27 de mayo de 2026

De nuevo en la encrucijada

Sigo en la encrucijada y quiero compartir mi visión crítica y desalentadora de lo que estamos viviendo en Colombia hoy, a pocos días de las elecciones.


No sé todavía por quién votar. Como nación fragmentada, nos debatimos entre el odio a Uribe y el odio a Petro y de paso, cultivamos y alimentamos el odio entre vecinos, amigos, familiares y desconocidos. ¿Y para qué? ¿Qué ganamos con eso?


Votar es un deber, un derecho y una responsabilidad. Sin embargo, en este momento, todas las opciones son tan malas y con tan mal pronóstico para el futuro del país, que la situación se vuelve motivo de angustia existencial. Y no lo digo de broma.


De la Espriella es una farsa completa. Las personas lo ven como el gran salvador, pero podría acabar con nuestra democracia. Tiene muchas historias ocultas. ¿Sabía usted que antes de lanzarse borró parte de su historia en internet? Eso dice mucho de este personaje. Tiene un pasado oscuro y un presente demasiado gris. Es un showman sin experiencia en lo público, y es también un caballo de Troya. No creo en su conversión y no creo nada de lo que dice. Se vende como el adalid de la integridad y defensor de la vida, pero nada más lejos de la realidad. ¡Colombia! ¡Despierta, por favor! En lo personal, me duele y me cuestiona que Juan Manuel Restrepo, su vice, se haya prestado a ese teatro. En él si creo.


En cuanto a Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo Arango, son parte de la tradición política colombiana. Aquí entre nosotros, me convence más Oviedo que Valencia... Paloma Valencia ha hecho una buena labor como senadora, pero tiene un discurso vacío, a veces mal estructurado, que no convence a los indecisos. Su propuesta no es lo suficientemente sólida y, lo peor es que tiende a favorecer más a los ricos que a los pobres, cómo ha pasado en casi toda la historia de Colombia. Su modelo económico basado en el extractivismo es totalmente irracional. Enfocado exclusivamente en explotar la naturaleza para maximizar las ganancias del estado, sin escuchar la voz de los indígenas, ni mucho menos la de nuestros ricos ecosistemas; para esta época en la que vivimos, eso no puede ser el principal objetivo de un gobierno. Sin duda, hay otras prioridades. Con ella, todos los programas sociales se irían al olvido y posiblemente retornaríamos al siglo XX en materia de pobreza y desigualdades. Además, está la sombra de Uribe.


En cuanto a Iván Cepeda, ni hablar. No niego que parece ser un tipo muy sensato y muy coherente en sus discursos. Casi nunca se altera. A veces me llega a convencer y pienso que sería una buena opción. Sin embargo, si uno analiza lo que ha dicho en plaza pública y cómo lo ha dicho, evidentemente su discurso está atravesado por el odio de clases, una visión según la cual los pobres son los buenos y los ricos son los malos. Y la clase media, es un estorbo. Si no eres pobre no haces parte del pueblo, es más, podrías ser declarado enemigo del pueblo. Aunque trata de aminorar el efecto de su formación comunista, es parte de su historia y un aspecto innegable que debe tomarse en cuenta. Para acabar de rematar tiene como grandes modelos "democráticos" a Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Raúl Castro. Es inadmisible. ¿Queremos otros cuatro años de Paz Total, de territorios gobernados por la guerrilla y de un sistema de salud cada vez más colapsado?


La paz y la justicias social que tanto anhelamos se lograrían si volviéramos a Dios y si nos dejáramos guiar por los cuatro principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia: Dignidad de la Persona, Bien Común, Solidaridad y Subsidiaridad. Desafortunadamente estamos muy lejos de ese camino, al menos como sociedad compacta.


Las opciones que quedan son: Sergio Fajardo Valderrama, Claudia López, o el voto en blanco.

😔 ❓


Muchos católicos dicen que votarán por Abelardo porque supuestamente es el único que defiende la vida y la familia. Yo los comprendo, pero ese no puede ser el único criterio para elegirlo a él. Aunque otro motivo que los lleva a quererlo como Presidente es creer que él acabará con la guerrilla de un solo tajo. ¿En serio queremos una guerra fratricida donde muy posiblemente también mueran inocentes?

Desde la perspectiva de los aspectos morales, al parecer, no hay otras opciones, pues todos los demás, de una u otra manera, defienden el aborto y la eutanasia como supuestos derechos fundamentales. Sé que apoyar esta postura es una equivocación antropológica y ontológica, pero tampoco puedo apoyar la mentira, ni puedo elegir como presidente a un machista, misógino, egocéntrico y elitista que tan pronto esté en el poder empezará a cerrar noticieros, perseguirá con sevicia al Pacto Histórico y a cualquiera que se diga ser de izquierdas. Eso no, yo no lo puedo apoyar.


Las otras opciones que podrían llevar a Colombia a un terreno de progreso y de menos confrontación, apoyan el aborto, la eutanasia y la conversión de género. Aspectos con los que, como católico, no puedo estar de acuerdo. Desde mi conciencia, prefiero, no obstante todo, elegir a alguien que, posiblemente pueda bajar los decibeles de la polarización, gestionar con más acertividad el problema de la seguridad y reestructurar el sistema de salud. Pienso que esa persona sería Sergio Fajardo, aunque no sea totalmente de mis afectos.


En el caso hipotético, aunque demasiado improbable a este punto, que él quedara de Presidente, estaría atento a su gestión y buscaría cualquier ocasión que se presente para alzar mi voz en pro de la vida, y en contra del aborto, la eutanasia, las operaciones transgénero y el extractivismo irracional.

20 de mayo de 2026

Sobre las escuelas rurales en Colombia

La realidad desconectada de las escuelas rurales en Colombia.

¿Falta voluntad política o el reto supera la capacidad actual del Estado?

En tiempos de IA hay escuelas en Colombia, en todos los países de América Latina y en otros muchos países del mundo (como China) donde no hay computadoras suficientes y ni siquiera acceso a internet.


Desde hace poco más de tres años he tenido la oportunidad de acompañar, en la realización de su proyecto de posgrado, a docentes-estudiantes que cursan el Máster en innovación educativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), entidad que tiene, hoy por hoy, gracias a diferentes convenios con el MEN y con algunas gobernaciones, una fuerte influencia en la formación especializada de docentes, sobre todo del sector público, en Colombia.

En mi función como tutor/director de Trabajos de Fin de Máster (TFM) debo atender a los estudiantes personalmente (de manera virtual) al menos cuatro veces durante el tiempo que dura su proceso en el desarrollo de este trabajo (4 a 5 meses); estos TFM suelen ser una propuesta pedagógica basada en metodologías activas y enfocadas en mejorar procesos específicos de aprendizaje.

Un número significativo de los estudiantes/docentes que he podido orientar en este máster, trabajan en escuelas rurales de Colombia, algunos en las zonas más apartadas del país. De hecho, entre mis estudiantes hay varios que desarrollan su labor docente, con amor, con compromiso y con escasos recursos, en veredas de Cauca, Boyacá, Santander, Meta, Casanare y Cundinamarca. Ha sido una oportunidad única para acercarme a la realidad del país.

He podido comprobar, de primera mano, que la mayoría de las y los docentes que hoy trabajan en escuelas rurales lo hacen, como se dice coloquialmente, con las uñas, con escasos recursos materiales, con deficiencias en el servicio de energía, sin posibilidad de tener suficientes computadores en sus instituciones, y mucho menos una conexión decente a internet. Eso sin contar las situaciones de violencia armada, violencia intrafamiliar, abusos de diverso tipo y consumo de drogas, entre otros problemas. Hace poco una estudiante del máster, quien trabaja en una escuela rural del Pacífico colombiano, a la que solo es posible acceder por vía fluvial, me decía: “profesor, créame, esto es otro mundo”.

Según un informe de “Colombia Aprende”, en el año 2021, solo un 22,7% de las escuelas rurales contaban con acceso a internet. A pesar de los esfuerzos del MinTIC, la situación está todavía muy lejos de ser la ideal. De hecho, según un informe más reciente del Laboratorio de Economía de la Educación, de la Universidad Pontifica Universidad Javeriana (2023), se estima que un 79,8% de las escuelas rurales no cuentan con acceso a internet y el 59,7% no cuenta con aulas de informática. Hay múltiples factores que pueden explicar esta realidad desconectada: obstáculos geográficos, falta de voluntad política, mala gestión o falta de recursos económicos, insuficientes políticas públicas y/o herramientas para implementarlas, etc.

En cuanto a la capacitación de los docentes, de acuerdo con el mismo informe de Colombia Aprende (2021, sept.), entre los docentes de escuelas rurales, solo el 75% tiene títulos profesionales, mientras que, en los colegios ubicados en zonas urbanas ese porcentaje llega al 91%. De otra parte, según Uribe-Zapata et al. (2023), solo el 61% de los docentes rurales tienen algún posgrado, “mientras que el 39% restante se reparte así: el 27% cuenta con especialización y el 12% tiene maestría”. En cuanto al uso pedagógico de las TIC, estos mismos autores reportan que un 47% de los docentes las usan para organizar su trabajo, un 33% en procesos de interacción, que incluye uso del correo electrónico, “realización de trabajo colaborativo, tutoría con padres, utilización de foros, utilización de chats, uso de redes sociales (…)”, y un 27% las usan para recursos y aplicaciones en línea.

De mi experiencia, debo anotar que aún los docentes con posgrado que trabajan en escuelas rurales, en su mayoría, no tienen un dominio alto en el manejo de las herramientas TIC, aunque muchos de ellos realizan su formación posgradual de manera virtual. Esto significa que la formación en el uso de las TIC aún es deficiente.   

En medio de esta realidad crítica, hay aspectos positivos; además de las políticas públicas encaminadas a fortalecer la educación rural ya existentes y otras que se han desarrollado recientemente, el actual gobierno ha aumentado la inversión en este sector; así, en 2024 se entregaron 78.060 computadores a instituciones educativas de pequeños municipios y se instalaron 2.375 antenas para conectar escuelas rurales. Y el MinTIC tiene en marcha el proyecto Escuelas Potencia Digital, que proyecta llevar internet a cerca de 3.082 sedes educativas en zonas rurales ubicadas en 399 municipios del país. Esperemos que esto se haga realidad.

En este contexto de desigualdades educativas, surge, inevitablemente, una gran pregunta: ¿Cómo superar estas brechas abismales?

Si te interesa el tema, puedes leer una versión mejorada de este artículo en la plataforma de Substack


Jaime Borda Valderrama

Doctor en Ciencias Sociales de la UPNA

Coordinador proyectos solidarios en Escuela Sol Naciente (Colombia)

Asesor/director de TFM en la UNIR y la VIU (España)

Tutor del Doctorado en Educación de UMECIT (Panamá)

 

Referencias

Uribe-Zapata, A., Zambrano-Acosta, J. F., & Cano-Vásquez, L. M. (2023). Usos educativos de TIC en docentes rurales de Colombia. Revista de Investigación, Desarrollo e Innovación13(2), 287-298.

Colombia Aprende. (2022, 21 de septiembre). La educación rural, un gran desafío para Colombia. Ministerio de Educación Nacional. https://www.colombiaaprende.edu.co/agenda/tips-y-orientaciones/la-educacion-rural-un-gran-desafio-para-colombia

Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. (2023, octubre). Características y retos de la educación rural en Colombia (Informe No. 79). https://lee.javeriana.edu.co/w/lee-informe-79

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