4 de junio de 2026

La democracia en crisis ¿Qué futuro nos espera?

Hoy todo el mundo quiere opinar sobre política y sobre la democracia en Colombia. ¿Vale la pena una opinión más? No lo sé, pero igual quiero dar la mía con el ánimo de entender más a fondo, para mí y para quien se acerque a leerme, lo que está pasando hoy en nuestro país. Creo que un número significativo de connacionales está en la misa encrucijada en la que estoy yo. 

¿Voto en blanco? ¿Voto por Cepeda? ¿Voto por Abelardo

¿Con quién está más en peligro nuestra frágil democracia y nuestro futuro como nación?  

Las respuestas a estas preguntas son múltiples y muy diversas, dependiendo de quién las conteste y desde qué perspectiva personal, vivencial, ideológica y sociohistórica las aborde. Y también desde los miedos que lo habitan. Hoy, en Colombia, nos gobierna el miedo y es ese sentimiento, en buena medida, el que decidirá quién es el próximo presidente. 

Me gustaría que la elección, en lugar de hacerse por el miedo, se hiciera por el grado de confianza que inspira un candidato. Hacia allá deberíamos apuntar. 

Ciertamente, hay muchos convencidos de la elección que ya hicieron y tienen sus buena razones para creer que ese candidato es la mejor opción para nuestro país. El problema es que su convencimiento no les permite ver los peligros que se elección entraña. 

Yo, por mi parte, creo que los dos ganadores de la primera vuelta son un peligro para Colombia (y no soy el único que lo piensa). Por eso, en un intento por lograr un mejor discernimiento, cambio la última pregunta por otra algo menos pesimista:  

¿Con cuál candidato está en menor peligro nuestra frágil democracia y nuestro futuro como nación? Francamente, yo, Jaime Borda Valderrama, no tengo una respuesta suficientemente clara a esta pregunta.  

No obstante, llama mucho la atención que desde ambas campañas han levantado la voz, y con frecuencia los insultos, para decir que si gana el otro candidato, se perderá la democracia. Desde ambas orillas se hace la misma advertencia, casi que con las mismas palabras. ¿Lo había notado? Entonces, la sensación que tenemos los indecisos, como yo, es que la democracia colombiana está en peligro, con cualquiera de los dos aspirantes a ocupar la Casa de Nariño


                         Tomado de: https://todossomoscolombia.org/crisis-y-futuro-de-la-democracia/


Desde mi óptica, más bien pesimista, lo admito, el panorama es bastante gris y terriblemente incierto. Parece que nos encaminamos de manera cada vez más acelerada hacia un abismo. 

Espero que este panorama se aclare un poco con los días. En estas dos semanas y tres días que quedan, será indispensable que haya debates. Ojalá no nos dejen otra vez en el limbo. Esto podría ayudarnos a disipar dudas y a elegir con menos miedo. 

Una vez más, como lo he señalado en diversas ocasiones, pienso que cada uno de estos candidatos representa un peligro para el país, aunque en cada caso, el tipo de peligro es diferente. 

Para empezar, en este momento, ninguno de los dos representa al 100% de la nación. Y hasta ahora, el discurso se centra más en atacar al contrario y a sus seguidores, que en mostrar un proyecto político claro, preciso y razonable, donde quepamos todos, los de un lado y los del otro. 

Lo más doloroso es comprobar que cada candidato ve a casi un 50% del país (políticos y ciudadanos) como sus enemigos. 

Además, cada quien (hablo de la gente del común, como usted y como yo) quiere (queremos) tener la razón, o peor aún, se cree dueño de la razón y la verdad y muy pocos están en disposición de escuchar, acoger, abrazar, perdonar al que piensa diferente. ¿A dónde nos pueden llevar estas posturas? 

Solo con el ánimo de invitar a la reflexión, a salirnos de nuestra zona de confort, dejo por acá algunas preguntas que me han surgido para los candidatos y sus seguidores: 

Los peligros que veo con Cepeda (y no los veo solo yo): 

1) Que impulse la asamblea constituyente y finalmente acomode las reglas para que la izquierda se quede eternamente en el poder, eliminando las instituciones que le incomodan. (Ese es uno de los miedos que asusta a los que votan por Abelardo). Puede que sea un miedo infundado y aunque ya el candidato haya dicho que no lo hará, el miedo sigue flotando en el ambiente.  

2) Que se profundice la crisis de la salud... ¿Cuántas personas no han muerto en estos últimos años, en este gobierno, a causa de los agudos problemas que hoy tiene el sistema? 

3) Que la guerrilla siga ganando fuerza y aumente la violencia. ¿No es hora ya de redefinir la estrategia de la paz total?

4) Mayor adoctrinamiento en las escuelas públicas (pro teorías de izquierda).

5) Posible persecución a la derecha y a la iglesia católica (puede que sí, puede que no) 

6) Que se aumente el gasto público, que aumente la deuda del Estado y se ahuyente la inversión nacional y extranjera.


Los peligros con Abelardo (y no los veo solo yo):

1) Persecución desmedida e injustificada a la izquierda. Ya muchos líderes sociales y políticos sienten que, si gana Abelardo, muy seguramente tendrían que irse del país para salvaguardar su vida. Esto es, no solo preocupante, sino doloroso.   

2) Reaparición de la pesadilla de los falsos positivos.  

3) Retroceso en los programas sociales y olvido del campo colombiano. 

4) Impulsaría el fracking con la intención de extraer hasta la última gota de petróleo... ¿Y depués, qué? ¿Y la transición energética, para cuándo? 

5) Cero libertad de expresión (posible cierre de noticieros que lo critiquen)

6) Robaría sin medida al Estado (es decir, a todos nosotros) 

7) Que no cumpla nada y se dedique a viajar por el mundo con la plata de nuestros impuestos. 

8) Que le entregue el país a EE.UU. 


Con la mano en el corazón, posiblemente coincidamos en que no son dudas sencillas de resolver. 

En síntesis, los dos escenarios, para mí, son demasiado inciertos y peligrosos para la democracia.

Una última pregunta: ¿Y después del 21 de junio, qué? 

¿Qué tal si nos dedicamos a buscar el diálogo fraterno entre diferentes y nos reconstruimos -espiritual, mental y corporalmente- como nación? 



Tomado de: https://concepto.de/fraternidad/


27 de mayo de 2026

De nuevo en la encrucijada

Sigo en la encrucijada y quiero compartir mi visión crítica y desalentadora de lo que estamos viviendo en Colombia hoy, a pocos días de las elecciones.


No sé todavía por quién votar. Como nación fragmentada, nos debatimos entre el odio a Uribe y el odio a Petro y de paso, cultivamos y alimentamos el odio entre vecinos, amigos, familiares y desconocidos. ¿Y para qué? ¿Qué ganamos con eso?


Votar es un deber, un derecho y una responsabilidad. Sin embargo, en este momento, todas las opciones son tan malas y con tan mal pronóstico para el futuro del país, que la situación se vuelve motivo de angustia existencial. Y no lo digo de broma.


De la Espriella es una farsa completa. Las personas lo ven como el gran salvador, pero podría acabar con nuestra democracia. Tiene muchas historias ocultas. ¿Sabía usted que antes de lanzarse borró parte de su historia en internet? Eso dice mucho de este personaje. Tiene un pasado oscuro y un presente demasiado gris. Es un showman sin experiencia en lo público, y es también un caballo de Troya. No creo en su conversión y no creo nada de lo que dice. Se vende como el adalid de la integridad y defensor de la vida, pero nada más lejos de la realidad. ¡Colombia! ¡Despierta, por favor! En lo personal, me duele y me cuestiona que Juan Manuel Restrepo, su vice, se haya prestado a ese teatro. En él si creo.


En cuanto a Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo Arango, son parte de la tradición política colombiana. Aquí entre nosotros, me convence más Oviedo que Valencia... Paloma Valencia ha hecho una buena labor como senadora, pero tiene un discurso vacío, a veces mal estructurado, que no convence a los indecisos. Su propuesta no es lo suficientemente sólida y, lo peor es que tiende a favorecer más a los ricos que a los pobres, cómo ha pasado en casi toda la historia de Colombia. Su modelo económico basado en el extractivismo es totalmente irracional. Enfocado exclusivamente en explotar la naturaleza para maximizar las ganancias del estado, sin escuchar la voz de los indígenas, ni mucho menos la de nuestros ricos ecosistemas; para esta época en la que vivimos, eso no puede ser el principal objetivo de un gobierno. Sin duda, hay otras prioridades. Con ella, todos los programas sociales se irían al olvido y posiblemente retornaríamos al siglo XX en materia de pobreza y desigualdades. Además, está la sombra de Uribe.


En cuanto a Iván Cepeda, ni hablar. No niego que parece ser un tipo muy sensato y muy coherente en sus discursos. Casi nunca se altera. A veces me llega a convencer y pienso que sería una buena opción. Sin embargo, si uno analiza lo que ha dicho en plaza pública y cómo lo ha dicho, evidentemente su discurso está atravesado por el odio de clases, una visión según la cual los pobres son los buenos y los ricos son los malos. Y la clase media, es un estorbo. Si no eres pobre no haces parte del pueblo, es más, podrías ser declarado enemigo del pueblo. Aunque trata de aminorar el efecto de su formación comunista, es parte de su historia y un aspecto innegable que debe tomarse en cuenta. Para acabar de rematar tiene como grandes modelos "democráticos" a Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Raúl Castro. Es inadmisible. ¿Queremos otros cuatro años de Paz Total, de territorios gobernados por la guerrilla y de un sistema de salud cada vez más colapsado?


La paz y la justicias social que tanto anhelamos se lograrían si volviéramos a Dios y si nos dejáramos guiar por los cuatro principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia: Dignidad de la Persona, Bien Común, Solidaridad y Subsidiaridad. Desafortunadamente estamos muy lejos de ese camino, al menos como sociedad compacta.


Las opciones que quedan son: Sergio Fajardo Valderrama, Claudia López, o el voto en blanco.

😔 ❓


Muchos católicos dicen que votarán por Abelardo porque supuestamente es el único que defiende la vida y la familia. Yo los comprendo, pero ese no puede ser el único criterio para elegirlo a él. Aunque otro motivo que los lleva a quererlo como Presidente es creer que él acabará con la guerrilla de un solo tajo. ¿En serio queremos una guerra fratricida donde muy posiblemente también mueran inocentes?

Desde la perspectiva de los aspectos morales, al parecer, no hay otras opciones, pues todos los demás, de una u otra manera, defienden el aborto y la eutanasia como supuestos derechos fundamentales. Sé que apoyar esta postura es una equivocación antropológica y ontológica, pero tampoco puedo apoyar la mentira, ni puedo elegir como presidente a un machista, misógino, egocéntrico y elitista que tan pronto esté en el poder empezará a cerrar noticieros, perseguirá con sevicia al Pacto Histórico y a cualquiera que se diga ser de izquierdas. Eso no, yo no lo puedo apoyar.


Las otras opciones que podrían llevar a Colombia a un terreno de progreso y de menos confrontación, apoyan el aborto, la eutanasia y la conversión de género. Aspectos con los que, como católico, no puedo estar de acuerdo. Desde mi conciencia, prefiero, no obstante todo, elegir a alguien que, posiblemente pueda bajar los decibeles de la polarización, gestionar con más acertividad el problema de la seguridad y reestructurar el sistema de salud. Pienso que esa persona sería Sergio Fajardo, aunque no sea totalmente de mis afectos.


En el caso hipotético, aunque demasiado improbable a este punto, que él quedara de Presidente, estaría atento a su gestión y buscaría cualquier ocasión que se presente para alzar mi voz en pro de la vida, y en contra del aborto, la eutanasia, las operaciones transgénero y el extractivismo irracional.

20 de mayo de 2026

Sobre las escuelas rurales en Colombia

La realidad desconectada de las escuelas rurales en Colombia.

¿Falta voluntad política o el reto supera la capacidad actual del Estado?

En tiempos de IA hay escuelas en Colombia, en todos los países de América Latina y en otros muchos países del mundo (como China) donde no hay computadoras suficientes y ni siquiera acceso a internet.


Desde hace poco más de tres años he tenido la oportunidad de acompañar, en la realización de su proyecto de posgrado, a docentes-estudiantes que cursan el Máster en innovación educativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), entidad que tiene, hoy por hoy, gracias a diferentes convenios con el MEN y con algunas gobernaciones, una fuerte influencia en la formación especializada de docentes, sobre todo del sector público, en Colombia.

En mi función como tutor/director de Trabajos de Fin de Máster (TFM) debo atender a los estudiantes personalmente (de manera virtual) al menos cuatro veces durante el tiempo que dura su proceso en el desarrollo de este trabajo (4 a 5 meses); estos TFM suelen ser una propuesta pedagógica basada en metodologías activas y enfocadas en mejorar procesos específicos de aprendizaje.

Un número significativo de los estudiantes/docentes que he podido orientar en este máster, trabajan en escuelas rurales de Colombia, algunos en las zonas más apartadas del país. De hecho, entre mis estudiantes hay varios que desarrollan su labor docente, con amor, con compromiso y con escasos recursos, en veredas de Cauca, Boyacá, Santander, Meta, Casanare y Cundinamarca. Ha sido una oportunidad única para acercarme a la realidad del país.

He podido comprobar, de primera mano, que la mayoría de las y los docentes que hoy trabajan en escuelas rurales lo hacen, como se dice coloquialmente, con las uñas, con escasos recursos materiales, con deficiencias en el servicio de energía, sin posibilidad de tener suficientes computadores en sus instituciones, y mucho menos una conexión decente a internet. Eso sin contar las situaciones de violencia armada, violencia intrafamiliar, abusos de diverso tipo y consumo de drogas, entre otros problemas. Hace poco una estudiante del máster, quien trabaja en una escuela rural del Pacífico colombiano, a la que solo es posible acceder por vía fluvial, me decía: “profesor, créame, esto es otro mundo”.

Según un informe de “Colombia Aprende”, en el año 2021, solo un 22,7% de las escuelas rurales contaban con acceso a internet. A pesar de los esfuerzos del MinTIC, la situación está todavía muy lejos de ser la ideal. De hecho, según un informe más reciente del Laboratorio de Economía de la Educación, de la Universidad Pontifica Universidad Javeriana (2023), se estima que un 79,8% de las escuelas rurales no cuentan con acceso a internet y el 59,7% no cuenta con aulas de informática. Hay múltiples factores que pueden explicar esta realidad desconectada: obstáculos geográficos, falta de voluntad política, mala gestión o falta de recursos económicos, insuficientes políticas públicas y/o herramientas para implementarlas, etc.

En cuanto a la capacitación de los docentes, de acuerdo con el mismo informe de Colombia Aprende (2021, sept.), entre los docentes de escuelas rurales, solo el 75% tiene títulos profesionales, mientras que, en los colegios ubicados en zonas urbanas ese porcentaje llega al 91%. De otra parte, según Uribe-Zapata et al. (2023), solo el 61% de los docentes rurales tienen algún posgrado, “mientras que el 39% restante se reparte así: el 27% cuenta con especialización y el 12% tiene maestría”. En cuanto al uso pedagógico de las TIC, estos mismos autores reportan que un 47% de los docentes las usan para organizar su trabajo, un 33% en procesos de interacción, que incluye uso del correo electrónico, “realización de trabajo colaborativo, tutoría con padres, utilización de foros, utilización de chats, uso de redes sociales (…)”, y un 27% las usan para recursos y aplicaciones en línea.

De mi experiencia, debo anotar que aún los docentes con posgrado que trabajan en escuelas rurales, en su mayoría, no tienen un dominio alto en el manejo de las herramientas TIC, aunque muchos de ellos realizan su formación posgradual de manera virtual. Esto significa que la formación en el uso de las TIC aún es deficiente.   

En medio de esta realidad crítica, hay aspectos positivos; además de las políticas públicas encaminadas a fortalecer la educación rural ya existentes y otras que se han desarrollado recientemente, el actual gobierno ha aumentado la inversión en este sector; así, en 2024 se entregaron 78.060 computadores a instituciones educativas de pequeños municipios y se instalaron 2.375 antenas para conectar escuelas rurales. Y el MinTIC tiene en marcha el proyecto Escuelas Potencia Digital, que proyecta llevar internet a cerca de 3.082 sedes educativas en zonas rurales ubicadas en 399 municipios del país. Esperemos que esto se haga realidad.

En este contexto de desigualdades educativas, surge, inevitablemente, una gran pregunta: ¿Cómo superar estas brechas abismales?

Si te interesa el tema, puedes leer una versión mejorada de este artículo en la plataforma de Substack


Jaime Borda Valderrama

Doctor en Ciencias Sociales de la UPNA

Coordinador proyectos solidarios en Escuela Sol Naciente (Colombia)

Asesor/director de TFM en la UNIR y la VIU (España)

Tutor del Doctorado en Educación de UMECIT (Panamá)

 

Referencias

Uribe-Zapata, A., Zambrano-Acosta, J. F., & Cano-Vásquez, L. M. (2023). Usos educativos de TIC en docentes rurales de Colombia. Revista de Investigación, Desarrollo e Innovación13(2), 287-298.

Colombia Aprende. (2022, 21 de septiembre). La educación rural, un gran desafío para Colombia. Ministerio de Educación Nacional. https://www.colombiaaprende.edu.co/agenda/tips-y-orientaciones/la-educacion-rural-un-gran-desafio-para-colombia

Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. (2023, octubre). Características y retos de la educación rural en Colombia (Informe No. 79). https://lee.javeriana.edu.co/w/lee-informe-79

30 de abril de 2026

Los grandes retos de la educación inclusiva.

Una breve reflexión de un padre-educador.

Como quizá muchos sepan, tengo la dicha y la fortuna de tener una hija con Síndrome de Down con todo lo que eso significa. Y de otra parte, por cosas del destino, o mejor decir, por diosidencias, han llegado a mis manos algunas tesis y algunos artículos relacionados con el tema de la discapacidad y por tal motivo me he visto "obligado" a estudiar sobre el tema desde tres perspectivas interconectadas: desde lo pedagógico, lo sociológico y lo jurídico (o mejor, desde la ciencia del derecho). Ha sido inevitable no cuestionarme y al mismo tiempo no sentirme atraído por estos temas.

Por mi formación y por mi experiencia, suelo además leer y reflexionar sobre la educación en general (desde diversas ópticas) y, por supuesto, también leo, reflexiono y escribo, ocasionalmente, sobre el tema de la educación inclusiva. A raíz de las últimas lecturas que he tenido la oportunidad de hacer, me han surgido algunas reflexiones que hoy quiero compartir con todos aquellos que puedan estar interesados en esta temática tan bonita y tan llena de preguntas. 

Como lo he dicho en otras ocasiones, "la educación es un arte, y no sería exagerado afirmar que es un arte de los más complejos"(1), porque se trata de formar seres humanos en todas sus dimensiones, no solo en lo académico, sino también en lo físico, emocional, ético y relacional. Esto, ciertamente, no es una tarea sencilla, ni mucho menos (1).

Una educación responsable, y de calidad debe apuntar a una formación integral y holística del ser humano y esto implica, entre otros aspectos, fomentar en los niños, las niñas, los adolescentes y los jóvenes, la observación, la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico, así como la empatía, la compasión, el razonamiento ético, un sentido de la corresponsabilidad y una conciencia de lo que significa ser ciudadanos globales hoy (2)

Además de todo lo anterior, la educación, como lo señala García Castillo, “es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura. Debe ser de calidad, equitativa, accesible y garantizar la permanencia”.(3) 

Con todas estas premisas queda suficientemente claro que educar no es una tarea sencilla, y que la educación, como derecho y como posibilidad es un bien inmaterial de la humanidad que debe beneficiar a todas las personas de cualquier país, ciudad o región del mundo, independientemente de su origen, sus creencias y su condición física y/o cognitiva.

Es importante reflexionar
 sobre lo dicho en los párrafos anteriores y cuestionarse lo que eso significa, sea que uno haga parte del mundo de la educación o no. Huelga decir que quienes no hacen parte, o no han tenido ninguna experiencia directa con este mundo de la educación, deberían reflexionar el doble antes de opinar. En cualquier caso, vale la pena, cada tanto, hacer una pregunta como la siguiente: ¿Qué tanto se asemeja a esa descripción y a esas cracterísticas, el sistema educativo en general, o el colegio o la universidad que usted conoce mejor? Acercarse a una respuesta razonable y razonada debería hacernos ver que educar, hoy por hoy, es -de verdad- un arte, y también es una responsabilidad y un desafío.

Tomada dehttps://www.linkedin.com/pulse/educaci%C3%B3n-inclusiva-2024-abigail-ariadna-pamela-aponte-berdejo-v4xfe/

Hay una pregunta que muchos pedagogos y psicólogos se han hecho: ¿todas las personas necesitan el mismo tipo de educación? La respuesta sencilla y directa es: No. Eso aumenta el nivel de complejidad, en especial para los docentes. Y eso no es todo, hay interrogantes aún más difíciles por resolver: ¿Qué sucede con las personas con funcionalidades diversas? ¿Qué tipo de educación necesitan realmente? Para poder responder a estas preguntas es primero necesario entender que la discapacidad tiene múltiples manifestaciones y cada una de ellas presenta necesidades diferentes, en todas las dimensiones. Desde el punto de vista educativo esto significa que cada discapacidad necesita abordajes pedagógicos diferentes. A nivel general cada persona aprende de una manera diversa y aunque puede compartir ciertas características cognitivas con otras personas, cada quien se acerca al conocimiento y logra desarrollar sus propias habilidades de forma diferente. Esto es aún más cierto en las personas con discapacidad. No aprende igual, ni interpreta la realidad de la misma forma, una persona con discapacidad visual que una persona sorda o alguien con espectro autista, o con Síndrome de Down, o con discapacidad psicosocial, por ejemplo. En síntesis, desde el punto de vista pedagógico, cada tipo de discapacidad requiere abordajes diferentes para lograr aprendizajes significativos.


La educación inclusiva como tal es aquella que ofrece oportunidades de formación a todas las personas, en especial a las personas con discapacidad y para ello, como lo subraya la Convención de los derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, el sistema y las instituciones educativas deben realizar las adaptaciones y acomodaciones necesarias en términos de "contenidos, métodos de enseñanza, enfoques, estructuras y estrategias pedagógicas para superar las barreras  con una visión que sirva para brindar a todos los estudiantes del rango de edad correspondiente una experiencia y un entorno de aprendizaje equitativos y participativos"(4). 


La educación inclusiva no significa simplemente tener niños, niñas y adolescentes con discapacidad sentados en un salón de clase. Y tampoco se puede entender como una obra de caridad; la educación inclusiva es un derecho y un deber moral de toda la sociedad. Aquí quiero subrayar que la educación no solo es responsabilidad de los docentes y de las directivas (de colegios y universidades), es responsabilidad de toda la sociedad, empezando por las familias con niños y niñas escolarizados.(1)  

Ofrecer una educación de calidad, justa y equitativa, para las personas con discapacidad significa ofrecer un espacio inclusivo donde la persona pueda relacionarse con otros y desarrollar todas sus capacidades, de acuerdo con sus circunstancias y condiciones funcionales. Ofrecer estos espacios inclusivos requiere disposición, voluntad y recursos materiales y económicos. En Colombia estamos aún muy lejos de lograr una plena educación inclusiva. Según informes recientes, más del 50% de la población con discapacidad en edad escolar, está por fuera del sistema. Y los que están, en muchos casos no reciben lo que realmente necesitan. 

Adicional a los retos que comporta la educación inclusiva, hay otro factor esencial que merece una reflexión mayor, si se quiere, y es la necesidad imperiosa de crear una sociedad inclusiva donde todas las personas con discapacidad sean acogidas con normalidad y donde todas tengan una oportunidad de contribuir, de una u otra manera, a la sociedad en la que viven. ¿Cómo podemos hacerlo? ¿Por dónde empezar? 


Jaime Borda Valderrama
Asesor de proyectos de investigación

23 de abril de 2026

Un día en la vida de Augusto (2)

Te comparto, por fin, el final del cuento "Un día en la vida de Augusto"

Si aún no has leído la primera parte de este cuento, la puedes leer aquí, en la entrada anterior (10 de abril de 2026)


Amor, dolor y realidad. Un día en la vida de Augusto 

(Segunda parte)


Tomada de: https://es.aleteia.org/2019/07/30/la-mejor-manera-de-apoyar-a-un-amigo-cuyo-ser-querido-esta-muriendo/ 


Pocos iban a creer lo que le estaba pasando, empezando por él mismo. Lo cierto es que terminó por pedirle su número de teléfono y antes de despedirse con un tímido beso, le propuso que se vieran en unos días. Los ojos de ella se posaron sobre los suyos como queriéndole decir que aquel encuentro no había sido una mera casualidad. Estaban destinados a conocerse y a compartir juntos un buen tramo de la vida. ¿Realmente estamos predestinados a un camino ya escrito desde siempre? Augusto estaba convencido de que eso no era así. La vida se desenvuelve conforme a nuestras decisiones y nuestras circunstancias particulares. El “destino” lo marcamos nosotros. Pero los ojos de Melisa parecían decir otra cosa. Por ahora era mejor no pensar demasiado. Así que se encaminó con decisión hacia la habitación 406.

- Querido amigo, me alegra tanto verte. Dijo Julián, con una voz entrecortada y emotiva al mismo tiempo.

- Lo mismo digo. No te he vuelto a llamar en estos días, pero me hablo cada tanto con tu hija Eugenia. (Por un momento quiso hablarle de lo que le acaba de pasar, pero sintió que era mejor no decir nada por ahora)

- Sí, ella me ha contado. (Se retorció con disimulo, de nuevo un dolor agudo en la boca del estómago lo hizo cerrar los ojos y respirar con dificultad).

- Julián, mejor no hables. No hagas esfuerzos innecesarios. Vine a acompañarte.

- No… Ya sabes cómo es esto. Los dolores vienen y van.

- Sí, pero igual es mejor que no te esfuerces.

- Te noto algo diferente. Tienes un semblante que no te veía hace mucho tiempo. ¿Alguna novedad?

- Bueno… la verdad sí. Pero te lo cuento con calma en otro momento.

- ¿Y si no hay otro momento?

- Por favor no digas eso.

El silencio y el dolor vinieron de repente y dejaron sentir su presencia, con sutileza, pero con fuerza, en aquel espacio, físico y sobrenatural al mismo tiempo. Augusto olvidó la paz recién conocida que Melisa le había transmitido misteriosamente y sintió el escalofrío del dolor y del miedo que sólo la proximidad de la muerte puede hacer sentirle a uno. Ella estaba allí, cerca, muy cerca. El aire se volvió denso y luego se transformó en una brisa suave.

- Augusto, amigo… gracias por todo. Dile, dile a mis hijos que los amo con todo el corazón.

- Julián… Julián.


Silencio. Estupor. Incredulidad. Y ya no pudo contener las lágrimas. Se había ido, serenamente y sin oponer resistencia. Y justo a él le tocó estar presente en ese instante único e irrepetible. Él no quería estar allí, hubiera preferido que sucediera de otra forma. Eran sus hijos, Andrés, Eugenia y Raquel, los que deberían estar allí para despedirlo. Pero la muerte no suele escuchar esos deseos. Ella tiene sus momentos propios, incomprensibles e indescifrables la mayoría de las veces.

- Adiós, mi amigo querido. Adiós… No, no; olvida esas palabras, solo digamos hasta luego. Un día me tocará a mí también y nos volveremos a encontrar. En realidad, no te has ido. Estarás presente en mis pensamientos y en mi corazón. Me harás tanta falta, viejo. No sabes cuánto. ¿O sí? Desde donde estás ahora, ¿quizá ya lo puedes ver y sentir? Quizá.


Una tarde cualquiera de 2021



Tomada de: https://live.staticflickr.com/2766/4137693605_cf3b8e5fc5_n.jpg 

La democracia en crisis ¿Qué futuro nos espera?

Hoy todo el mundo quiere opinar sobre política y sobre la democracia en Colombia. ¿Vale la pena una opinión más? No lo sé, pero igual quier...