Sigo en la encrucijada y quiero compartir mi visión crítica y desalentadora de lo que estamos viviendo en Colombia hoy, a pocos días de las elecciones.
No sé todavía por quién votar. Como nación fragmentada, nos debatimos entre el odio a Uribe y el odio a Petro y de paso, cultivamos y alimentamos el odio entre vecinos, amigos, familiares y desconocidos. ¿Y para qué? ¿Qué ganamos con eso?
Votar es un deber, un derecho y una responsabilidad. Sin embargo, en este momento, todas las opciones son tan malas y con tan mal pronóstico para el futuro del país, que la situación se vuelve motivo de angustia existencial. Y no lo digo de broma.
De la Espriella es una farsa completa. Las personas lo ven como el gran salvador, pero podría acabar con nuestra democracia. Tiene muchas historias ocultas. ¿Sabía usted que antes de lanzarse borró parte de su historia en internet? Eso dice mucho de este personaje. Tiene un pasado oscuro y un presente demasiado gris. Es un showman sin experiencia en lo público, y es también un caballo de Troya. No creo en su conversión y no creo nada de lo que dice. Se vende como el adalid de la integridad y defensor de la vida, pero nada más lejos de la realidad. ¡Colombia! ¡Despierta, por favor! En lo personal, me duele y me cuestiona que Juan Manuel Restrepo, su vice, se haya prestado a ese teatro. En él si creo.
En cuanto a Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo Arango, son parte de la tradición política colombiana. Aquí entre nosotros, me convence más Oviedo que Valencia... Paloma Valencia ha hecho una buena labor como senadora, pero tiene un discurso vacío, a veces mal estructurado, que no convence a los indecisos. Su propuesta no es lo suficientemente sólida y, lo peor es que tiende a favorecer más a los ricos que a los pobres, cómo ha pasado en casi toda la historia de Colombia. Su modelo económico basado en el extractivismo es totalmente irracional. Enfocado exclusivamente en explotar la naturaleza para maximizar las ganancias del estado, sin escuchar la voz de los indígenas, ni mucho menos la de nuestros ricos ecosistemas; para esta época en la que vivimos, eso no puede ser el principal objetivo de un gobierno. Sin duda, hay otras prioridades. Con ella, todos los programas sociales se irían al olvido y posiblemente retornaríamos al siglo XX en materia de pobreza y desigualdades. Además, está la sombra de Uribe.
En cuanto a Iván Cepeda, ni hablar. No niego que parece ser un tipo muy sensato y muy coherente en sus discursos. Casi nunca se altera. A veces me llega a convencer y pienso que sería una buena opción. Sin embargo, si uno analiza lo que ha dicho en plaza pública y cómo lo ha dicho, evidentemente su discurso está atravesado por el odio de clases, una visión según la cual los pobres son los buenos y los ricos son los malos. Y la clase media, es un estorbo. Si no eres pobre no haces parte del pueblo, es más, podrías ser declarado enemigo del pueblo. Aunque trata de aminorar el efecto de su formación comunista, es parte de su historia y un aspecto innegable que debe tomarse en cuenta. Para acabar de rematar tiene como grandes modelos "democráticos" a Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Raúl Castro. Es inadmisible. ¿Queremos otros cuatro años de Paz Total, de territorios gobernados por la guerrilla y de un sistema de salud cada vez más colapsado?
La paz y la justicias social que tanto anhelamos se lograrían si volviéramos a Dios y si nos dejáramos guiar por los cuatro principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia: Dignidad de la Persona, Bien Común, Solidaridad y Subsidiaridad. Desafortunadamente estamos muy lejos de ese camino, al menos como sociedad compacta.
Las opciones que quedan son: Sergio Fajardo Valderrama, Claudia López, o el voto en blanco.
😔 ❓
Muchos católicos dicen que votarán por Abelardo porque supuestamente es el único que defiende la vida y la familia. Yo los comprendo, pero ese no puede ser el único criterio para elegirlo a él. Aunque otro motivo que los lleva a quererlo como Presidente es creer que él acabará con la guerrilla de un solo tajo. ¿En serio queremos una guerra fratricida donde muy posiblemente también mueran inocentes?
Desde la perspectiva de los aspectos morales, al parecer, no hay otras opciones, pues todos los demás, de una u otra manera, defienden el aborto y la eutanasia como supuestos derechos fundamentales. Sé que apoyar esta postura es una equivocación antropológica y ontológica, pero tampoco puedo apoyar la mentira, ni puedo elegir como presidente a un machista, misógino, egocéntrico y elitista que tan pronto esté en el poder empezará a cerrar noticieros, perseguirá con sevicia al Pacto Histórico y a cualquiera que se diga ser de izquierdas. Eso no, yo no lo puedo apoyar.
Las otras opciones que podrían llevar a Colombia a un terreno de progreso y de menos confrontación, apoyan el aborto, la eutanasia y la conversión de género. Aspectos con los que, como católico, no puedo estar de acuerdo. Desde mi conciencia, prefiero, no obstante todo, elegir a alguien que, posiblemente pueda bajar los decibeles de la polarización, gestionar con más acertividad el problema de la seguridad y reestructurar el sistema de salud. Pienso que esa persona sería Sergio Fajardo, aunque no sea totalmente de mis afectos.
En el caso hipotético, aunque demasiado improbable a este punto, que él quedara de Presidente, estaría atento a su gestión y buscaría cualquier ocasión que se presente para alzar mi voz en pro de la vida, y en contra del aborto, la eutanasia, las operaciones transgénero y el extractivismo irracional.