Por estos días en Colombia se ha entablado un gran debate por el supuesto "peligro" de traer de vuelta a Dios a las aulas y la idea que algunos tienen de que en las escuelas públicas del país se adoctrina a los niños, las niñas y los jóvenes entorno a las ideas marxistas. Surgen, entonces dos preguntas de fondo: ¿es peligroso traer a Dios a las aulas?; ¿la izquierda, realmente, ha estado adoctrinando a nuestros jóvenes durante estos últimos cuatro años o quizá desde muchos años antes?
Son dos preguntas polémicas que pueden suscitar múltiples respuestas. Quiero, en este breve escrito, ofrecer mi perspectiva sobre estos temas, y, por supuesto, responder a estas preguntas, partiendo de mi experiencia, mi filosofía de vida, mi cosmovisión y las ideas que tengo ahora -a partir de lecturas y mi propia experiencia como docente-. De paso compartir una pincelada sobre lo que debería ser el objetivo de la educación en estos tiempos que corren, particularmente en Colombia.
[¿Adoctrinan a nuestros hijos?]
Tomada de:
https://www.cristic.com/20-frases-celebres-sobre-educacion/
Hernández-Rodríguez et al. (2022), haciendo eco del pensamiento de varios autores, anotan que "la formación integral suele ser entendida como un “estilo educativo” que promueve el desarrollo humano a través del reconocimiento de la multidimensionalidad del hombre (...). Cuando se habla de formación integral, se asume que el ser humano está constituido por diferentes esferas, las cuales se encuentran en permanente interrelación y despliegue durante toda la vida (...)" (p. 10). Es decir, la formación integral implica entender al ser humano como un todo, como un ser multidimensional.
Otro elemento fundamental en esta disertación es el concepto de adoctrinamiento. En pocas palabras puede decirse que adoctrinar es enseñar un conocimiento como único y verdadero, limitando o anulando el pensamiento crítico, sin ofrecer la oportunidad de cuestionarlo. Dicho de otra manera, adoctrinar es obligar a una persona a pensar de una forma única, sin dar lugar a un diálogo fraterno y a un debate argumentado.
La actual ministra de educación designada por el presidente electo de Colombia, la Dra. Viviane Morales, quien tomará posición de su cargo el próximo siete de agosto, ha afirmado que es necesario sacar de los colegios a Marx y poner a Dios en su lugar.
Pero, ¿realmente se enseña a Marx en los colegios con la intención de adoctrinar a nuestros hijos dentro de una corriente de pensamiento específica? En lo que he podido indagar hasta ahora, no hay una evidencia contundente al respecto. Ahora bien, hay un hecho real y es que las clases donde eso podría suceder serían especialmente las clases de ciencias sociales y las de filosofía que en promedio no suelen tener más de cuatro o cinco horas a la semana para la primera y no más de dos horas para las segunda. Teniendo en cuenta que el currículo de estas materias comprende diferentes temas, se infiere que no queda mucho espacio para estudiar a Marx a fondo. Los expertos en el tema estarán de acuerdo conmigo en que conocer a Marx, de verdad, requiere muchas horas de estudio. Por ende, la afirmación de la ministra designada, puede decirse que carece de fundamento y merece una indagación seria y de fondo, por parte de ella y por parte de las universidades, en especial de las facultades de educación.
No obstante, muchos (o un buen número de) docentes de ciencias sociales suelen ser personas de izquierdas y procuran insuflar en sus alumnos esas ideas, posiblemente con buena intención, para que sean más conscientes de las injusticias propias de nuestra sociedad. Puede que no enseñen a Marx, pero enseñan parte de sus ideas y su forma particular de entender la realidad. Pero hay algo aún más peligroso; aparte de los docentes, están los textos escolares que estos docentes y otros de asignaturas similares usan en sus clases. En este aspecto si puede darse una tendencia a inculcar ideas de izquierdas, incluyendo la controversial ideología de género y esto no es un dato menor. El adoctrinamiento se dará en la medida en que el docente venda estas ideas como si fueran la única lupa a través de la cual se puede y debe ver la realidad.
Es importante subrayar en este punto que es un hecho innegable que la historia nunca nos la han contado como es y eso sigue pasando hoy en día en muchas escuelas, e incluso en muchas universidades de todo el mundo. Cada colegio y cada universidad orienta su currículo y cimenta sus programas sobre una corriente de pensamiento, sobre unas bases epistemológicas que defienden ciertas posturas ante la realidad. Los padres y los estudiantes deberían tener un conocimiento suficiente sobre ello para tomar una decisión sobre si es ese o no el tipo de educación que quieren para sus hijos e hijas. Y los profesores de historia y de ciencias sociales deberían examinar el contenido de su asignatura y desde qué paradigma están ofreciendo y analizando los hechos históricos.
Dicho todo lo anterior, no creo que haya un adoctrinamiento como tal en torno a las ideas de Marx, pero es muy posible que se inculquen con fuerza ciertos postulados de izquierdas que impulsan la idea de las clases sociales no solo como una realidad, sino como una lucha constante entre un "ellos" y un "nosotros", una perspectiva que suele alimentar el odio y el resentimiento entre los ciudadanos. Cabe aquí preguntarse: ¿contribuyen estas enseñanzas a la formación integral del individuo? La respuesta corta es: tal vez un poco, pero, sin duda, no contribuye a la construcción de una sociedad fraterna y solidaria. Se aplaude que los docentes de ciencias sociales y de filosofía impulsen el pensamiento crítico, pero no es plausible que vendan ideas, como verdades absolutas, en lugar de enseñarlas como una posible forma de leer el mundo.
Ahora, me corresponde hablar de Dios como parte del sistema educativa, un tópico que tantas alarmas ha disparado por estos días. Desde hace ya varios años, se ha intentado por todos los medios sacar a Dios de las aulas porque, en teoría eso va en contravía de la Constitución y de lo que significa un país laico. ¿Pero es Dios realmente un "problema"? Para mí el problema radica en la rabia y en el miedo que produce a cierto sector de la población hablar de Dios con una mente abierta, porque hablar de Dios, en el fondo, cuestiona más que hablar de Marx, de injusticias y de clases sociales. Hablar de Dios implica cuestionar el propio sentido de la vida y en un mundo como el actual que desea solo respuesta rápidas y superficiales, resulta demasiado incómodo preguntar sobre la trascendencia, sobre lo que significa ser un humano de verdad y sobre la razón de estar en este mundo.
Enseñar y practicar ritos religiosos tampoco debe ser un problema, siempre y cuando se haga desde el respeto y en total libertad. Esto, lo admito, merece un debate más a fondo, pero no es este el momento para darlo. En cualquier caso, enseñar religión tiene un doble objetivo: por un lado conocer, con sentido crítico, una realidad socio-histórica inherente a la evolución de la humanidad (Ramos Hoyos, 2023), y por otro contribuir al desarrollo de la dimensión espiritual de todo ser humano. No es una tarea sencilla, pero si absolutamente necesaria.
De otro lado, los detractores de volver a poner a Dios en las aulas sostienen, con Marx, que la religión es el opio del pueblo, y que es un lastre para el progreso de la humanidad. Y aún peor, sostienen que todos los creyentes, o por lo menos la gran mayoría, son personas que no piensan, que no tienen un sentido crítico de la realidad. Toda una falacia. Para ellos, las clases de religión son, sin duda alguna, un espacio de adoctrinamiento. ¿Pero realmente es así? La respuesta corta es no, definitivamente no. Además, la clases de religión, si las hay, con suerte disponen de una o dos horas a la semana. Es muy poco tiempo para adoctrinar a nuestros hijos. Cabe aquí también preguntarse: ¿contribuye la educación religiosa a la formación integral de nuestros jóvenes? La respuesta corta es: posiblemente sí. Depende mucho del docente y de la institución misma.
Más que Marx y más que Dios, el mayor peligro que se cierne hoy sobre nuestros hijos (y sobre nosotros mismos) es la Inteligencia Artificial y el uso indiscriminado de las pantallas. Pero este es un tema para otro debate, aunque sin duda, es algo que merece también toda nuestra atención, tanto por parte de las familias, como por parte de los docentes y las entidades educativas en todos los niveles.
En conclusión, sin que con ello se agote el tema, ni enseñar a Marx, ni traer a Dios de vuelta a las aulas son sinónimos de adoctrinamiento. El efecto de estos temas y sus consecuencias sociales, culturales y políticas, en últimas, dependen, de diferentes factores, y entre ellos se destacan los y las docentes; el efecto depende de cómo presentan estos temas y si dan espacio al debate, al diálogo abierto y al pensamiento crítico para co-construir conocimientos y experiencias que favorezcan la formación integral de los individuos, ciudadanos que el día de mañana sean capaces de transformar, para bien de todos, la sociedad en la que viven.
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Referencias citadas:
Borda Valderrama, J. N. (2024). Nuevos desafíos en la educación. DISCE. Revista Científica Educativa y Social, 1(1), 8-13.
Hernández-Rodríguez, J. C., Castaño-Trujillo, C. V., Quiñones-Bermúdez, S. y Marín-Cardona, P. F. (2024). ¿“Formación integral”? Resemantización y vínculo con el pensamiento crítico. Pedagogía y Saberes, (61), 6–22. https://doi.org/10.17227/pys.num61-20216
Ramos Hoyos, R. A. (2023). Educación Religiosa y Pensamiento Crítico desde las Figuraciones del Estudiantado. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar 7(6), 99-122 ttps://doi.org/10.37811/cl_rcm.v7i6.8576