30 de abril de 2026

Los grandes retos de la educación inclusiva

Como quizá muchos sepan, tengo la dicha y la fortuna de tener una hija con Síndrome de Down con todo lo que eso significa. Pero, por cosas del destino, o mejor decir, por diosidencias, han llegado a mis manos algunas tesis y algunos artículos relacionados con el tema de la discapacidad y por tal motivo me he visto "obligado" a estudiar sobre el tema desde tres perspectivas interconectadas: desde lo pedagógico, desde lo sociológico y desde lo jurídico (o mejor, desde la ciencia del derecho). Ha sido inevitable no cuestionarme y al mismo tiempo no sentirme atraído por el tema. 

Por mi formación y por mi experiencia, suelo leer y reflexionar sobre el tema de la educación y, por supuesto, en particular sobre el tema de la educación inclusiva. A raíz de las últimas lecturas me han surgido algunas reflexiones que hoy quiero compartir con todos aquellos que puedan estar interesados en el tema.

Como lo he dicho en otras ocasiones, "la educación es un arte, y no sería exagerado afirmar que es un arte de los más complejos"(1), porque se trata de formar seres humanos en todas sus dimensiones, no solo en lo académico, sino también en lo físico, emocional, ético y relacional. Esto, ciertamente, no es una tarea sencilla (1) 

Una educación responsable, y de calidad debe apuntar a una formación integral y holística del ser humano y esto implica, entre otros aspectos, fomentar en los niños, las niñas, los adolescentes y los jóvenes, la observación, la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico, así como la empatía, la compasión, el razonamiento ético (...), un sentido de la corresponsabilidad y una conciencia de lo que significa ser ciudadanos globales hoy (2)    

Además de todo lo anterior, la educación, como lo señala García Castillo, “es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura. Debe ser de calidad, equitativa, accesible y garantizar la permanencia”. (3) Con todas estas premisas queda suficientemente claro que educar no es una tarea sencilla, y que la educación, como derecho y como posibilidad es un bien inmaterial de la humanidad que debe beneficiar a todas las personas de cualquier país, ciudad o región del mundo, independientemente de su origen, sus creencias y su condición física y/o cognitiva. 


Tomada dehttps://www.linkedin.com/pulse/educaci%C3%B3n-inclusiva-2024-abigail-ariadna-pamela-aponte-berdejo-v4xfe/

Es importante reflexionar sobre lo dicho en los párrafos anteriores y cuestionarse lo que eso significa. ¿Qué tanto se acerca a esa descripción, el sistema educativo en general, o el colegio o la universidad que usted conoce mejor? Acercarse a una respuesta razonable y razonada debería hacernos ver que educar, hoy por hoy, es -de verdad- un arte, es una responsabilidad y un desafío.  

Ahora bien, ¿todas las personas necesitan el mismo tipo de educación? La respuesta sencilla y directa es: No. Eso aumenta el nivel del reto. Pero, hay más, para entrar más en materia, ¿qué sucede con las personas con funcionalidades diversas?, ¿qué tipo de educación necesitan realmente? Para poder responder a estas preguntas es primero necesario entender que la discapacidad tiene múltiples manifestaciones y cada una de ellas presenta necesidades diferentes, en todas las dimensiones. Desde el punto de vista educativo esto significa que cada discapacidad necesita abordajes pedagógicos diferentes. A nivel general cada persona aprende de una manera diferente y aunque puede compartir ciertas características cognitivas con otras personas, cada quien se acerca al conocimiento y logra desarrollar sus propias habilidades de forma diferente. Esto es aún más cierto en las personas con discapacidad. No aprende igual, ni interpreta la realidad de la misma forma, una persona con discapacidad visual que una persona sorda o alguien con espectro autista, o con discapacidad psicosocial, por ejemplo. En síntesis, desde el punto de vista pedagógico, cada tipo de discapacidad requiere abordajes diferentes.


23 de abril de 2026

Un día en la vida de Augusto (2)

Te comparto, por fin, el final del cuento "Un día en la vida de Augusto"

Si aún no has leído la primera parte de este cuento, la puedes leer aquí, en la entrada anterior (10 de abril de 2026)


Amor, dolor y realidad. Un día en la vida de Augusto 

(Segunda parte)


Tomada de: https://es.aleteia.org/2019/07/30/la-mejor-manera-de-apoyar-a-un-amigo-cuyo-ser-querido-esta-muriendo/ 


Pocos iban a creer lo que le estaba pasando, empezando por él mismo. Lo cierto es que terminó por pedirle su número de teléfono y antes de despedirse con un tímido beso, le propuso que se vieran en unos días. Los ojos de ella se posaron sobre los suyos como queriéndole decir que aquel encuentro no había sido una mera casualidad. Estaban destinados a conocerse y a compartir juntos un buen tramo de la vida. ¿Realmente estamos predestinados a un camino ya escrito desde siempre? Augusto estaba convencido de que eso no era así. La vida se desenvuelve conforme a nuestras decisiones y nuestras circunstancias particulares. El “destino” lo marcamos nosotros. Pero los ojos de Melisa parecían decir otra cosa. Por ahora era mejor no pensar demasiado. Así que se encaminó con decisión hacia la habitación 406.

- Querido amigo, me alegra tanto verte. Dijo Julián, con una voz entrecortada y emotiva al mismo tiempo.

- Lo mismo digo. No te he vuelto a llamar en estos días, pero me hablo cada tanto con tu hija Eugenia. (Por un momento quiso hablarle de lo que le acaba de pasar, pero sintió que era mejor no decir nada por ahora)

- Sí, ella me ha contado. (Se retorció con disimulo, de nuevo un dolor agudo en la boca del estómago lo hizo cerrar los ojos y respirar con dificultad).

- Julián, mejor no hables. No hagas esfuerzos innecesarios. Vine a acompañarte.

- No… Ya sabes cómo es esto. Los dolores vienen y van.

- Sí, pero igual es mejor que no te esfuerces.

- Te noto algo diferente. Tienes un semblante que no te veía hace mucho tiempo. ¿Alguna novedad?

- Bueno… la verdad sí. Pero te lo cuento con calma en otro momento.

- ¿Y si no hay otro momento?

- Por favor no digas eso.

El silencio y el dolor vinieron de repente y dejaron sentir su presencia, con sutileza, pero con fuerza, en aquel espacio, físico y sobrenatural al mismo tiempo. Augusto olvidó la paz recién conocida que Melisa le había transmitido misteriosamente y sintió el escalofrío del dolor y del miedo que sólo la proximidad de la muerte puede hacer sentirle a uno. Ella estaba allí, cerca, muy cerca. El aire se volvió denso y luego se transformó en una brisa suave.

- Augusto, amigo… gracias por todo. Dile, dile a mis hijos que los amo con todo el corazón.

- Julián… Julián.


Silencio. Estupor. Incredulidad. Y ya no pudo contener las lágrimas. Se había ido, serenamente y sin oponer resistencia. Y justo a él le tocó estar presente en ese instante único e irrepetible. Él no quería estar allí, hubiera preferido que sucediera de otra forma. Eran sus hijos, Andrés, Eugenia y Raquel, los que deberían estar allí para despedirlo. Pero la muerte no suele escuchar esos deseos. Ella tiene sus momentos propios, incomprensibles e indescifrables la mayoría de las veces.

- Adiós, mi amigo querido. Adiós… No, no; olvida esas palabras, solo digamos hasta luego. Un día me tocará a mí también y nos volveremos a encontrar. En realidad, no te has ido. Estarás presente en mis pensamientos y en mi corazón. Me harás tanta falta, viejo. No sabes cuánto. ¿O sí? Desde donde estás ahora, ¿quizá ya lo puedes ver y sentir? Quizá.


Una tarde cualquiera de 2021



Tomada de: https://live.staticflickr.com/2766/4137693605_cf3b8e5fc5_n.jpg 

10 de abril de 2026

Amor, dolor y realidad. Un día en la vida de Augusto.

Esta historia no sucede en Broadway, ni en Boston, ni en Massachusetts, ni en ninguna ciudad de nombre sonoro o rimbombante. Sucede en Bogotá, una ciudad llena de contrastes. Desde donde estamos, las calles parecen seguir un patrón geométrico invariable con intersecciones perpendiculares. Las aceras son grises y gastadas por el tiempo, la indiferencia y los pasos a veces apresurados, a veces cansados de los transeúntes. Siendo fríamente honestos, no se puede pedir mucho de un barrio marginal de una ciudad latinoamericana, como esta. ¿O será que vemos las cosas con una óptica muy angosta? Quizá sí… O simplemente, la realidad es la que es y punto. De cualquier manera, este es el mundo de Augusto y no nos han dado el poder para cambiarlo.


Tomada de: pulso.com

Era una mañana de sábado. Nuestro querido personaje tenía un plan concreto para ese día: ir a visitar a su amigo Julián que estaba hospitalizado desde hacía ya dos meses. Muy grave. Un cáncer agresivo que se lo estaba llevando lenta, pero inexorablemente hacia el más allá, donde quiera que sea, que ese lugar esté. La muerte, pensaba Augusto, ese fantasma vivo que se pasea día y noche por todas las calles del mundo, sean luminosas u oscuras, ricas o pobres, modernas o sin tiempo, acechaba ahora a su gran amigo, rondando por los pasillos de ese hospital. -Ahora que lo pienso, -seguía él con sus cavilaciones- los hospitales son su espacio favorito. ¿O habrá otros lugares donde ella vaya de visita con más frecuencia y que mi pobre imaginación no alcanza a vislumbrar? No sé, y no voy a meditar sobre esto ahora.

“La verdad es que ella está, de uno u otro modo, siempre presente. Y sin embargo todos vivimos como si no existiera, como si no fuera capaz de aparecer en cualquier momento... Ayer no más, esa horrible noticia de una mujer de apenas 42 años, –con un rostro tan bello y dulce– atropellada por un camión verde y destartalado, conducido por un joven inexperto de apenas 23 años. Ella, Alba, se despertó dispuesta a conquistar el mundo, con la alegría que la caracterizaba, sin si quiera imaginar que sería el último día de su vida. Él, José Asunción, como el poeta, se levantó de madrugada para seguir sobreviviendo, con la lánguida esperanza de un mañana sin afanes, en el que cualquier dígito seguido de muchos ceros en la cuenta bancaria disipase, por fin, las preocupaciones más básicas de su monótona existencia; ahora, tendrá que pagar cárcel por unos 10 años, o al menos eso decían las noticias. No es tan claro si fue un descuido, un problema mecánico, o un acto intencional. El amarillismo de los medios prefiere presentar una historia confusa para que la gente tenga de que hablar y cada uno saque sus propias conclusiones sin el debido fundamento. En fin, como quiera que sea, son esas cosas sin sentido que pasan en este mundo y a las que uno no puede hallar explicación alguna”.

Igual la vida sigue. Todos los viandantes van como si nada hubiera pasado, como si ella no pudiera llegarles de repente, sin previo aviso, o hacerles visitas intermedias, con una prolongada enfermedad hasta el día definitivo.

“¿A quién puede importarle la vida de Alba y de José Asunción? A sus familias y a algunos amigos. Quizá sea yo de los pocos extraños que se estremecen con estos hechos e intenta hallar una respuesta, una razón medianamente coherente”.

Augusto, con su maraña de reflexiones, ha cogido el bus y pagado el pasaje sin pensar mucho en lo que hacía. Miraba con disimulo, como otras veces, todos los rostros con los que se topaba en ese trayecto que había decido emprender ese día plagado de tonos grises y azules difusos. “¿Cómo será la vida de estas personas? ¿Qué las mueve? ¿O se dejarán llevar así no más por la cotidianidad, como las hojas que se dejan mecer por el viento y caen donde él las lleve?”

El trayecto de cuarenta minutos pasó rápidamente, dejando a Augusto sin respuestas y con la intensión, pospuesta ya cientos de veces, de escribir alguna de las historias que alcanzó a inventar en medio del bullicio propio de esos viajes urbanos, que para tantos otros son sólo un escape ficticio de la realidad, mientras que para él han sido, por varios años ya, una ventana por donde dejar volar la imaginación.

Desde lejos divisó el hospital. Era hora ya de bajarse y dejase llevar por sus pies hacia donde él quería estar. La última vez que vio a su querido amigo Julián, acompañado por Raquel, su hija menor, sintió que realmente ya le quedaba poco tiempo. Cualquier día podrían llamarlo a decirle que había fallecido, que lo velarían en la funeraria de Cristo Rey y el entierro sería en dos días. Volvió a pensar en esa trillada, pero fulminante frase que dicen por ahí: “lo único seguro que tenemos en esta vida es la muerte”. Sin embargo, esa llamada no se dio y habría una nueva ocasión para verlo y escucharlo. Ya habían pasado unos 10 días desde aquel encuentro. Por lo visto, la hermana muerte no había tomado aún la decisión de llevárselo.

Caminó despacio, recordando vagamente una de las historias que alcanzó a crear, con inicio, nudo y desenlace, en el viaje de 40 minutos que lo separaba de su modesta vivienda y el hospital donde Julián estaba viviendo, con seguridad, sus últimos días o quizá sus últimas horas. Luego, su mente lo llevó de vuelta al pasado, treinta y tantos años atrás, en sus tiempos de universidad, a ese día en que conoció a Julián y a la que sería su futura esposa, Eliana. Fue un recuerdo vívido y por un instante le pareció estar de nuevo en la cafetería de la universidad, conversando con viejos compañeros y en particular con Julián. No obstante sus diferencias, en especial económicas, se entendieron muy bien desde el principio, por la fuerte inclinación de ambos a la labor social, el vínculo particular que los uniría para siempre. Hay cosas que pasan en la vida de cada quien, porque tienen que pasar, porque el universo se confabula para que sucedan.

Por ser sábado, quizá, había mucha gente y la entrada al hospital estaba un poco restringida. Como algo insólito, Augusto se puso a conversar con una atractiva mujer de unos cuarenta y tantos años, de nombre Melisa, que hizo que el tiempo de espera se esfumara y lo que en realidad fue poco más de media hora, le parecieron a él, cinco intensos y prolongados minutos. Desde que muriese su esposa, hace doce años, no había querido entablar relación con otras mujeres y, aparentemente, ninguna le llamaba la atención. La única con la que conversaba cada tanto sobre sus buenos y malos ratos era con su vieja amiga Alicia. Y ahora, estando a punto de cumplir 54, se sintió atraído por una artista desconocida, con un alma limpia y un corazón que irradiaba serenidad y esperanza. Lo cogió fuera de base y esta vez no le dio mucho espacio a la racionalidad. Se dejó llevar por el momento. Pocos iban a creer lo que le estaba pasando, empezando por él mismo. Lo cierto es que terminó por pedirle su número de teléfono y antes de despedirse con un tímido beso, le propuso que se vieran en unos días. Los ojos de ella se posaron sobre los suyos como queriéndole decir que aquel encuentro no había sido una mera casualidad. Estaban destinados a conocerse y a compartir juntos un buen tramo de la vida. ¿Realmente estamos predestinados a un camino ya escrito desde siempre? Augusto estaba convencido de que eso no era así. La vida se desenvuelve conforme a nuestras decisiones y nuestras circunstancias particulares. El “destino” lo marcamos nosotros. Pero los ojos de Melisa parecían decir otra cosa. Por ahora era mejor no pensar demasiado. Así que se encaminó con decisión hacia la habitación 406.


Tomada de: istock 

Y continúa... ¿Le gustaría seguir leyendo el resto de la historia?

26 de marzo de 2026

La vida vista con la lupa "down"

Hace ya casi 18 años me cambió la vida para siempre. El sábado 7 de junio de 2008, en el Hospital Virgen del Camino, en Pamplona, España, nacía una niña con Síndrome de Down, mi hija Ana Isabel. Aunque conocíamos el diagnóstico de antemano, a raíz de una ecografía en la que todo parecía estar bien, llegamos a creer con mi esposa, que esa creatura llegaría al mundo sin condiciones especiales. Pero no fue así. Las palabras del pediatra que la recibió: "la bebé sí tiene Síndrome de Down", cayeron como un baldado de agua fría. Nadie está preparado para algo así. 

Como lo describió Emily Peral Kingsley, escritora de Barrio Sésamo, cuando tuvo un hijo con Down: la noticia, en el primer momento, se parece a ese instante convulso en que unos jóvenes padres que han comprado un tiquete para Italia, se enteran que ha habido un cambio de rumbo y el avión ha aterrizado en Holanda. He aquí la maravilla de esta situación paradójica, Holanda no es un sitio horrible, es solo un lugar diferente del que no sabes nada o casi nada. El síndrome de Down, cuando te toca vivirlo, es un lugar maravilloso. Sí, has leído bien, es un lugar maravilloso.  


Yo creía saber lo que es el amor y la ternura, pero en realidad estaba muy lejos de entenderlo y de sentir con todo mi ser lo que estas dos palabras significan de verdad.

Este blog empezó por el deseo de contar una historia: la historia de Ana y la historia de nuestra familia con Ana entre nosotros. La primera entrada de este blog, del 4 de marzo de 2011, cuenta una primera experiencia de discriminación, de burla hacia mi hija por parte de otros niños. Desde ese entonces entendí que tener una hija con Síndrome de Down significaría un desafío, no solo por su condición que tiene sus bemoles, sino por todas las barreras, los obstáculos, las burlas y los prejuicios con los que debes luchar todos los días de la vida, en cualquier lugar del mundo. Esa primera burla ocurrió en España, un país avanzado en la inclusión, luego vendrían varias situaciones penosas en Colombia, y... las seguimos viviendo. No son frecuentes, pero se sienten y duelen.     

Ana no está sola, tiene dos hermanos, uno cuatro años mayor que ella, David José y otro, unos cuatro años menor que ella, Francisco (alias Patxi). Para ellos no ha sido fácil aceptar esta situación. El mayor, cada día la acepta más y mejor, pero no deja de ser un peso y un interrogante. A pesar del gran corazón que tiene, de vez en cuando se pregunta si cuando Moni (su mami) y yo faltemos, él tendrá que hacerse cargo de ella. No es egoísmo, es solo la cruda realidad. Seguro que encontraremos la respuesta cuando llegue el momento.  

Tener una hija con Síndrome de Down como Ana Isabel es maravilloso, pero, por supuesto, no todo es color de rosa. Hay momentos difíciles y otros muy dolorosos, como cuando la debes acompañar en una UCI, porque necesita oxígeno para mantenerse viva. O cuando te das cuenta, muy a tu pesar, que no tienes todas las herramientas necesarias para apoyar su aprendizaje y vez el futuro siempre incierto, sin respuestas. O como en esos momentos en que no sabes como hacerla entrar en razón y te topas de frente con su terquedad que pone a prueba tu paciencia. 

Pero este mundo Down es maravilloso. Significa un abrazo, un beso inesperado, una sonrisa sincera, un "te amo papá" a cualquier hora del día. El mundo Down te obliga a ver la vida con el prisma de la inocencia y la sencillez, sin afanes, sin dobleces, con bondad y con plena honestidad. 

Más de una vez me ha pasado que voy con ella por la calle y observo cómo su sola presencia despierta sonrisas en los más diversos caminantes, niños, niñas, jóvenes, adultos. Eso siempre me conmueve. Y ella, en su inocencia me pregunta: ¿por qué esa señora me sonrió? o ¿por qué me saludó? Su presencia hace ver el lado amable de las personas o su lado oscuro (ha habido quien no se inmuta ante su sonrisa o incluso la rechaza y la mira con desprecio, han sido pocas, pero que las hay, las hay). 

En el pueblo donde vivimos ella es, más o menos, famosa 😀 (quizá exagero, pero me pasa que voy por la calle y alguien la saluda 👋 por su nombre y yo no tengo ni idea de quién será) y en su colegio, son pocos los que no la conocen. Me siento orgulloso de ella y no la cambió por nada del mundo.  

Sé que no es fácil, lo sé, pero igual sigue siendo maravilloso. Sé que Ana es un caso particular, tiene una gran personalidad y un corazón inmenso; y sé que hay niños y niñas Down que tienen características más marcadas y que hacen la experiencia más dura, más compleja y más retadora, pero igual, lo sé y lo confirmo todos los días, sigue siendo maravilloso tener un hijo o una hija con Síndrome de Down. Necesariamente, aprendes a ver la vida de otra manera. 

Tomada de: https://downtv.org/noticias/que-es-el-dia-mundial-del-sindrome-de-down/

Ana Isabel, ¿sabes que te amo con locura? 

 

13 de marzo de 2026

¿De centro, de izquierda o de derecha? ¿Importa?

En estos días de política electoral efervescente que estamos viviendo en Colombia, muchas personas se definen como de izquierdas, otros como de derechas y otros de centro. Algunos intelectuales o semi-intelectuales han dicho que el centro en política no existe. Personalmente estas clasificaciones poco me gustan, pero me llaman la atención porque, de una u otra manera, configuran las dinámicas sociales y, desafortunadamente, generan conflictos de diverso tipo y grado de complejidad. 

Me surgen en principio dos preguntas, entre otras muchas: ¿de qué lado del espectro político estoy realmente y por qué? y ¿vale la pena defender mis ideas políticas a toda costa? Esta segunda pregunta quizá es más fácil de responder que la primera. 

Me he dado a la tarea de leer unos pocos artículos sobre el tema y, aunque no he sido exhaustivo en mis pesquisas, puedo inferir que las categorías de "izquierda" y "derecha" no son absolutas, no pueden ser términos exclusivos y exhaustivos como los intentó definir Bobbio, y como lo explica Martínez (2020). En el plano teórico, desde las Ciencias Políticas, puede intentar definirse cada término con unas determinadas características específicas. De manera general, pero simplificada, la izquierda cree en la igualdad como eje principal de la función de un Estado que distribuye equitativamente las riquezas, mientras que la derecha le da prioridad al mercado y a la iniciativa privada como motores de progreso (Navas García, 2014). 

En palabras de Alejandro Navas García (2014), desde una perspectiva económica, "la izquierda confía en la planificación y regulación estatales. Pone el acento en la distribución. El principio de reparto, para todo tipo de ayudas o prestaciones, sería la necesidad. La derecha confía más en el mercado y en la iniciativa privada. Prioriza la producción, la creación de riqueza. Su criterio de reparto sería el mérito." (p. 165). 

En una definición un poco más amplia Miranda Delgado (2023), sostiene que: "Para la derecha la desigualdad es algo natural por lo que el Estado no debe intervenir, mientras que para la izquierda es algo artificial o social, por lo que el Estado debe aplicar políticas para reducirla. La derecha generalmente se preocupa por la igualdad ante la ley mientras que la izquierda busca adicionalmente la igualdad fáctica de oportunidades. Otra diferencia que se puede observar en el clivaje derecha/izquierda es el énfasis en los temas de interés. La derecha presta más atención a temas como orden y seguridad, mientras que la izquierda, a los derechos humanos y los derechos económicos, sociales y culturales." (pp. 190-91). Personalmente, me importan todos estos temas juntos. Si así es: ¿Cómo me clasifico?  

En cualquier caso, es importante entender que ambos términos han evolucionado a lo largo del tiempo. Hoy no significan lo mismo que podían significar en la Revolución Francesa. Quizá es más preciso decir que se han transformado, más que evolucionado. 

La derecha, además, hoy por hoy, también se asocia con valores conservadores, mientras que la izquierda propende por la absoluta libertad de pensamiento, dando lugar al relativismo y a poner en duda todo, incluso la ciencia. 

¿Y en la práctica? Aunque, como ya lo dije, hay personas que se clasifican con convicción como de un "bando" o de otro, en política no es tan sencillo determinar si ciertas acciones o incluso ciertas ideas relacionadas con el manejo del Estado son propiamente de izquierda o de derecha. Una misma persona puede actuar en ciertas circunstancias guiada por políticas de izquierda y en otras por políticas de derecha. Los conflictos surgen, en parte, cuando nos absolutizamos. Es natural, que cada quien quiera defender sus ideas, sin embargo, eso no debería llevar a confrontaciones violentas, sean estas físicas o verbales. 


De otro lado, está el llamado centro que, en la teoría, hace referencia a posiciones moderadas en torno al manejo del Estado. La idea de centro surge más como una respuesta a posiciones extremas, pero no es posible hablar de una "posición política de centro" como tal. ¿Por qué lo digo? Porque en materia económica, social y cultural, cualquier idea o acción que se lleve a cabo, puede inclinarse más a un lado que hacia otro. No es este el espacio para ahondar sobre este particular, pero los dejo sobre la mesa para futuras reflexiones. De todas maneras, quiero subrayar que hablar de centro, en el ámbito político, no es hablar de "tibieza", ni de medias tintas. No. El centro hace más referencia a la moderación en ideas y en acciones y eso, por supuesto que es posible.  

Entonces, ¿en qué posición me ubico? En el aspecto económico soy más de izquierdas y en el aspecto sociocultural soy más de derechas. ¿Y entonces? Para aquellos que les gusta etiquetar, me clasificarían como una persona de derechas o de centro-derecha, aunque, mi tímido espíritu revolucionario me llama a autodenominarme como una persona de "centro-izquierda". Vaya dilema. 

Algunos clasificadores, podrían ubicarme en el espectro de la ultraderecha o incluso me pueden titular de "dinosaurio paquidérmico", porque soy católico, convencido de la Verdad que Jesús nos trajo, y no apoyo ni el aborto, ni la eutanasia, ni la transición de género. Temas muy polémicos en la sociedad moderna. 


Más allá de cualquier clasificación ideológico, lo cierto es que deseo, de corazón, que Colombia sea un país donde podamos vivir en paz, donde predomine la concordia, donde haya oportunidades para todos y donde nadie sea perseguido por sus convicciones políticas, religiosas o culturales.  

De todas maneras, creo que todos tenemos derecho a tener una posición política (y debemos tenerla), pero también tenemos el deber de informarnos y educarnos para saber bien por qué pensamos lo que pensamos y también porque así podremos tomar mejores decisiones a la hora de votar o de opinar sobre estos temas tan candentes. 

Dicho todo lo anterior, en las próximas elecciones, no votaré ni por Iván Cepeda, ni por Abelardo, ni por Paloma... votaré por la dupla Fajardo-Bonilla porque creo que, entre todas las opciones que tenemos,  es la mejor para este momento. Prefiero la moderación a la confrontación beligerante que han promovido especialmente Cepeda y De La Espriella. La dupla Paloma-Oviedo no me disgusta del todo, pero tampoco me genera plena confianza. Por supuesto, no hay candidato perfecto y hay ciertos temas con Fajardo que me generan ruido, pero son más los aspectos que me gustan, que las que no. ¡Hey, amigo lector! En el camino, de aquí al 31 de mayo, puedo cambiar de opinión, siempre que encuentre unas buenas razones para hacerlo, o, igualmente, puedo reafirmarme en mi decisión.   


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Referencias consultadas:

Navas García, A. (2014). Izquierda y Derecha: ¿una tipología válida para un mundo globalizado? Revista de comunicación, 13, 163-176

Miranda Delgado, R. G. (2023). Clivaje derechas/izquierdas en los sistemas políticos centroamericanos de posguerra. Latinoamérica 76, 173-200.


Los grandes retos de la educación inclusiva

Como quizá muchos sepan, tengo la dicha y la fortuna de tener una hija con Síndrome de Down con todo lo que eso significa. Pero, por cosas d...