13 de julio de 2026

¿ADOCTRINAMIENTO EN LAS AULAS?


Por estos días en Colombia se ha entablado un gran debate por el supuesto "peligro" de traer de vuelta a Dios a las aulas y la idea que algunos tienen de que en las escuelas públicas del país se adoctrina a los niños, las niñas y los jóvenes entorno a las ideas marxistas. Surgen, entonces dos preguntas de fondo: ¿es  peligroso traer a Dios a las aulas?; ¿la izquierda, realmente, ha estado adoctrinando a nuestros jóvenes durante estos últimos cuatro años o quizá desde muchos años antes? 

Son dos preguntas polémicas que pueden suscitar múltiples respuestas. Quiero, en este breve escrito, ofrecer mi perspectiva sobre estos temas, y, por supuesto, responder a estas preguntas, partiendo de mi experiencia, mi filosofía de vida, mi cosmovisión y las ideas que tengo ahora -a partir de lecturas y mi propia experiencia como docente-. De paso compartir una pincelada sobre lo que debería ser el objetivo de la educación en estos tiempos que corren, particularmente en Colombia. 

[¿Adoctrinan a nuestros hijos?]


Empezaré por el final, porque para responder a las preguntas que me he planteado conviene primero aclarar cuál o cuáles deben ser los objetivos de la educación hoy. En una nota editorial publicada en enero de 2024, en la revista académica Disce, anotaba que la educación debe apuntar a una formación integral y holística de los individuos. ¿Pero qué significa eso exactamente y cómo se logra? En ese mismo escrito señalo que hay cinco aspectos esenciales sobre los que pedagogos, docentes, académicos y directivos de instituciones educativas deben reflexionar y actuar:  "a) redefinir el propósito mismo de la educación; b) promover el trabajo conjunto para construir, entre todos, un futuro sostenible; c) fortalecer valores como el amor, la empatía y la compasión; d) entender el rol de la tecnología en los diferentes contextos educativos; y e) contribuir a lograr un balance entre la innovación y los valores humanos, bajo parámetros éticos universales." 

No voy a desglosar ahora cada uno de estos puntos. Si alguien lo desea, lo invito respetuosamente a leer esa nota editorial, titutalada "Nuevos desafíos en la educación". De estos puntos, quiero por ahora rescatar la idea básica, pero fundamental, de cómo los colegios y las universidades deben contribuir a una formación holística e integral de los individuos; de otra parte, esas instituciones y quienes las gestionan deben reflexionar con frecuencia sobre cuál es el propósito mismo de la educación, en cada uno de sus niveles. 

Las dos ideas apuntan en la misma dirección: la educación debe formar a los individuos como seres integrales, es decir, debe formarlos en su ser, en su pensar y en su actuar, porque el ser humano es un ser que piensa, siente y hace, un ser que tiene mente, corazón, alma, manos y pies. En pocas palabras, educar, sobre todo educar bien, no es una tarea sencilla. Pero no se puede educar en el vacío, ni bajo ideas abstractas de libertad, igualdad y fraternidad. Un niño o una niña, independientemente de sus condiciones, necesita reglas, disciplina, conocimientos, orientación sobre qué es vivir y cómo es la realidad en la que vive. 

Tomada de: 

https://www.cristic.com/20-frases-celebres-sobre-educacion/

Hernández-Rodríguez et al. (2022), haciendo eco del pensamiento de varios autores, anotan que "la formación integral suele ser entendida como un “estilo educativo” que promueve el desarrollo humano a través del reconocimiento de la multidimensionalidad del hombre (...). Cuando se habla de formación integral, se asume que el ser humano está constituido por diferentes esferas, las cuales se encuentran en permanente interrelación y despliegue durante toda la vida (...)" (p. 10). Es decir, la formación integral implica entender al ser humano como un todo, como un ser multidimensional. 

Otro elemento fundamental en esta disertación es el concepto de adoctrinamiento. En pocas palabras puede decirse que adoctrinar es enseñar un conocimiento como único y verdadero, limitando o anulando el pensamiento crítico, sin ofrecer la oportunidad de cuestionarlo. Dicho de otra manera, adoctrinar es obligar a una persona a pensar de una forma única, sin dar lugar a un diálogo fraterno y a un debate argumentado.

La actual ministra de educación designada por el presidente electo de Colombia, la Dra. Viviane Morales, quien tomará posición de su cargo el próximo siete de agosto, ha afirmado que es necesario sacar de los colegios a Marx y poner a Dios en su lugar. 

Pero, ¿realmente se enseña a Marx en los colegios con la intención de adoctrinar a nuestros hijos dentro de una corriente de pensamiento específica? En lo que he podido indagar hasta ahora, no hay una evidencia contundente al respecto. Ahora bien, hay un hecho real y es que las clases donde eso podría suceder serían especialmente las clases de ciencias sociales y las de filosofía que en promedio no suelen tener más de cuatro o cinco horas a la semana para la primera y no más de dos horas para las segunda. Teniendo en cuenta que el currículo de estas materias comprende diferentes temas, se infiere que no queda mucho espacio para estudiar a Marx a fondo. Los expertos en el tema estarán de acuerdo conmigo en que conocer a Marx, de verdad, requiere muchas horas de estudio. Por ende, la afirmación de la ministra designada, puede decirse que carece de fundamento y merece una indagación seria y de fondo, por parte de ella y por parte de las universidades, en especial de las facultades de educación. 

No obstante, muchos (o un buen número de) docentes de ciencias sociales suelen ser personas de izquierdas y procuran insuflar en sus alumnos esas ideas, posiblemente con buena intención, para que sean más conscientes de las injusticias propias de nuestra sociedad. Puede que no enseñen a Marx, pero enseñan parte de sus ideas y su forma particular de entender la realidad. Pero hay algo aún más peligroso; aparte de los docentes, están los textos escolares que estos docentes y otros de asignaturas similares usan en sus clases. En este aspecto si puede darse una tendencia a inculcar ideas de izquierdas, incluyendo la controversial ideología de género y esto no es un dato menor. El adoctrinamiento se dará en la medida en que el docente venda estas ideas como si fueran la única lupa a través de la cual se puede y debe ver la realidad.  

Es importante subrayar en este punto que es un hecho innegable que la historia nunca nos la han contado como es y eso sigue pasando hoy en día en muchas escuelas, e incluso en muchas universidades de todo el mundo. Cada colegio y cada universidad orienta su currículo y cimenta sus programas sobre una corriente de pensamiento, sobre unas bases epistemológicas que defienden ciertas posturas ante la realidad. Los padres y los estudiantes deberían tener un conocimiento suficiente sobre ello para tomar una decisión sobre si es ese o no el tipo de educación que quieren para sus hijos e hijas. Y los profesores de historia y de ciencias sociales deberían examinar el contenido de su asignatura y desde qué paradigma están ofreciendo y analizando los hechos históricos. 

Dicho todo lo anterior, no creo que haya un adoctrinamiento como tal en torno a las ideas de Marx, pero es muy posible que se inculquen con fuerza ciertos postulados de izquierdas que impulsan la idea de las clases sociales no solo como una realidad, sino como una lucha constante entre un "ellos" y un "nosotros", una perspectiva que suele alimentar el odio y el resentimiento entre los ciudadanos. Cabe aquí preguntarse: ¿contribuyen estas enseñanzas a la formación integral del individuo? La respuesta corta es: tal vez un poco, pero, sin duda, no contribuye a la construcción de una sociedad fraterna y solidaria. Se aplaude que los docentes de ciencias sociales y de filosofía impulsen el pensamiento crítico, pero no es plausible que vendan ideas, como verdades absolutas, en lugar de enseñarlas como una posible forma de leer el mundo.     

Ahora, me corresponde hablar de Dios como parte del sistema educativa, un tópico que tantas alarmas ha disparado por estos días. Desde hace ya varios años, se ha intentado por todos los medios sacar a Dios de las aulas porque, en teoría eso va en contravía de la Constitución y de lo que significa un país laico. ¿Pero es Dios realmente un "problema"? Para mí el problema radica en la rabia y en el miedo que produce a cierto sector de la población hablar de Dios con una mente abierta, porque hablar de Dios, en el fondo, cuestiona más que hablar de Marx, de injusticias y de clases sociales. Hablar de Dios implica cuestionar el propio sentido de la vida y en un mundo como el actual que desea solo respuesta rápidas y superficiales, resulta demasiado incómodo preguntar sobre la trascendencia, sobre lo que significa ser un humano de verdad y sobre la razón de estar en este mundo. 

Enseñar y practicar ritos religiosos tampoco debe ser un problema, siempre y cuando se haga desde el respeto y en total libertad. Esto, lo admito, merece un debate más a fondo, pero no es este el momento para darlo. En cualquier caso, enseñar religión tiene un doble objetivo: por un lado conocer, con sentido crítico, una realidad socio-histórica inherente a la evolución de la humanidad (Ramos Hoyos, 2023), y por otro contribuir al desarrollo de la dimensión espiritual de todo ser humano. No es una tarea sencilla, pero si absolutamente necesaria.  

De otro lado, los detractores de volver a poner a Dios en las aulas sostienen, con Marx, que la religión es el opio del pueblo, y que es un lastre para el progreso de la humanidad. Y aún peor, sostienen que todos los creyentes, o por lo menos la gran mayoría, son personas que no piensan, que no tienen un sentido crítico de la realidad. Toda una falacia. Para ellos, las clases de religión son, sin duda alguna, un espacio de adoctrinamiento. ¿Pero realmente es así? La respuesta corta es no, definitivamente no. Además, la clases de religión, si las hay, con suerte disponen de una o dos horas a la semana. Es muy poco tiempo para adoctrinar a nuestros hijos. Cabe aquí también preguntarse: ¿contribuye la educación religiosa a la formación integral de nuestros jóvenes? La respuesta corta es: posiblemente sí. Depende mucho del docente y de la institución misma. 

Más que Marx y más que Dios, el mayor peligro que se cierne hoy sobre nuestros hijos (y sobre nosotros mismos) es la Inteligencia Artificial y el uso indiscriminado de las pantallas. Pero este es un tema para otro debate, aunque sin duda, es algo que merece también toda nuestra atención, tanto por parte de las familias, como por parte de los docentes y las entidades educativas en todos los niveles.  

En conclusión, sin que con ello se agote el tema, ni enseñar a Marx, ni traer a Dios de vuelta a las aulas son sinónimos de adoctrinamiento. El efecto de estos temas y sus consecuencias sociales, culturales y políticas, en últimas, dependen, de diferentes factores, y entre ellos se destacan los y las docentes; el efecto depende de cómo presentan estos temas y si dan espacio al debate, al diálogo abierto y al pensamiento crítico para co-construir conocimientos y experiencias que favorezcan la formación integral de los individuos, ciudadanos que el día de mañana sean capaces de transformar, para bien de todos, la sociedad en la que viven.  

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Referencias citadas:

Borda Valderrama, J. N. (2024). Nuevos desafíos en la educación. DISCE. Revista Científica Educativa y Social, 1(1), 8-13.

Hernández-Rodríguez, J. C., Castaño-Trujillo, C. V., Quiñones-Bermúdez, S. y Marín-Cardona, P. F. (2024). ¿“Formación integral”? Resemantización y vínculo con el pensamiento crítico. Pedagogía y Saberes, (61), 6–22. https://doi.org/10.17227/pys.num61-20216

Ramos Hoyos, R. A. (2023). Educación Religiosa y Pensamiento Crítico desde las Figuraciones del Estudiantado. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar 7(6), 99-122 ttps://doi.org/10.37811/cl_rcm.v7i6.8576 


4 de junio de 2026

La democracia en crisis ¿Qué futuro nos espera?

Hoy todo el mundo quiere opinar sobre política y sobre la democracia en Colombia. ¿Vale la pena una opinión más? No lo sé, pero igual quiero dar la mía con el ánimo de entender más a fondo, para mí y para quien se acerque a leerme, lo que está pasando hoy en nuestro país. Creo que un número significativo de connacionales está en la misa encrucijada en la que estoy yo. 

¿Voto en blanco? ¿Voto por Cepeda? ¿Voto por Abelardo

¿Con quién está más en peligro nuestra frágil democracia y nuestro futuro como nación?  

Las respuestas a estas preguntas son múltiples y muy diversas, dependiendo de quién las conteste y desde qué perspectiva personal, vivencial, ideológica y sociohistórica las aborde. Y también desde los miedos que lo habitan. Hoy, en Colombia, nos gobierna el miedo y es ese sentimiento, en buena medida, el que decidirá quién es el próximo presidente. 

Me gustaría que la elección, en lugar de hacerse por el miedo, se hiciera por el grado de confianza que inspira un candidato. Hacia allá deberíamos apuntar. 

Ciertamente, hay muchos convencidos de la elección que ya hicieron y tienen sus buena razones para creer que ese candidato es la mejor opción para nuestro país. El problema es que su convencimiento no les permite ver los peligros que se elección entraña. 

Yo, por mi parte, creo que los dos ganadores de la primera vuelta son un peligro para Colombia (y no soy el único que lo piensa). Por eso, en un intento por lograr un mejor discernimiento, cambio la última pregunta por otra algo menos pesimista:  

¿Con cuál candidato está en menor peligro nuestra frágil democracia y nuestro futuro como nación? Francamente, yo, Jaime Borda Valderrama, no tengo una respuesta suficientemente clara a esta pregunta.  

No obstante, llama mucho la atención que desde ambas campañas han levantado la voz, y con frecuencia los insultos, para decir que si gana el otro candidato, se perderá la democracia. Desde ambas orillas se hace la misma advertencia, casi que con las mismas palabras. ¿Lo había notado? Entonces, la sensación que tenemos los indecisos, como yo, es que la democracia colombiana está en peligro, con cualquiera de los dos aspirantes a ocupar la Casa de Nariño


                         Tomado de: https://todossomoscolombia.org/crisis-y-futuro-de-la-democracia/


Desde mi óptica, más bien pesimista, lo admito, el panorama es bastante gris y terriblemente incierto. Parece que nos encaminamos de manera cada vez más acelerada hacia un abismo. 

Espero que este panorama se aclare un poco con los días. En estas dos semanas y tres días que quedan, será indispensable que haya debates. Ojalá no nos dejen otra vez en el limbo. Esto podría ayudarnos a disipar dudas y a elegir con menos miedo. 

Una vez más, como lo he señalado en diversas ocasiones, pienso que cada uno de estos candidatos representa un peligro para el país, aunque en cada caso, el tipo de peligro es diferente. 

Para empezar, en este momento, ninguno de los dos representa al 100% de la nación. Y hasta ahora, el discurso se centra más en atacar al contrario y a sus seguidores, que en mostrar un proyecto político claro, preciso y razonable, donde quepamos todos, los de un lado y los del otro. 

Lo más doloroso es comprobar que cada candidato ve a casi un 50% del país (políticos y ciudadanos) como sus enemigos. 

Además, cada quien (hablo de la gente del común, como usted y como yo) quiere (queremos) tener la razón, o peor aún, se cree dueño de la razón y la verdad y muy pocos están en disposición de escuchar, acoger, abrazar, perdonar al que piensa diferente. ¿A dónde nos pueden llevar estas posturas? 

Solo con el ánimo de invitar a la reflexión, a salirnos de nuestra zona de confort, dejo por acá algunas preguntas que me han surgido para los candidatos y sus seguidores: 

Los peligros que veo con Cepeda (y no los veo solo yo): 

1) Que impulse la asamblea constituyente y finalmente acomode las reglas para que la izquierda se quede eternamente en el poder, eliminando las instituciones que le incomodan. (Ese es uno de los miedos que asusta a los que votan por Abelardo). Puede que sea un miedo infundado y aunque ya el candidato haya dicho que no lo hará, el miedo sigue flotando en el ambiente.  

2) Que se profundice la crisis de la salud... ¿Cuántas personas no han muerto en estos últimos años, en este gobierno, a causa de los agudos problemas que hoy tiene el sistema? 

3) Que la guerrilla siga ganando fuerza y aumente la violencia. ¿No es hora ya de redefinir la estrategia de la paz total?

4) Mayor adoctrinamiento en las escuelas públicas (pro teorías de izquierda).

5) Posible persecución a la derecha y a la iglesia católica (puede que sí, puede que no) 

6) Que se aumente el gasto público, que aumente la deuda del Estado y se ahuyente la inversión nacional y extranjera.


Los peligros con Abelardo (y no los veo solo yo):

1) Persecución desmedida e injustificada a la izquierda. Ya muchos líderes sociales y políticos sienten que, si gana Abelardo, muy seguramente tendrían que irse del país para salvaguardar su vida. Esto es, no solo preocupante, sino doloroso.   

2) Reaparición de la pesadilla de los falsos positivos.  

3) Retroceso en los programas sociales y olvido del campo colombiano. 

4) Impulsaría el fracking con la intención de extraer hasta la última gota de petróleo... ¿Y depués, qué? ¿Y la transición energética, para cuándo? 

5) Cero libertad de expresión (posible cierre de noticieros que lo critiquen)

6) Robaría sin medida al Estado (es decir, a todos nosotros) 

7) Que no cumpla nada y se dedique a viajar por el mundo con la plata de nuestros impuestos. 

8) Que le entregue el país a EE.UU. 


Con la mano en el corazón, posiblemente coincidamos en que no son dudas sencillas de resolver. 

En síntesis, los dos escenarios, para mí, son demasiado inciertos y peligrosos para la democracia.

Una última pregunta: ¿Y después del 21 de junio, qué? 

¿Qué tal si nos dedicamos a buscar el diálogo fraterno entre diferentes y nos reconstruimos -espiritual, mental y corporalmente- como nación? 



Tomado de: https://concepto.de/fraternidad/


27 de mayo de 2026

De nuevo en la encrucijada

Sigo en la encrucijada y quiero compartir mi visión crítica y desalentadora de lo que estamos viviendo en Colombia hoy, a pocos días de las elecciones.


No sé todavía por quién votar. Como nación fragmentada, nos debatimos entre el odio a Uribe y el odio a Petro y de paso, cultivamos y alimentamos el odio entre vecinos, amigos, familiares y desconocidos. ¿Y para qué? ¿Qué ganamos con eso?


Votar es un deber, un derecho y una responsabilidad. Sin embargo, en este momento, todas las opciones son tan malas y con tan mal pronóstico para el futuro del país, que la situación se vuelve motivo de angustia existencial. Y no lo digo de broma.


De la Espriella es una farsa completa. Las personas lo ven como el gran salvador, pero podría acabar con nuestra democracia. Tiene muchas historias ocultas. ¿Sabía usted que antes de lanzarse borró parte de su historia en internet? Eso dice mucho de este personaje. Tiene un pasado oscuro y un presente demasiado gris. Es un showman sin experiencia en lo público, y es también un caballo de Troya. No creo en su conversión y no creo nada de lo que dice. Se vende como el adalid de la integridad y defensor de la vida, pero nada más lejos de la realidad. ¡Colombia! ¡Despierta, por favor! En lo personal, me duele y me cuestiona que Juan Manuel Restrepo, su vice, se haya prestado a ese teatro. En él si creo.


En cuanto a Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo Arango, son parte de la tradición política colombiana. Aquí entre nosotros, me convence más Oviedo que Valencia... Paloma Valencia ha hecho una buena labor como senadora, pero tiene un discurso vacío, a veces mal estructurado, que no convence a los indecisos. Su propuesta no es lo suficientemente sólida y, lo peor es que tiende a favorecer más a los ricos que a los pobres, cómo ha pasado en casi toda la historia de Colombia. Su modelo económico basado en el extractivismo es totalmente irracional. Enfocado exclusivamente en explotar la naturaleza para maximizar las ganancias del estado, sin escuchar la voz de los indígenas, ni mucho menos la de nuestros ricos ecosistemas; para esta época en la que vivimos, eso no puede ser el principal objetivo de un gobierno. Sin duda, hay otras prioridades. Con ella, todos los programas sociales se irían al olvido y posiblemente retornaríamos al siglo XX en materia de pobreza y desigualdades. Además, está la sombra de Uribe.


En cuanto a Iván Cepeda, ni hablar. No niego que parece ser un tipo muy sensato y muy coherente en sus discursos. Casi nunca se altera. A veces me llega a convencer y pienso que sería una buena opción. Sin embargo, si uno analiza lo que ha dicho en plaza pública y cómo lo ha dicho, evidentemente su discurso está atravesado por el odio de clases, una visión según la cual los pobres son los buenos y los ricos son los malos. Y la clase media, es un estorbo. Si no eres pobre no haces parte del pueblo, es más, podrías ser declarado enemigo del pueblo. Aunque trata de aminorar el efecto de su formación comunista, es parte de su historia y un aspecto innegable que debe tomarse en cuenta. Para acabar de rematar tiene como grandes modelos "democráticos" a Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Raúl Castro. Es inadmisible. ¿Queremos otros cuatro años de Paz Total, de territorios gobernados por la guerrilla y de un sistema de salud cada vez más colapsado?


La paz y la justicias social que tanto anhelamos se lograrían si volviéramos a Dios y si nos dejáramos guiar por los cuatro principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia: Dignidad de la Persona, Bien Común, Solidaridad y Subsidiaridad. Desafortunadamente estamos muy lejos de ese camino, al menos como sociedad compacta.


Las opciones que quedan son: Sergio Fajardo Valderrama, Claudia López, o el voto en blanco.

😔 ❓


Muchos católicos dicen que votarán por Abelardo porque supuestamente es el único que defiende la vida y la familia. Yo los comprendo, pero ese no puede ser el único criterio para elegirlo a él. Aunque otro motivo que los lleva a quererlo como Presidente es creer que él acabará con la guerrilla de un solo tajo. ¿En serio queremos una guerra fratricida donde muy posiblemente también mueran inocentes?

Desde la perspectiva de los aspectos morales, al parecer, no hay otras opciones, pues todos los demás, de una u otra manera, defienden el aborto y la eutanasia como supuestos derechos fundamentales. Sé que apoyar esta postura es una equivocación antropológica y ontológica, pero tampoco puedo apoyar la mentira, ni puedo elegir como presidente a un machista, misógino, egocéntrico y elitista que tan pronto esté en el poder empezará a cerrar noticieros, perseguirá con sevicia al Pacto Histórico y a cualquiera que se diga ser de izquierdas. Eso no, yo no lo puedo apoyar.


Las otras opciones que podrían llevar a Colombia a un terreno de progreso y de menos confrontación, apoyan el aborto, la eutanasia y la conversión de género. Aspectos con los que, como católico, no puedo estar de acuerdo. Desde mi conciencia, prefiero, no obstante todo, elegir a alguien que, posiblemente pueda bajar los decibeles de la polarización, gestionar con más acertividad el problema de la seguridad y reestructurar el sistema de salud. Pienso que esa persona sería Sergio Fajardo, aunque no sea totalmente de mis afectos.


En el caso hipotético, aunque demasiado improbable a este punto, que él quedara de Presidente, estaría atento a su gestión y buscaría cualquier ocasión que se presente para alzar mi voz en pro de la vida, y en contra del aborto, la eutanasia, las operaciones transgénero y el extractivismo irracional.

20 de mayo de 2026

Sobre las escuelas rurales en Colombia

La realidad desconectada de las escuelas rurales en Colombia.

¿Falta voluntad política o el reto supera la capacidad actual del Estado?

En tiempos de IA hay escuelas en Colombia, en todos los países de América Latina y en otros muchos países del mundo (como China) donde no hay computadoras suficientes y ni siquiera acceso a internet.


Desde hace poco más de tres años he tenido la oportunidad de acompañar, en la realización de su proyecto de posgrado, a docentes-estudiantes que cursan el Máster en innovación educativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), entidad que tiene, hoy por hoy, gracias a diferentes convenios con el MEN y con algunas gobernaciones, una fuerte influencia en la formación especializada de docentes, sobre todo del sector público, en Colombia.

En mi función como tutor/director de Trabajos de Fin de Máster (TFM) debo atender a los estudiantes personalmente (de manera virtual) al menos cuatro veces durante el tiempo que dura su proceso en el desarrollo de este trabajo (4 a 5 meses); estos TFM suelen ser una propuesta pedagógica basada en metodologías activas y enfocadas en mejorar procesos específicos de aprendizaje.

Un número significativo de los estudiantes/docentes que he podido orientar en este máster, trabajan en escuelas rurales de Colombia, algunos en las zonas más apartadas del país. De hecho, entre mis estudiantes hay varios que desarrollan su labor docente, con amor, con compromiso y con escasos recursos, en veredas de Cauca, Boyacá, Santander, Meta, Casanare y Cundinamarca. Ha sido una oportunidad única para acercarme a la realidad del país.

He podido comprobar, de primera mano, que la mayoría de las y los docentes que hoy trabajan en escuelas rurales lo hacen, como se dice coloquialmente, con las uñas, con escasos recursos materiales, con deficiencias en el servicio de energía, sin posibilidad de tener suficientes computadores en sus instituciones, y mucho menos una conexión decente a internet. Eso sin contar las situaciones de violencia armada, violencia intrafamiliar, abusos de diverso tipo y consumo de drogas, entre otros problemas. Hace poco una estudiante del máster, quien trabaja en una escuela rural del Pacífico colombiano, a la que solo es posible acceder por vía fluvial, me decía: “profesor, créame, esto es otro mundo”.

Según un informe de “Colombia Aprende”, en el año 2021, solo un 22,7% de las escuelas rurales contaban con acceso a internet. A pesar de los esfuerzos del MinTIC, la situación está todavía muy lejos de ser la ideal. De hecho, según un informe más reciente del Laboratorio de Economía de la Educación, de la Universidad Pontifica Universidad Javeriana (2023), se estima que un 79,8% de las escuelas rurales no cuentan con acceso a internet y el 59,7% no cuenta con aulas de informática. Hay múltiples factores que pueden explicar esta realidad desconectada: obstáculos geográficos, falta de voluntad política, mala gestión o falta de recursos económicos, insuficientes políticas públicas y/o herramientas para implementarlas, etc.

En cuanto a la capacitación de los docentes, de acuerdo con el mismo informe de Colombia Aprende (2021, sept.), entre los docentes de escuelas rurales, solo el 75% tiene títulos profesionales, mientras que, en los colegios ubicados en zonas urbanas ese porcentaje llega al 91%. De otra parte, según Uribe-Zapata et al. (2023), solo el 61% de los docentes rurales tienen algún posgrado, “mientras que el 39% restante se reparte así: el 27% cuenta con especialización y el 12% tiene maestría”. En cuanto al uso pedagógico de las TIC, estos mismos autores reportan que un 47% de los docentes las usan para organizar su trabajo, un 33% en procesos de interacción, que incluye uso del correo electrónico, “realización de trabajo colaborativo, tutoría con padres, utilización de foros, utilización de chats, uso de redes sociales (…)”, y un 27% las usan para recursos y aplicaciones en línea.

De mi experiencia, debo anotar que aún los docentes con posgrado que trabajan en escuelas rurales, en su mayoría, no tienen un dominio alto en el manejo de las herramientas TIC, aunque muchos de ellos realizan su formación posgradual de manera virtual. Esto significa que la formación en el uso de las TIC aún es deficiente.   

En medio de esta realidad crítica, hay aspectos positivos; además de las políticas públicas encaminadas a fortalecer la educación rural ya existentes y otras que se han desarrollado recientemente, el actual gobierno ha aumentado la inversión en este sector; así, en 2024 se entregaron 78.060 computadores a instituciones educativas de pequeños municipios y se instalaron 2.375 antenas para conectar escuelas rurales. Y el MinTIC tiene en marcha el proyecto Escuelas Potencia Digital, que proyecta llevar internet a cerca de 3.082 sedes educativas en zonas rurales ubicadas en 399 municipios del país. Esperemos que esto se haga realidad.

En este contexto de desigualdades educativas, surge, inevitablemente, una gran pregunta: ¿Cómo superar estas brechas abismales?

Si te interesa el tema, puedes leer una versión mejorada de este artículo en la plataforma de Substack


Jaime Borda Valderrama

Doctor en Ciencias Sociales de la UPNA

Coordinador proyectos solidarios en Escuela Sol Naciente (Colombia)

Asesor/director de TFM en la UNIR y la VIU (España)

Tutor del Doctorado en Educación de UMECIT (Panamá)

 

Referencias

Uribe-Zapata, A., Zambrano-Acosta, J. F., & Cano-Vásquez, L. M. (2023). Usos educativos de TIC en docentes rurales de Colombia. Revista de Investigación, Desarrollo e Innovación13(2), 287-298.

Colombia Aprende. (2022, 21 de septiembre). La educación rural, un gran desafío para Colombia. Ministerio de Educación Nacional. https://www.colombiaaprende.edu.co/agenda/tips-y-orientaciones/la-educacion-rural-un-gran-desafio-para-colombia

Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. (2023, octubre). Características y retos de la educación rural en Colombia (Informe No. 79). https://lee.javeriana.edu.co/w/lee-informe-79

30 de abril de 2026

Los grandes retos de la educación inclusiva.

Una breve reflexión de un padre-educador.

Como quizá muchos sepan, tengo la dicha y la fortuna de tener una hija con Síndrome de Down con todo lo que eso significa. Y de otra parte, por cosas del destino, o mejor decir, por diosidencias, han llegado a mis manos algunas tesis y algunos artículos relacionados con el tema de la discapacidad y por tal motivo me he visto "obligado" a estudiar sobre el tema desde tres perspectivas interconectadas: desde lo pedagógico, lo sociológico y lo jurídico (o mejor, desde la ciencia del derecho). Ha sido inevitable no cuestionarme y al mismo tiempo no sentirme atraído por estos temas.

Por mi formación y por mi experiencia, suelo además leer y reflexionar sobre la educación en general (desde diversas ópticas) y, por supuesto, también leo, reflexiono y escribo, ocasionalmente, sobre el tema de la educación inclusiva. A raíz de las últimas lecturas que he tenido la oportunidad de hacer, me han surgido algunas reflexiones que hoy quiero compartir con todos aquellos que puedan estar interesados en esta temática tan bonita y tan llena de preguntas. 

Como lo he dicho en otras ocasiones, "la educación es un arte, y no sería exagerado afirmar que es un arte de los más complejos"(1), porque se trata de formar seres humanos en todas sus dimensiones, no solo en lo académico, sino también en lo físico, emocional, ético y relacional. Esto, ciertamente, no es una tarea sencilla, ni mucho menos (1).

Una educación responsable, y de calidad debe apuntar a una formación integral y holística del ser humano y esto implica, entre otros aspectos, fomentar en los niños, las niñas, los adolescentes y los jóvenes, la observación, la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico, así como la empatía, la compasión, el razonamiento ético, un sentido de la corresponsabilidad y una conciencia de lo que significa ser ciudadanos globales hoy (2)

Además de todo lo anterior, la educación, como lo señala García Castillo, “es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura. Debe ser de calidad, equitativa, accesible y garantizar la permanencia”.(3) 

Con todas estas premisas queda suficientemente claro que educar no es una tarea sencilla, y que la educación, como derecho y como posibilidad es un bien inmaterial de la humanidad que debe beneficiar a todas las personas de cualquier país, ciudad o región del mundo, independientemente de su origen, sus creencias y su condición física y/o cognitiva.

Es importante reflexionar
 sobre lo dicho en los párrafos anteriores y cuestionarse lo que eso significa, sea que uno haga parte del mundo de la educación o no. Huelga decir que quienes no hacen parte, o no han tenido ninguna experiencia directa con este mundo de la educación, deberían reflexionar el doble antes de opinar. En cualquier caso, vale la pena, cada tanto, hacer una pregunta como la siguiente: ¿Qué tanto se asemeja a esa descripción y a esas cracterísticas, el sistema educativo en general, o el colegio o la universidad que usted conoce mejor? Acercarse a una respuesta razonable y razonada debería hacernos ver que educar, hoy por hoy, es -de verdad- un arte, y también es una responsabilidad y un desafío.

Tomada dehttps://www.linkedin.com/pulse/educaci%C3%B3n-inclusiva-2024-abigail-ariadna-pamela-aponte-berdejo-v4xfe/

Hay una pregunta que muchos pedagogos y psicólogos se han hecho: ¿todas las personas necesitan el mismo tipo de educación? La respuesta sencilla y directa es: No. Eso aumenta el nivel de complejidad, en especial para los docentes. Y eso no es todo, hay interrogantes aún más difíciles por resolver: ¿Qué sucede con las personas con funcionalidades diversas? ¿Qué tipo de educación necesitan realmente? Para poder responder a estas preguntas es primero necesario entender que la discapacidad tiene múltiples manifestaciones y cada una de ellas presenta necesidades diferentes, en todas las dimensiones. Desde el punto de vista educativo esto significa que cada discapacidad necesita abordajes pedagógicos diferentes. A nivel general cada persona aprende de una manera diversa y aunque puede compartir ciertas características cognitivas con otras personas, cada quien se acerca al conocimiento y logra desarrollar sus propias habilidades de forma diferente. Esto es aún más cierto en las personas con discapacidad. No aprende igual, ni interpreta la realidad de la misma forma, una persona con discapacidad visual que una persona sorda o alguien con espectro autista, o con Síndrome de Down, o con discapacidad psicosocial, por ejemplo. En síntesis, desde el punto de vista pedagógico, cada tipo de discapacidad requiere abordajes diferentes para lograr aprendizajes significativos.


La educación inclusiva como tal es aquella que ofrece oportunidades de formación a todas las personas, en especial a las personas con discapacidad y para ello, como lo subraya la Convención de los derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, el sistema y las instituciones educativas deben realizar las adaptaciones y acomodaciones necesarias en términos de "contenidos, métodos de enseñanza, enfoques, estructuras y estrategias pedagógicas para superar las barreras  con una visión que sirva para brindar a todos los estudiantes del rango de edad correspondiente una experiencia y un entorno de aprendizaje equitativos y participativos"(4). 


La educación inclusiva no significa simplemente tener niños, niñas y adolescentes con discapacidad sentados en un salón de clase. Y tampoco se puede entender como una obra de caridad; la educación inclusiva es un derecho y un deber moral de toda la sociedad. Aquí quiero subrayar que la educación no solo es responsabilidad de los docentes y de las directivas (de colegios y universidades), es responsabilidad de toda la sociedad, empezando por las familias con niños y niñas escolarizados.(1)  

Ofrecer una educación de calidad, justa y equitativa, para las personas con discapacidad significa ofrecer un espacio inclusivo donde la persona pueda relacionarse con otros y desarrollar todas sus capacidades, de acuerdo con sus circunstancias y condiciones funcionales. Ofrecer estos espacios inclusivos requiere disposición, voluntad y recursos materiales y económicos. En Colombia estamos aún muy lejos de lograr una plena educación inclusiva. Según informes recientes, más del 50% de la población con discapacidad en edad escolar, está por fuera del sistema. Y los que están, en muchos casos no reciben lo que realmente necesitan. 

Adicional a los retos que comporta la educación inclusiva, hay otro factor esencial que merece una reflexión mayor, si se quiere, y es la necesidad imperiosa de crear una sociedad inclusiva donde todas las personas con discapacidad sean acogidas con normalidad y donde todas tengan una oportunidad de contribuir, de una u otra manera, a la sociedad en la que viven. ¿Cómo podemos hacerlo? ¿Por dónde empezar? 


Jaime Borda Valderrama
Asesor de proyectos de investigación

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