significa cultivar la paz en los territorios, en los barrios, en las casas, en las escuelas. ¿Pero cómo lograrlo? Aquí entra la llamada "educación para la paz" que no puede ser simplemente una asignatura más del curriculum, donde los estudiantes aprenden, teóricamente, sobre la resolución de conflictos o sobre los principios de la paz positiva de Galtung. No, esto no es suficiente. Sin duda, se requiere mucho más que eso. Esto requiere compromiso, amor, perseverancia y determinación por parte de docentes, estudiantes, directivas y padres de familia. Todos debemos poner de nuestra parte.
Para Xesús Jares (citado por Yudkin Sulliveres, 2023), "la educación para la paz requiere anclarse en la comprensión de la realidad, (y) educar para la verdad en tiempos que imponen miedos, fundamentalismos y guerras". En otras palabras, la educación para la paz demanda que la escuela vaya contracorriente, rompa paradigmas, genere aprendizajes significativos y busque nuevas posibilidades para vivir y convivir en armonía. Seguir como estamos nos llevará, tarde que temprano, a la destrucción.
Según la Dra. Ana Yudkin Sulliveres, educar para construir una cultura de paz, dentro y fuera de la escuela, conlleva al menos seis principios o estrategias pedagógicas que fomenten la sana convivencia y las buenas relaciones entre todos los integrantes de una comunidad educativa. Para Yudkin Sulliveres (2023), esos principios son: 1) potenciar el pensamiento crítico y creativo de los estudiantes; 2) concienciar sobre los problemas locales y globales (es decir, se parte de conocer la realidad); 3) implementar formas noveles de investigar, conocer y saber, para entender holísticamente la realidad y saber cómo transformarla; 4) fomentar la empatía y la solidaridad; 5) capacitar en las artes y otras formas de expresión; 6) generar escenarios de participación.
Cada uno de estos principios merece una reflexión pedagógica profunda para encontrar las mejores maneras de llevarlos a la práctica en cada contexto particular. No me voy a detener aquí en estos aspectos, porque no es el espacio para hacerlo, pero si invito a los lectores, sobre todo sin son docentes, o directivos-docentes, a pensar sobre cómo hacer realidad esta educación para la paz, de tal manera que podamos dejar huella en los estudiantes, una huella que perdure en el tiempo y llegue a transformar la sociedad en que vivimos.
Ahora bien, una educación para la paz no es suficiente si la sociedad no se transforma. Pero ¿qué tipo de sociedad puede ofrecer paz a todos sus ciudadanos? Es una pregunta necesaria y pertinente en estos momentos tan convulsos. Según Tuvilla (citado por Romero Morones, 2012), la paz (es decir, una sociedad pacífica) implica cuatro condiciones básicas: a) propiciar un desarrollo humano permanente; b) respetar siempre los derechos humanos; c) fomentar una auténtica democracia; d) lograr el desarme mundial, nacional y local. Ciertamente, no es una tarea sencilla. Todo esto, por supuesto, también requiere compromiso, amor, esperanza, fe, perseverancia y determinación, de parte de cada uno de nosotros.
Como dice un gran amigo mío, deseo paz y bien a todos los que hayan llegado hasta aquí.
¿Quieres ser un constructor de paz?
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Romero Morones, J. (2012). Educar para la Paz desde una sociedad sin Paz. Condiciones para construirla. Ra Ximhai, 8(3), 195-210.
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