4 de febrero de 2026

Primero miro el móvil, luego ya veremos

Entras a una cafetería o a un restaurante y es cada ves más común ver parejas de amigos ¿o novios? concentrados cada uno en sus pantallas. O hasta familias enteras que no se hablan, cada uno está pegado de su móvil. Esos aparatos nos han robado no solo la capacidad de atención, como lo señala Johann Hari, sino nuestra humanidad completa.  


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- Amor, quieres ir al cine.

Mientras mira su celular, el muchacho le responde que tal vez, pero sin mucho entusiasmo y sigue scrolliando.   

- Oye... te estoy hablando... 

- Perdón, amor, es que hay muchas noticias importantes en Instagram.  

-Claro... me imagino

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- Mamá, mamá, yo quiero salir a jugar al parque 

- Sí, sí, haz lo que quieras

- Pero quiero ir contigo...

- ¡No ves que estoy ocupada!

La niña se queda triste. La mujer ni siquiera se da cuenta. Está embebida en su celular, scrolliando

Pero, ojo. Esto también sucede con los papas, no es algo exclusivo de las madres.  

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Tomada de: https://revistapersonae.com/miscelaneo/practicas-phubbing/

¿Te has dado cuenta que ahora todo el mundo, incluido tú, priorizamos la pantalla del celular (o del móvil, como le dicen en España) sobre las personas, incluyendo a nuestros hijos? ¿Sabías que este fenómeno, cada vez más extendido, se llama: "phubbing", que traducido al español sería algo así como "ninguneo digital"? 

Las benditas pantallas absorben por completo nuestra atención y nos alejan cada vez más de lo que realmente importa. Muchos estudios recientes se han concentrado en analizar los efectos negativos del uso desmedido de las redes sociales en los niños y en los adolescentes, pero aún son pocos los que analizan el uso de las redes en adultos-jóvenes, en especial en padres y madres jóvenes que también viven enganchados al celular, tanto que ningunean a sus propios hijos, casi sin darse cuenta. En la mayoría de los casos puede ser algo inconsciente, pero eso no le quita importancia a este fenómeno que nos aleja de quienes queremos y que deberían ser lo más importante para nosotros. La realidad es abrumadora. Los padres y las madres no miran ni escuchan a sus hijos por estar pendientes de su celular. A veces son cuestiones realmente importantes, pero en muchas ocasiones simplemente es que están (estamos) completamente absortos en practicar el scrolling infinito, en las redes sociales, alimentando innecesariamente y sin sentido, la dopamina.    

Surgen muchas preguntas: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué priorizamos las pantallas sobre las personas, incluso sobre nuestros hijos e hijas? ¿Somos conscientes del daño que les hacemos y que nos hacemos? (Creo que no, todavía no nos hemos hecho conscientes). 

Varios autores hacen ver que la tendencia "moderna" de los padres y las madres a mirar el teléfono mientras hablan con sus hijos e hijas, o, peor aún, a ignorarlos/las, por estar mirando el teléfono, genera problemas de interacción con los hijos y, por supuesto, trae consecuencias negativas para los niños, las niñas y los adolescentes en general. 

Casos se han visto y se ven cada vez más. ¿No te ha pasado algo así? 

Ves dos personas sentadas o hasta más y todas pegadas del teléfono. Parecen zombies de verdad. Te acercas un poco y ¡oh sorpresa! ¡Se están escribiendo mensajes entre ellos! De verdad, es increíble. Prefieren usar el "smartphone" para comunicarse que mirarse a los ojos y hablar. Parece una escena distópica, pero no lo es. Es una escena absurda, al menos para mí, pero lo más terrible no es que sea absurda, sino que se ha normalizado. Las personas (no solo los más jóvenes) preferimos "hablarnos" por mensaje de texto, que hablar cara a cara, o incluso llamar por teléfono y escuchar la voz del otro. Ya no nos gusta llamar, nos genera miedo, o pereza, o escozor o algo así.   

¿Y tú, te quedas tan tranquilo? 

¿Cómo contrarrestar los efectos de esta distopía loca y sin sentido? Resulta todo un desafío. 

Necesitamos reeducarnos en la voluntad y re-aprender a valorar lo que realmente importa. 

 ¿Y tú, qué piensas?

Tomada de: https://www.istockphoto.com/es/vector/phubbing-gm500989814-81097829

Autor: yo, Jaime (Dono).

20 de enero de 2026

20 de enero de 2026 - Necesitamos desaprender


No sé si a más de uno le haya pasado o le esté pasando. Me ha costado mucho retomar el ritmo de trabajo en este 2026 y eso que ya estamos a 20 de enero. ¿En qué momento llegamos hasta acá? 

Mi cuerpo quizá pide aún un poco más de descanso o las pantallas y las redes sociales han terminado cocinando parte de mis neuronas y están atrofiando mis músculos. Por momentos siento que es más lo segundo que lo primero y eso me espanta, pero también me ha puesto a reflexionar y he tenido que volver a preguntarme: ¿esto es lo qué quiero? ¿qué quiero exactamente para este año, para mi vida? Son preguntas que uno debe hacerse cada tanto, no solo al final  de un ciclo o al principio de un nuevo año. 

✋Mientras busco dentro de mí la respuesta a estas preguntas, me han surgido algunas ideas disruptivas

💬 Necesitamos desaprender la dependencia que hemos generado por la tecnológica y (re)aprender a reconectar con nuestro pensamiento, con nuestro interior. Esto requiere silencio. 

💬 Necesitamos desaprender el uso desmedido de las redes sociales y (re)aprender a relacionarnos como seres humanos, cara a cara, sin pantallas. Esto requiere tiempo y capacidad de desconexión. 

💬 Necesitamos desaprender que el dinero no puede ser el motor de una vida, ni la razón principal para trabajar, y (re)aprender que la vida vale la pena si la usamos para servir a otros. 

💬 Necesitamos desaprender la mentira que nos han vendido sobre la felicidad como mercancia de consumo y (re)aprender que el dolor es el que forja el carácter y nos enseña el valor verdadero de la vida. 

💬 Necesitamos desaprender esa manía del quererlo todo para ya, a un simple clic de distancia y (re)aprender el valor de la lentitud, de ir despacio, sin prisas, sin afanes.    

💬 Necesitamos desaprender el impulso de vivir solo para nosotros mismos y (re)aprender a ser seres humanos, capaces de sentir afecto y empatía por otros. Esto requiere capacidad de autocontrol y saber salir de uno mismo.    


Otro mundo es posible, pero es necesario poner empeño y determinación para generar los cambios que se necesitan. ¿Lo crees? 



Hoy, elevo, una vez más, una oración por todos los presos políticos de Venezuela, Cuba, Nicaragua e Irán, y por todos los cristianos perseguidos en el mundo. 




13 de enero de 2026

13 de enero de 2026 - De nuevo, la incertidumbre

Estamos casi a mitad de enero y no sé muy cómo llegamos tan rápido hasta aquí... Estos primeros días se pasaron en un parpadeo. 

El tiempo de descanso, primero en Pereira y luego en Cartago, me logró sacar de la rutina y alejarme de mi cotidianidad y... también de mis responsabilidades. Realmente necesitaba desconectarme, cambiar de aires, pero ahora no logro centrarme plenamente en los proyectos que tengo pendientes. Son pocos, pero todos importantes. 

Miro lo que he logrado hasta ahora en mi vida y, aunque me parece increíble, también se ve, al menos desde cierta perspectiva, como poco, en apariencia sin mucho valor. No soy una persona reconocida, ni tengo la estabilidad económica que una sociedad capitalista demanda. No obstante, tengo otras cosas que son aún más importantes y poco valoradas, una linda familia y una casa amplia donde cabemos todos. No me falta comida, ni ratos de diversión. Además tengo muchos libros. También unos pocos amigos, muy pocos, pero a los que veo muy de vez en cuando. Eso hay que corregirlo. 

Como quiera que sea, el futuro se antoja incierto como lo ha sido casi toda mi vida. Nunca sé con certeza lo que me puede deparar el mañana, menos aún lo que puede suceder la próxima semana, ni qué decir del próximo mes. La incertidumbre es más alta cuando eres independiente o semi-independiente, como me pasa a mí. Supongo que no soy el único que experimenta esa sensación por estos días.  

Este año es año de elecciones en Colombia y eso lo hace particularmente especial. El futuro del país está en juego. De eso no me cabe la menor duda. Aún no he tomado una decisión sobre por quién votar. Sigo escuchando opiniones, leyendo algunos artículos, analizando candidatos y posibilidades de futuro para Colombia. Los que me conocen saben que normalmente estoy dispuesto para hablar de política, pero siempre desde el respeto. 

Y entre tanto, el mundo sigue bajo fuego, con un panorama más bien gris oscuro, pero con algunos destellos de luz. No hay certeza sobre lo que puede pasar en Venezuela, en Irán o en Gaza. Sigue además el exterminio de cristianos en Nigeria. Estallán bombas en Alepo y mueren de hambre cientos de personas en Haití, en Cuba y en tantos rincones olvidados del planeta. Se habla de una tercera guerra mundial. El mal se apodera del mundo y a veces cuesta no preguntarse: ¿Y dónde está Dios? ¿Por qué no derriba del trono a los poderosos como dijo María que Él lo haría? No entiendo nada y siento unas enormes ganas de gritar y de llorar ante tanta barbarie e ignomia. 

 

 

6 de enero de 2026

6 de enero de 2026 - Indignación


El mundo sigue bajo fuego. Guerras, terror, silencio. 

En Colombia solo se habla de Venezuela, de la captura del dictador y de la supuesta invasión de Estados Unidos, el pasado 3 de enero. Pero hay otros puntos de la tierra que también viven bajo alguna tiranía, aunque poco se hable de ellos: Nigeria, Cuba, Irán, Nicaragua, Rusia, Corea del Norte, Gaza, Sudán... Pero los medios hegemónicos ahora solo hablan de Venezuela. Una prueba más de la parcialización y tendencia inmoral de los grandes medios de comunicación.  

El bombardeo incesante de información en las redes solo deja una certeza: todo puede pasar, no solo en el país vecino, sino en todas partes.

En lo personal, procuro mantener la calma, buscar el equilibrio, aunque no es tan sencillo. Sufro por los presos políticos, por los cristianos perseguidos, y por tantas injusticias que se llevan a cabo en todos los rincones del mundo. Las decisiones intempestivas del señor Trump también me preocupan, pero no me desvelan, no todavía. 

Se alzan voces de indignación por "el secuestro" del tirano, pero nadie, o casi nadie, protesta por las torturas sistemáticas que se está ejecutando ahora mismo en El Helicoide y en otros centros de tortura del país bolivariano, y ni que decir de las cárceles de Cuba, Nicaragua o Nigeria. Esas injusticias que degradan la dignidad humana no son objeto de marchas, ni de comunicados, ni de airadas protestas contra las indiscutibles, pero invisibilizadas, violaciones de los derechos humanos. Me resulta difícil entender estas posiciones.

¿Qué puedo hacer desde este rincón del mundo donde ahora me encuentro, además de orar por los que sufren? Mantener viva la esperanza. 


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3 de enero de 2026

3 de enero de 2026 - Incertidumbre

Hoy, sábado 3 de enero amanecemos con la noticia más esperado de los últimos años, el dictador Nicolás Maduro ha sido capturado por fuerzas especiales de los Estados Unidos. Para muchos es una gran noticia, para otros, no tanto. Aún no canto victoria. 

Mientras en Caracas y sus alrededores habrá un ambiente de tensión y de esperanza contenida, yo escribo estas líneas desde un espacio donde pareciera que el tiempo se ha detenido, un pequeño estudio algo desordenado, con muebles del siglo pasado, una silla que debe tener al menos cincuenta años, algunos libros de medicina natural, carpetas dispersas, y frente a mi, un paisaje de varios verdes, con abundantes flores pequeñas de un color rosado fuerte y otras fucsias. Todo aquí es quietud, silencio, paz, calma, sosiego, mientras en otros rincones del planeta, el mundo arde... Venezuela, Ucrania, Nigeria, Irán... Dicen que se avecina la tercera guerra mundial. Dios nos libre.   

Deseo paz para todos. Sin embargo, me parece que el mundo no sería mundo si no hubiera caos e incertidumbre. Las condiciones adversas nos impulsan a los creyentes a mirar al cielo, a fortalecer la fe, a alimentar la esperanza y a seguir amando, porque el amor, al final del día, es lo único que cuenta, lo único que queda.    

Ahora mismo no sé que me depare este año, pero deseo que sea un tiempo lleno de bendiciones para mí y para mi familia. De seguro también habrá obstáculos y pruebas por superar. Tengo varios propósitos que por ahora no escribo, pero que están impresos en mi corazón desde hace un tiempo. Ya llegará el momento de escribirlos, y será pronto, no por los demás, ni siquiera por mis hijos y mi esposa, sobre todo por mí.   

Cada día es una oportunidad para aprender, para amar, para soñar. 




   


Primero miro el móvil, luego ya veremos

Entras a una cafetería o a un restaurante y es cada ves más común ver parejas de amigos ¿o novios? concentrados cada uno en sus pantallas. O...