En estos días de política electoral efervescente que estamos viviendo en Colombia, muchas personas se definen como de izquierdas, otros como de derechas y otros de centro. Algunos intelectuales o semi-intelectuales han dicho que el centro en política no existe. Personalmente estas clasificaciones poco me gustan, pero me llaman la atención porque, de una u otra manera, configuran las dinámicas sociales y, desafortunadamente, generan conflictos de diverso tipo y grado de complejidad.
Me surgen en principio dos preguntas, entre otras muchas: ¿de qué lado del espectro político estoy realmente y por qué? y ¿vale la pena defender mis ideas políticas a toda costa? Esta segunda pregunta quizá es más fácil de responder que la primera.
Me he dado a la tarea de leer unos pocos artículos sobre el tema y, aunque no he sido exhaustivo en mis pesquisas, puedo inferir que las categorías de "izquierda" y "derecha" no son absolutas, no pueden ser términos exclusivos y exhaustivos como los intentó definir Bobbio, y como lo explica Martínez (2020). En el plano teórico, desde las Ciencias Políticas, puede intentar definirse cada término con unas determinadas características específicas. De manera general, pero simplificada, la izquierda cree en la igualdad como eje principal de la función de un Estado que distribuye equitativamente las riquezas, mientras que la derecha le da prioridad al mercado y a la iniciativa privada como motores de progreso (Navas García, 2014).
En palabras de Alejandro Navas García (2014), desde una perspectiva económica, "la izquierda confía en la planificación y regulación estatales. Pone el acento en la distribución. El principio de reparto, para todo tipo de ayudas o prestaciones, sería la necesidad. La derecha confía más en el mercado y en la iniciativa privada. Prioriza la producción, la creación de riqueza. Su criterio de reparto sería el mérito." (p. 165).
En una definición un poco más amplia Mirando Delgado (2023), sostiene que: "Para la derecha la desigualdad es algo natural por lo que el Estado no debe intervenir, mientras que para la izquierda es algo artificial o social, por lo que el Estado debe aplicar políticas para reducirla. La derecha generalmente se preocupa por la igualdad ante la ley mientras que la izquierda busca adicionalmente la igualdad fáctica de oportunidades. Otra diferencia que se puede observar en el clivaje derecha/izquierda es el énfasis en los temas de interés. La derecha presta más atención a temas como orden y seguridad, mientras que la izquierda, a los derechos humanos y los derechos económicos, sociales y culturales." (pp. 190-91). Personalmente, me importan todos estos temas juntos. Si así es: ¿Cómo me clasifico?
En cualquier caso, es importante entender que ambos términos han evolucionado a lo largo del tiempo. Hoy no significan lo mismo que podían significar en la Revolución Francesa. Quizá es más preciso decir que se han transformado, más que evolucionado.
La derecha, además, hoy por hoy, también se asocia con valores conservadores, mientras que la izquierda propende por la absoluta libertad de pensamiento, dando lugar al relativismo y a poner en duda todo, incluso la ciencia.
¿Y en la práctica? Aunque, como ya lo dije, hay personas que se clasifican con convicción como de un "bando" o de otro, en política no es tan sencillo determinar si ciertas acciones o incluso ciertas ideas relacionadas con el manejo del Estado son propiamente de izquierda o de derecha. Una misma persona puede actuar en ciertas circunstancias guiada por políticas de izquierda y en otras por políticas de derecha. Los conflictos surgen, en parte, cuando nos absolutizamos. Es natural, que cada quien quiera defender sus ideas, sin embargo, eso no debería llevar a confrontaciones violentas, sean estas físicas o verbales.
De otro lado, está el llamado centro que, en la teoría, hace referencia a posiciones moderadas en torno al manejo del Estado. La idea de centro surge más como una respuesta a posiciones extremas, pero no es posible hablar de una "posición política de centro" como tal. ¿Por qué lo digo? Porque en materia económica, social y cultural, cualquier idea o acción que se lleve a cabo, puede inclinarse más a un lado que hacia otro. No es este el espacio para ahondar sobre este particular, pero los dejo sobre la mesa para futuras reflexiones. De todas maneras, quiero subrayar que hablar de centro, en el ámbito político, no es hablar de "tibieza", ni de medias tintas. No. El centro hace más referencia a la moderación en ideas y en acciones y eso, por supuesto que es posible.
Entonces, ¿en qué posición me ubico? En el aspecto económico soy más de izquierdas y en el aspecto sociocultural soy más de derechas. ¿Y entonces? Para aquellos que les gusta etiquetar, me clasificarían como una persona de derechas o de centro-derecha, aunque, mi tímido espíritu revolucionario me llama a autodenominarme como una persona de "centro-izquierda". Vaya dilema.
Algunos clasificadores, podrían ubicarme en el espectro de la ultraderecha o incluso me pueden titular de "dinosaurio paquidérmico", porque soy católico, convencido de la Verdad que Jesús nos trajo, y no apoyo ni el aborto, ni la eutanasia, ni la transición de género. Temas muy polémicos en la sociedad moderna.
Más allá de cualquier clasificación ideológico, lo cierto es que deseo, de corazón, que Colombia sea un país donde podamos vivir en paz, donde predomine la concordia, donde haya oportunidades para todos y donde nadie sea perseguido por sus convicciones políticas, religiosas o culturales.
De todas maneras, creo que todos tenemos derecho (y debemos) tener una posición política, pero también tenemos el deber de informarnos y educarnos para saber bien por qué pensamos lo que pensamos y también porque así podremos tomar mejores decisiones a la hora de votar o de opinar sobre estos temas tan candentes.
Dicho todo lo anterior, en las próximas elecciones, no votaré ni por Iván Cepeda, ni por Abelardo, ni por Paloma... votaré por la dupla Fajardo-Bonilla porque creo que, entre todas las opciones que tenemos, es la mejor para este momento. Prefiero la moderación a la confrontación beligerante que han promovido especialmente Cepeda y De La Espriella. La dupla Paloma-Oviedo no me disgusta del todo, pero tampoco me genera plena confianza. Por supuesto, no hay candidato perfecto y hay ciertos temas con Fajardo que me generan ruido, pero son más los aspectos que me gustan, que las que no. ¡Hey, amigo lector! En el camino, de aquí al 31 de mayo, puedo cambiar de opinión, siempre que encuentre unas buenas razones para hacerlo, o, igualmente, puedo reafirmarme en mi decisión.
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Referencias consultadas:
Navas García, A. (2014). Izquierda y Derecha: ¿una tipología válida para un mundo globalizado? Revista de comunicación, 13, 163-176
Miranda Delgado, R. G. (2023). Clivaje derechas/izquierdas en los sistemas políticos centroamericanos de posguerra. Latinoamérica 76, 173-200.