28 de febrero de 2026

Del caos mundial a una educación para la paz


Hoy nos hemos despertado con algunas noticias que roban la frágil esperanza que trata de habitarnos en la cotidianidad de nuestras casas. Estados Unidos e Israel han decidido atacar a Irán, supuestamente para derrocar la régimen de los Ayatolas que ya han asesinado vilmente a más de 40 mil ciudadanos iraníes en las últimas semanas. Ojalá llegue la libertad para este sufrido pueblo del medio oriente, sin que ello signifique vender su dignidad. 

Pero esto no es todo, Pakistán ha declarado la guerra frontal contra Afganistán, por motivos que no logro entender plenamente. Es un conflicto del que conozco casi nada, pero del que tristemente habrá que enterarse. 

Lo que es cierto es que el mundo está en llamas y no parece que sea fácil apagar el humo incandescente que se eleva desde diferentes puntos del planeta.  

Y mientras estallan bombas en Teherán, en Kabul y en Kandahar, Israel no deja en paz a los gazatíes. El inclemente genocidio no se detiene. ¿Cómo han resistido tanto los palestinos y cómo es posible que los terroristas de Hamas no se rindan? 

Y a poco más de 2100 kilómetros, se siguen matando entre rusos y ucranianos, por razones geopolíticas que tampoco termino de entender. Claro, la guerra es un negocio, pero no es el único motivo que desata la violencia fratricida. Este tipo de situaciones dramáticas e injustas me llevan siempre a la misma pregunta: ¿de verdad, somos seres racionales? No lo parece. 

Pero las noticias grises y desalentadoras no terminan ahí. En Venezuela, Cuba y Nicaragua se sigue torturando a todo el que piensa diferente. Aunque Venezuela parece caminar hacia la paz, la libertad y la democracia, el panorama es aún muy incierto.    

¿Seguimos con la lista? Sudán, Myanmar, Nigeria, Burkina Faso, Somalia. En todos estos lugares, unos seres humanos secuestran, torturan y matan a otros seres humanos por una absurda idea del poder, de la soberanía y de la supremacía racial o religiosa. La guerra es un absurdo que nos muestra la deshumanización y desnaturalización del hombre actual.   





Aquí me surgen algunas preguntas:

¿Por qué se matan los seres humanos? 

¿Las guerras se dan impulsadas solo por intereses económicos? 

¿Conocerá el mundo algún día la paz?


No voy a negarlo. Para quienes anhelamos la paz con todo el corazón, el panorama resulta desolador. ¿Qué se puede hacer para abrirle paso a la cordura en medio de tanta insensatez? 

La paz es un regalo que no significa solo ausencia de guerra. Es algo más profundo. En palabras de Juan Romero Morones (2012) es "una forma de pensar, de ser, de actuar en armonía consigo, con los otros, con la sociedad y con el medio ambiente". Podría decirse que es una forma de ser y de estar en el mundo. Sin embargo, cabe señalar que no se trata solo de una conquista individual, sino de algo aún más grande, es un desafío colectivo. 

La paz no es algo innato, ni surge por arte de magia, es necesario trabajarla, conquistarla y cultivarla todos los días. En otras palabras, la paz, o mejor, la sana convivencia entre las personas no es algo que se de por ciencia infusa. Requiere compromiso, dedicación, amor, perseverancia y buena voluntad.  

Para llegar un día a la paz mundial, será necesario primero dar pasos pequeños; esto significa cultivar la paz en los territorios, en los barrios, en las casas, en las escuelas. ¿Pero cómo lograrlo? Aquí entra la llamada "educación para la paz" que no puede ser simplemente una asignatura más del curriculum, donde los estudiantes aprenden, teóricamente, sobre la resolución de conflictos o sobre los principios de la paz positiva de Galtung. No, esto no es suficiente. Sin duda, se requiere mucho más que eso. Esto requiere compromiso, amor, perseverancia y determinación por parte de docentes, estudiantes, directivas y padres de familia. Todos debemos poner de nuestra parte. 

Para Xesús Jares (citado por Yudkin Sulliveres, 2023), "la educación para la paz requiere anclarse en la comprensión de la realidad, (y) educar para la verdad en tiempos que imponen miedos, fundamentalismos y guerras". En otras palabras, la educación para la paz demanda que la escuela vaya contracorriente, rompa paradigmas, genere aprendizajes significativos y busque nuevas posibilidades para vivir y convivir en armonía. Seguir como estamos nos llevará, tarde que temprano, a la destrucción. 

Según la Dra. Ana Yudkin Sulliveres, educar para construir una cultura de paz, dentro y fuera de la escuela, conlleva al menos seis principios o estrategias pedagógicas que fomenten la sana convivencia y las buenas relaciones entre todos los integrantes de una comunidad educativa. Para Yudkin Sulliveres (2023), esos principios son: 1) potenciar el pensamiento crítico y creativo de los estudiantes; 2) concienciar sobre los problemas locales y globales (es decir, se parte de conocer la realidad); 3) implementar formas noveles de investigar, conocer y saber, para entender holísticamente la realidad y saber cómo transformarla; 4) fomentar la empatía y la solidaridad; 5) capacitar en las artes y otras formas de expresión; 6) generar escenarios de participación.  

Cada uno de estos principios merece una reflexión pedagógica profunda para encontrar las mejores maneras de llevarlos a la práctica en cada contexto particular. No me voy a detener aquí en estos aspectos, porque no es el espacio para hacerlo, pero si invito a los lectores, sobre todo sin son docentes, o directivos-docentes, a pensar sobre cómo hacer realidad esta educación para la paz, de tal manera que podamos dejar huella en los estudiantes, una huella que perdure en el tiempo y llegue a transformar la sociedad en que vivimos.     
  
Ahora bien, una educación para la paz no es suficiente si la sociedad no se transforma. Pero ¿qué tipo de sociedad puede ofrecer paz a todos sus ciudadanos? Es una pregunta necesaria y pertinente en estos momentos tan convulsos. Según Tuvilla (citado por Romero Morones, 2012), la paz (es decir, una sociedad pacífica) implica cuatro condiciones básicas: a) propiciar un desarrollo humano permanente; b) respetar siempre los derechos humanos; c) fomentar una auténtica democracia; d) lograr el desarme mundial, nacional y local. Ciertamente, no es una tarea sencilla. Todo esto, por supuesto, también requiere compromiso, amor, esperanza, fe, perseverancia y determinación, de parte de cada uno de nosotros. 

Como dice un gran amigo mío, deseo paz y bien a todos los que hayan llegado hasta aquí.

¿Quieres ser un constructor de paz? 



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Romero Morones, J. (2012). Educar para la Paz desde una sociedad sin Paz. Condiciones para construirla. Ra Ximhai8(3), 195-210.

Yudkin Sulliveres, A. (2023). Educar hacia una cultura de paz en el siglo 21: Lineamientos para pensar y actuar. Revista CoPaLa. Construyendo Paz Latinoamericana8(18), 244-261.






16 de febrero de 2026

Preguntas que me hago, en esta época de elecciones de 2026

Debemos hacernos preguntas incómodas y buscar respuestas honestas. 




Ante la inminencia de las próximas elecciones legislativas y presidenciales en Colombia, conviene hacernos preguntas que impulsen una reflexión de fondo. Son preguntas incómodas, pero necesarias. 

Antes de abrir el debate, quisiera eso sí, subrayar primero la importancia de votar para Senado y Cámara. Hay cientos de opciones y, sin duda, hay varios candidatos y candidatas que merecen repetir y hay otros que merecen llegar a esas instancias por primera vez. 

Entre los que merecen repetir, al menos desde mi perspectiva están: Jennifer Pedraza, Katherine Miranda, Catherine Juviano, Soledad Tamayo Tamayo y Ariel Ávila. Posiblemente habrá otros. Por supuesto, cada quien tendrá su opinión sobre los que deben repetir y sobre los que deben irse definitivamente. Yo solo doy la mía.   

Entre los que yo quisiera que llegaran al Senado están: Johnnatan Alexis Tamayo Usuga (#13, del Partido Conservador); Carlos Alberto Cuartas Quinceno (Salvación Nacional, 9); y Fernanda Restrepo Ávila (Liberal, 33). De seguro hay más, pero no los he investigado lo suficiente. 

Para la Cámara de Representantes, para Cundinamarca, votaré por: Jennifer Pinzón (La China del Sombrero, Partido Liberal, #L-105); si viviera en Antioquia, votaría por Luis Miguel López (Conservador), y si estuviera en Bogotá, muy posiblemente votaría por Juan David Aristizábal (Nuevo Liberalismo).   

Ahora, antes de exponer mis preguntas, empiezo por decir que no me gusta ninguno de los candidatos que van punteando en las encuestas, me refiero a Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella. En cuanto a Sergio Fajardo, no me termina de convencer. Es el más y mejor preparado de los tres, sin duda alguna, pero por alguna razón, no engancha. Su principal problema, es que usa un discurso vacío, lleno de lugares comunes, no ofrece propuestas concretas. Dice que no quiere polarizar, pero en todas sus intervenciones critica a Petro y propone poco. No obstante, si la segunda vuelta fuera entre Sergio Fajardo e Iván Cepeda, no dudaría en votar por el primero. Es solo mi opinión.   

Cada uno puede tener sus ideas y sus percepciones, pero, ¿hasta dónde nuestro voto se basa en las emociones y hasta dónde en un racionamiento consciente sobre lo que ofrece cada candidato o candidata? 

Hay varias preguntas que me gustaría hacerle a todos los candidatos que participarán en la contienda del 31 de mayo: 

¿Cuál es su plan con respecto a la educación en todos sus niveles para que tengamos una educación de calidad para todos? 

¿Cómo incentivaría la investigación científica, social y tecnológica en todo el país? 

¿Cuáles serán sus principales programas sociales y cómo los va a financiar? ¿Cómo disminuirá la desigualdad social y económica que nos sigue caracterizando como país?  

¿Cuál es su plan específico para fortalecer el agro y para reivindicar al campesino colombiano y darle el lugar que se merece? ¿Continuará con la restitución de tierras?

¿Cuál es su plan específico para reestructurar el sistema de salud en Colombia, tomando todo lo bueno que hay, pero llevándolo al siguiente nivel: cobertura total en todo el país e incentivando un sistema preventivo? Esto es una prioridad. 

¿Cómo impulsará la transición energética sin que eso signifique un colapso económico y ambiental para del país? 

¿Qué hará en su gobierno para bajarle el volumen a la polarización


Y ahora vamos con las preguntas individuales, que van a gustar menos, no solo a los candidatos, sino, en especial, a sus fervientes seguidores. 

¿Por quién empezaría usted? Yo he decidido empezar con Abelardo de la Espriella.

De este candidato me preocupa su falta de transparencia, su posición social y su poca conexión con la realidad del país. Es un personaje camaleónico e histriónico, es decir, poco serio. Por su pasado, es muy posible que no luche contra la corrupción, sino que la aumente para su beneficio y de toda la oligarquía colombiana. Por si esto no fuera poco, no tiene ninguna experiencia en cargos públicos.   

Sr. Abelardo de la Espriella, 

¿Realmente conoce cómo funciona el Estado? Yo creo que no. ¿Cómo conformaría su equipo de gobierno? ¿Según recomendaciones o según capacidad técnica y conocimiento del área? 

Honestamente, díganos: ¿a la par que persigue a la guerrilla, usted va a perseguir también a la oposición o jugará limpio durante los cuatro años de gobierno y respetará las voces disidentes? ¿Perseguirá también a los paramilitares? 

¿Aceptará las críticas de la prensa o perseguirá a los que hablen mal de usted? ¿Respetará la libertad de opinión? ¿Respetará a los medios alternativos que han surgido durante este gobierno? 

¿Qué hará por las regiones más olvidadas del país? Por ejemplo: Chocó, La Guajira, Amazonas, Putumayo, etc. No promesas de campaña, queremos proyectos reales.  

¿Respetará las instituciones? ¿Respetará la democracia? Me temo mucho que no.  

¿Qué programas del gobierno Petro usted mantendría? 


Señor Iván Cepeda, 

Parece un hombre sensato, que evita la confrontación, pero en sus discursos, en plaza pública, se respira el resentimiento tan característico de la izquierda colombiana, un resentimiento que no construye sino que divide. Su falta de experiencia en cargos públicos diferentes del Congreso es un gran problema. Le puede pasar igual que a Petro, no saber ejecutar. No logra pasar de las palabras a los actos concretos. Y, por supuesto, su sesgo ideológico tan marcado es una campanada de alerta. Si él llega a la presidencia, posiblemente muchos saldrán volando, en mayor proporción de lo que ha pasado con Gustavo Petro. 

Pasemos a las preguntas,

¿Qué proyectos de ley importantes ha impulsado usted, que hayan beneficiado a los más vulnerables del país? ¿Además de ser gestor de paz y defensor de derechos humanos, qué otros logros tiene para destacar, de todos los años que ha estado en el congreso? No conozco nada relevante. 

¿Cómo conformaría su equipo de gobierno? ¿Escucharía a sus asesores? ¿Trabajaría con la oposición? 

Usted es claramente de formación comunista, ¿cree que realmente ese sistema funciona? ¿para quién? ¿Es el comunismo el camino para lograr que un país progrese y donde haya cabida para todos? Personalmente no lo creo y, quiero decirlo sin medias tintas, su claro sesgo ideológico es lo que más me preocupa. Es más, me produce una terrible desconfianza. ¿Cómo darle las riendas de un país a alguien que dice admirar a Hugo Chávez, a Fidel Castro y al Che Guevara? Ni de vainas.  

¿Usted va a respetar la institucionalidad? ¿De verdad? ¿Respetará la democracia? ¿Hasta dónde? Sus arengas de hace unos días contra el CNE hacen prever que no. Si algo le incomoda, acaba con ese organismo. El problema no es el CNE, sino cómo está compuesto y cómo funciona. ¿Si usted acaba con el CNE, quién asume esas funciones y quién controlaría las elecciones en Colombia? 

Además, usted nunca ha hablado en contra de la terrible dictadura de Nicolás Maduro y sus secuaces. ¿Qué puede pensar uno de alguien que solo ataca los crímenes de los paramilitares, pero guarda absoluto silencio ante los crímenes de la guerrilla y ante la violencia sistemática de los derechos humanos en Venezuela, Cuba y Nicaragua?  

¿Apoya la transición de género en niños y niñas? Esto es una abominación.   

¿Para qué una constituyente? Según usted, ¿qué es lo que no funciona en la Constitución del 91, de la cual Gustavo Petro es uno de sus autores? ¿De verdad una constituyente es lo que necesita Colombia para salir adelante? ¿Por qué? ¿La quiere cambiar total o parcialmente? ¿Por qué? ¿Solo por qué no quiere contra-presos políticos? ¿O, sobre todo, para perpetuarse en el poder? 

Personalmente creo que Colombia no está tan mal como pregona la derecha, ni tan bien como aseguran los de izquierda. Creo que en algunos aspectos estamos mejor que hace cuatro años y en otros mucho peor (la salud y la seguridad, por ejemplo). 

Pregunta abierta para todos los colombianos de bien: ¿Cómo podemos construir un país en paz, próspero, donde haya justicia y oportunidades para todos? Eso no depende solo del presidente ni del gobierno de turno, todos tenemos parte de responsabilidad.       

Votemos con criterio, no con miedo. 




#elecciones #Colombia #SenadoyCámara #8demarzo #31demayo #política


4 de febrero de 2026

Primero miro el celular, luego ya veremos

Entras a una cafetería o a un restaurante y es cada ves más común ver parejas de amigos ¿o novios? concentrados cada uno en sus pantallas. O hasta familias enteras que no se hablan, cada uno está pegado de su celular (de su móvil). Esos aparatos nos han robado no solo la capacidad de atención, como lo señala Johann Hari, sino nuestra humanidad completa.  


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- Amor, quieres ir al cine.

Mientras mira su celular, el muchacho le responde que tal vez, pero sin mucho entusiasmo y sigue scrolliando.   

- Oye... te estoy hablando... 

- Perdón, amor, es que hay muchas noticias importantes en Instagram.  

-Claro... me imagino

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- Mamá, mamá, yo quiero salir a jugar al parque 

- Sí, sí, haz lo que quieras

- Pero quiero ir contigo...

- ¡No ves que estoy ocupada!

La niña se queda triste. La mujer ni siquiera se da cuenta. Está embebida en su celular, scrolliando

Pero, ojo. Esto también sucede con los papas, no es algo exclusivo de las madres.  

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Tomada de: https://revistapersonae.com/miscelaneo/practicas-phubbing/

¿Te has dado cuenta que ahora todo el mundo, incluido tú, priorizamos la pantalla del celular (o del móvil, como le dicen en España) sobre las personas, incluyendo a nuestros hijos? ¿Sabías que este fenómeno, cada vez más extendido, se llama: "phubbing", que traducido al español sería algo así como "ninguneo digital"? 

Las benditas pantallas absorben por completo nuestra atención y nos alejan cada vez más de lo que realmente importa. Muchos estudios recientes se han concentrado en analizar los efectos negativos del uso desmedido de las redes sociales en los niños y en los adolescentes, pero aún son pocos los que analizan el uso de las redes en adultos-jóvenes, en especial en padres y madres jóvenes que también viven enganchados al celular, tanto que ningunean a sus propios hijos, casi sin darse cuenta. En la mayoría de los casos puede ser algo inconsciente, pero eso no le quita importancia a este fenómeno que nos aleja de quienes queremos y que deberían ser lo más importante para nosotros. La realidad es abrumadora. Los padres y las madres no miran ni escuchan a sus hijos por estar pendientes de su celular. A veces son cuestiones realmente importantes, pero en muchas ocasiones simplemente es que están (estamos) completamente absortos en practicar el scrolling infinito, en las redes sociales, alimentando innecesariamente y sin sentido, la dopamina.    

Surgen muchas preguntas: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué priorizamos las pantallas sobre las personas, incluso sobre nuestros hijos e hijas? ¿Somos conscientes del daño que les hacemos y que nos hacemos? (Creo que no, todavía no nos hemos hecho conscientes). 

Varios autores hacen ver que la tendencia "moderna" de los padres y las madres a mirar el teléfono mientras hablan con sus hijos e hijas, o, peor aún, a ignorarlos/las, por estar mirando el teléfono, genera problemas de interacción con los hijos y, por supuesto, trae consecuencias negativas para los niños, las niñas y los adolescentes en general. 

Casos se han visto y se ven cada vez más. ¿No te ha pasado algo así? 

Ves dos personas sentadas o hasta más y todas pegadas del teléfono. Parecen zombies de verdad. Te acercas un poco y ¡oh sorpresa! ¡Se están escribiendo mensajes entre ellos! De verdad, es increíble. Prefieren usar el "smartphone" para comunicarse que mirarse a los ojos y hablar. Parece una escena distópica, pero no lo es. Es una escena absurda, al menos para mí, pero lo más terrible no es que sea absurda, sino que se ha normalizado. Las personas (no solo los más jóvenes) preferimos "hablarnos" por mensaje de texto, que hablar cara a cara, o incluso llamar por teléfono y escuchar la voz del otro. Ya no nos gusta llamar, nos genera miedo, o pereza, o escozor o algo así.   

¿Y tú, te quedas tan tranquilo? 

¿Cómo contrarrestar los efectos de esta distopía loca y sin sentido? Resulta todo un desafío. 

Necesitamos reeducarnos en la voluntad y re-aprender a valorar lo que realmente importa. 

 ¿Y tú, qué piensas?

Tomada de: https://www.istockphoto.com/es/vector/phubbing-gm500989814-81097829

Autor: yo, Jaime (Dono).

20 de enero de 2026

20 de enero de 2026 - Necesitamos desaprender


No sé si a más de uno le haya pasado o le esté pasando. Me ha costado mucho retomar el ritmo de trabajo en este 2026 y eso que ya estamos a 20 de enero. ¿En qué momento llegamos hasta acá? 

Mi cuerpo quizá pide aún un poco más de descanso o las pantallas y las redes sociales han terminado cocinando parte de mis neuronas y están atrofiando mis músculos. Por momentos siento que es más lo segundo que lo primero y eso me espanta, pero también me ha puesto a reflexionar y he tenido que volver a preguntarme: ¿esto es lo qué quiero? ¿qué quiero exactamente para este año, para mi vida? Son preguntas que uno debe hacerse cada tanto, no solo al final  de un ciclo o al principio de un nuevo año. 

✋Mientras busco dentro de mí la respuesta a estas preguntas, me han surgido algunas ideas disruptivas

💬 Necesitamos desaprender la dependencia que hemos generado por la tecnológica y (re)aprender a reconectar con nuestro pensamiento, con nuestro interior. Esto requiere silencio. 

💬 Necesitamos desaprender el uso desmedido de las redes sociales y (re)aprender a relacionarnos como seres humanos, cara a cara, sin pantallas. Esto requiere tiempo y capacidad de desconexión. 

💬 Necesitamos desaprender que el dinero no puede ser el motor de una vida, ni la razón principal para trabajar, y (re)aprender que la vida vale la pena si la usamos para servir a otros. 

💬 Necesitamos desaprender la mentira que nos han vendido sobre la felicidad como mercancia de consumo y (re)aprender que el dolor es el que forja el carácter y nos enseña el valor verdadero de la vida. 

💬 Necesitamos desaprender esa manía del quererlo todo para ya, a un simple clic de distancia y (re)aprender el valor de la lentitud, de ir despacio, sin prisas, sin afanes.    

💬 Necesitamos desaprender el impulso de vivir solo para nosotros mismos y (re)aprender a ser seres humanos, capaces de sentir afecto y empatía por otros. Esto requiere capacidad de autocontrol y saber salir de uno mismo.    


Otro mundo es posible, pero es necesario poner empeño y determinación para generar los cambios que se necesitan. ¿Lo crees? 



Hoy, elevo, una vez más, una oración por todos los presos políticos de Venezuela, Cuba, Nicaragua e Irán, y por todos los cristianos perseguidos en el mundo. 




13 de enero de 2026

13 de enero de 2026 - De nuevo, la incertidumbre

Estamos casi a mitad de enero y no sé muy cómo llegamos tan rápido hasta aquí... Estos primeros días se pasaron en un parpadeo. 

El tiempo de descanso, primero en Pereira y luego en Cartago, me logró sacar de la rutina y alejarme de mi cotidianidad y... también de mis responsabilidades. Realmente necesitaba desconectarme, cambiar de aires, pero ahora no logro centrarme plenamente en los proyectos que tengo pendientes. Son pocos, pero todos importantes. 

Miro lo que he logrado hasta ahora en mi vida y, aunque me parece increíble, también se ve, al menos desde cierta perspectiva, como poco, en apariencia sin mucho valor. No soy una persona reconocida, ni tengo la estabilidad económica que una sociedad capitalista demanda. No obstante, tengo otras cosas que son aún más importantes y poco valoradas, una linda familia y una casa amplia donde cabemos todos. No me falta comida, ni ratos de diversión. Además tengo muchos libros. También unos pocos amigos, muy pocos, pero a los que veo muy de vez en cuando. Eso hay que corregirlo. 

Como quiera que sea, el futuro se antoja incierto como lo ha sido casi toda mi vida. Nunca sé con certeza lo que me puede deparar el mañana, menos aún lo que puede suceder la próxima semana, ni qué decir del próximo mes. La incertidumbre es más alta cuando eres independiente o semi-independiente, como me pasa a mí. Supongo que no soy el único que experimenta esa sensación por estos días.  

Este año es año de elecciones en Colombia y eso lo hace particularmente especial. El futuro del país está en juego. De eso no me cabe la menor duda. Aún no he tomado una decisión sobre por quién votar. Sigo escuchando opiniones, leyendo algunos artículos, analizando candidatos y posibilidades de futuro para Colombia. Los que me conocen saben que normalmente estoy dispuesto para hablar de política, pero siempre desde el respeto. 

Y entre tanto, el mundo sigue bajo fuego, con un panorama más bien gris oscuro, pero con algunos destellos de luz. No hay certeza sobre lo que puede pasar en Venezuela, en Irán o en Gaza. Sigue además el exterminio de cristianos en Nigeria. Estallán bombas en Alepo y mueren de hambre cientos de personas en Haití, en Cuba y en tantos rincones olvidados del planeta. Se habla de una tercera guerra mundial. El mal se apodera del mundo y a veces cuesta no preguntarse: ¿Y dónde está Dios? ¿Por qué no derriba del trono a los poderosos como dijo María que Él lo haría? No entiendo nada y siento unas enormes ganas de gritar y de llorar ante tanta barbarie e ignomia. 

 

 

Del caos mundial a una educación para la paz

Hoy nos hemos despertado con algunas noticias que roban la frágil esperanza que trata de habitarnos en la cotidianidad de nuestras casas. Es...