Entras a una cafetería o a un restaurante y es cada ves más común ver parejas de amigos ¿o novios? concentrados cada uno en sus pantallas. O hasta familias enteras que no se hablan, cada uno está pegado de su móvil. Esos aparatos nos han robado no solo la capacidad de atención, como lo señala Johann Hari, sino nuestra humanidad completa.
****
- Amor, quieres ir al cine.
Mientras mira su celular, el muchacho le responde que tal vez, pero sin mucho entusiasmo y sigue scrolliando.
- Oye... te estoy hablando...
- Perdón, amor, es que hay muchas noticias importantes en Instagram.
-Claro... me imagino
****
- Mamá, mamá, yo quiero salir a jugar al parque
- Sí, sí, haz lo que quieras
- Pero quiero ir contigo...
- ¡No ves que estoy ocupada!
La niña se queda triste. La mujer ni siquiera se da cuenta. Está embebida en su celular, scrolliando.
Pero, ojo. Esto también sucede con los papas, no es algo exclusivo de las madres.
****
¿Te has dado cuenta que ahora todo el mundo, incluido tú, priorizamos la pantalla del celular (o del móvil, como le dicen en España) sobre las personas, incluyendo a nuestros hijos? ¿Sabías que este fenómeno, cada vez más extendido, se llama: "phubbing", que traducido al español sería algo así como "ninguneo digital"?
Las benditas pantallas absorben por completo nuestra atención y nos alejan cada vez más de lo que realmente importa. Muchos estudios recientes se han concentrado en analizar los efectos negativos del uso desmedido de las redes sociales en los niños y en los adolescentes, pero aún son pocos los que analizan el uso de las redes en adultos-jóvenes, en especial en padres y madres jóvenes que también viven enganchados al celular, tanto que ningunean a sus propios hijos, casi sin darse cuenta. En la mayoría de los casos puede ser algo inconsciente, pero eso no le quita importancia a este fenómeno que nos aleja de quienes queremos y que deberían ser lo más importante para nosotros. La realidad es abrumadora. Los padres y las madres no miran ni escuchan a sus hijos por estar pendientes de su celular. A veces son cuestiones realmente importantes, pero en muchas ocasiones simplemente es que están (estamos) completamente absortos en practicar el scrolling infinito, en las redes sociales, alimentando innecesariamente y sin sentido, la dopamina.
Surgen muchas preguntas: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué priorizamos las pantallas sobre las personas, incluso sobre nuestros hijos e hijas? ¿Somos conscientes del daño que les hacemos y que nos hacemos? (Creo que no, todavía no nos hemos hecho conscientes).
Varios autores hacen ver que la tendencia "moderna" de los padres y las madres a mirar el teléfono mientras hablan con sus hijos e hijas, o, peor aún, a ignorarlos/las, por estar mirando el teléfono, genera problemas de interacción con los hijos y, por supuesto, trae consecuencias negativas para los niños, las niñas y los adolescentes en general.
Casos se han visto y se ven cada vez más. ¿No te ha pasado algo así?
Ves dos personas sentadas o hasta más y todas pegadas del teléfono. Parecen zombies de verdad. Te acercas un poco y ¡oh sorpresa! ¡Se están escribiendo mensajes entre ellos! De verdad, es increíble. Prefieren usar el "smartphone" para comunicarse que mirarse a los ojos y hablar. Parece una escena distópica, pero no lo es. Es una escena absurda, al menos para mí, pero lo más terrible no es que sea absurda, sino que se ha normalizado. Las personas (no solo los más jóvenes) preferimos "hablarnos" por mensaje de texto, que hablar cara a cara, o incluso llamar por teléfono y escuchar la voz del otro. Ya no nos gusta llamar, nos genera miedo, o pereza, o escozor o algo así.
¿Y tú, te quedas tan tranquilo?
¿Cómo contrarrestar los efectos de esta distopía loca y sin sentido? Resulta todo un desafío.
Necesitamos reeducarnos en la voluntad y re-aprender a valorar lo que realmente importa.
¿Y tú, qué piensas?
Autor: yo, Jaime (Dono).