22 de diciembre de 2023

Extraviados

Estamos perdidos

en el laberinto de nuestros pensamientos.

Todo es difuso.

El cielo azul es gris.


Nos abruma la angustia de lo incierto, 

del ayer mal vivido, y sus consecuencias.


La bondad y la ternura,

la alegría inocente,

han huido en estampida,

dejando el corazón vacío. 


Decisiones equivocadas 

traen bruma y desconcierto, y

una lucha interna entre el sí y el no. 


Buscamos la felicidad

en paisajes efímeros

en instantes sin huella

en abrazos vacíos. 


Jaime Borda V.

22-dic-2023


13 de diciembre de 2023

Necesito tiempo (micro cuento)


* Solo quiero tener tiempo
- ¿Para qué?
* Bueno, para disfrutarlo, para no pensar, para desconectarme
- En ese caso lo que necesitas no es tiempo, es voluntad y coraje para cortar con todo lo que te ata y darte la oportunidad de no hacer nada, o simplemente salir a caminar, sin rumbo fijo.
* Estas loco... caminar sin rumbo fijo. (Soltó una carcajada de liberación)
- No, no, tú estás loco o, peor aún, no entiendes que estás subyugado por tus pensamientos y por las circunstancias.
Silencio
* Caramba. Caramba. Quizá tengas razón.
- Por supuesto que tengo razón.

El sol se ocultó una vez más, dejando tras de si una estela de colores pálidos. El día se había ido y él, como otros muchos, seguía naufragando entre divagaciones incongruentes, sin apenas darse cuenta de lo que está pasando. 

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9 de diciembre de 2023

Nos han subyugado

 ¿Subyugados?


Vacío
Nada
La carrera nos absorbe El desenfreno nos enajena Las pantallas nos roban el tiempo

Vacío

Nada

Ya no hay tiempo

ni para perderse,

ni para encontrarse .


Vacío

Nada

El alma está en silencio

El espíritu ya no habla

La mente está perdida


Vacío

Nada

Desde algunas ventanas

ni siquiera el cielo asoma

y la calle apagó las estrellas.


Necesitamos volver al principio

A la esencia y al sentido

A caminar despacio

A disfrutar de la sombra de un árbol

De un paisaje real, sin wifi



Jaime Borda V. (9-dic-2023, 14:40)


2 de noviembre de 2023

Sin remedio


Sin remedio 


Estamos perdidos,

nos han robado la racionalidad,

y el pensamiento,

la capacidad de preguntar y de dudar.

Creemos todas las mentiras,

nos seducen el dinero, las viandas y el poder;

nos embriagamos con pasajeras ilusiones.


El brillo del mundo es una falacia,

pero su luz enceguece, adormece y 

casi aniquila las conexiones neuronales. 


Los caudillos endulzan los oídos 

del pueblo adormecido. 

Las promesas vanas se abren paso

entre el fango de la ignorancia; 

y obnubiladas por ellas

las gentes aplauden felices a sus farsantes,

esos mismos que hoy les dan un plato

para quedarse mañana con toda la cosecha. 

 

El fatuo poder que da una cierta posición,

encandila aún a los más titulados. 

Y el dinero fácil que el poderoso ofrece,

entorpece todavía más al ignorante. 

De nada sirve una democracia  

enjaulada entre mentiras y 

maquiavélicas complejidades.


¿Lograremos un día al monstruo vencer?

¿Cómo haremos para que la vela se vuelva faro? 

¿Cómo despertaremos las consciencias dormidas?

¿Cómo instalaremos el reinado de la moral y la ética?

¿Y el reinado del Amor? 


Esta patria necesita de otro pueblo.  


Por: Jaime Borda V.  (Dono)


14 de octubre de 2023

La necesidad de adquirir conciencia política

 


Estamos ya a pocos días de celebrar en Colombia las elecciones territoriales en las que el pueblo, libre y soberano, habrá de elegir democráticamente a los nuevos representantes a alcaldías, concejos municipales, gobernaciones y asambleas departamentales que dirigirán, para bien o para mal, los destinos de los territorios que componen la variopinta y maravillosa geografía colombiana.

Por lo tanto, estamos ante una nueva oportunidad para renovar a la clase política. Sabemos que nuestro sistema democrático es imperfecto, pero al menos aún tenemos democracia. Sin embargo, el panorama no es halagador, entre otros motivos por la corrupción y la violencia que se ensañan contra la población civil de esta sufrida y confusa nación latinoamericana.

El problema de la corrupción es profundo y complejo. Hace parte de la cultura y por eso mismo es más difícil de erradicar. Se ha normalizado a tal punto que a muchos ya ni les importa, o simplemente prefieren bajar los brazos y hacerse los de la vista gorda. El poder del dinero para compararlo “todo”, incluyendo las conciencias, es aplastante.

Pero la corrupción en si misma no es el problema mayor, sino las consecuencias de su ejercicio cotidiano; y una de las más graves es todo lo que genera en el ámbito de la política y que se pone de manifiesto en las épocas electorales como la que estamos viviendo ahora. Es común oír hablar de las “maquinarias”, como algo “normal”. Esas maquinarias que hacen que los corruptos, que los mismos de siempre, se perpetúen en el poder de una u otra manera, es decir, directamente o por medio de terceros. Y, por alguna razón inexplicable, muchas personas siguen creyendo que esa es la mejor o la única manera de ejercer el poder en nuestro país. Esta creencia, junto con las maquinarias, permite que hoy muchos políticos con denuncias por corrupción estén participando en la contienda electoral y que además tengan muchas posibilidades de ganar, según dicen las encuestas.

Clara muestra de ello son: el señor Jorge Rey en Cundinamarca y el señor Alejandro Char en Barranquilla, solo por nombrar dos casos bien reconocidos a nivel nacional. Es de público conocimiento que estos personajes han logrado llegar a donde están gracias a sus maquinarias políticas y a que han comprado a muchas personas con su dinero, o han pagado comisiones en ocasiones anteriores, y/o prometen pagarlas, a costa del erario público. Y, no obstante, a pesar de tener conocimiento sobre estos hechos, hay personas que se dejan llevar por la corriente y terminan votando por cualquier candidato mercachifle, sin hacer mayores reflexiones sobre las consecuencias presentes y futuras de su decisión inconsciente (o quizá, sea consciente y no les importe).

Ciertamente, no es fácil terminar con este flagelo, aunque muchos lo anhelan y un buen número de candidatos lo prometen como parte de sus campañas. Conociendo la historia y teniendo claridad sobre el hecho innegable que se trata de un aspecto cultural, ya sabemos que en tres o cuatro años el problema no se soluciona. Por supuesto, es necesario apuntar a erradicarlo y trabajar desde ahora por conseguir este noble propósito, pero teniendo presente que la tarea no es sencilla.   

¿Pero habrá una fórmula efectiva para acabar con la corrupción en Colombia? La respuesta es más bien sencilla: sí, mediante una buena educación que además de enfatizar en los valores (como la honestidad, la justicia, el respeto, la fraternidad y la responsabilidad), promueva el sentido de una ciudadanía activa y una democracia relacional participativa. En este sentido, el sistema educativo en general y las instituciones que imparten educación en cualquier nivel, en particular, han de inculcar el sentido de la corresponsabilidad ciudadana, así como el concepto y la praxis de la co-gobernanza. De otra parte, quiero señalar que la norma que obliga a los colegios a elegir consejos estudiantiles no ha incidido suficientemente en el sentido de democracia, y esto se corrobora por el hecho de que muchos jóvenes siguen viendo la política y la democracia en sí misma como algo lejano, que no tiene que ver con ellos. Prueba de esto es el absentismo en las elecciones y el hecho vergonzoso de que en muchas regiones sigan reinando, con casi total impunidad, las viejas castas políticas que han llevado a la nación al estado en el que se encuentra.

La democracia relacional participativa implica que los ciudadanos no se limitan a ejercer el derecho al voto, sino que lo hacen de manera consciente y responsable, y que, además, se involucran en las decisiones políticas, haciendo veeduría ciudadana o participando en las asambleas departamentales y/o en los concejos municipales, al menos de vez en cuando. No podemos seguir siendo indiferentes ante las malas decisiones o a ante las actuaciones nada éticas de quienes nos gobiernan. De otro lado, como su nombre lo indica, este concepto de democracia implica tener en cuenta al otro, le da un valor e invita a relacionarse y a dialogar con otros, independientemente de su postura política. La democracia no es perfecta, pero es perfectible y ofrece mecanismos de participación que deben aprovecharse más y mejor.

Cambiar la cultura de la corrupción no es una tarea sencilla, ni se logra con paños de agua tibia; tampoco hay baritas mágicas para borrarla del panorama nacional. Necesitamos un cambio radical de actitud y eso solo se logrará en la medida en que los adultos nos hagamos más conscientes y responsables, y en la medida que se configure un sistema educativo que promueva el pensamiento crítico, la creatividad (necesaria para imaginar y construir un mundo diferente) y el sentido de corresponsabilidad. Hay otras habilidades que la escuela debe inculcar, ciertamente, pero por ahora, quiero resaltar solo estas tres. Que continúe el debate.   

 

Jaime Borda Valderrama

14 de octubre de 2023 



Una nueva revolución

En esto tiempos de inteligencia artificial en los que todo parece poder resolverse con una pregunta medianamente bien hecha (a una máquina) ...