31 de julio de 2022

Algunas claves para consolidar la anhelada paz

Cada tanto me hago algunas preguntas como estas: ¿Sí tenemos ya algunas carreteras de 4a generación, por qué sigue siendo tan difícil que los campesinos tengan unas mejores condiciones de vida? ¿Si hemos logrado destacar en campos como la ingeniería o la medicina, por qué resulta tan complicado crear una sociedad con más y mejores oportunidades para todos? ¿por qué es tan difícil vivir en paz en Colombia? Estoy seguro que no soy el único que se hace este tipo de cuestionamientos.

Ahora, no creo exagerar si digo que, al menos el 90% de los colombianos deseamos vivir en paz. Esta es una quimera compartida por un número significativo de connacionales, no tengo la menor duda. ¿Pero, por qué no lo logramos? ¿Será que este gran sueño depende solo de la voluntad de unos pocos, como el gobierno, las guerrillas, los paramilitares? ¿Qué tanto depende de la voluntad colectiva, es decir de nuestra voluntad, la de los ciudadanos de a pie? 

Muchas preguntas, ¿pocas respuestas? 




¿Será que nos falta bondad y sentido de solidaridad? Yo creo que sí, pero ciertamente no es esto la única causa, ni la principal. Me atrevo a enumerar aquí siete, que desde mi perspectiva contribuyen al estado actual de nuestra situación nacional de pobreza, desigualdad, subdesarrollo y violencia. 

1) La corrupción, ese virus enquistado que corre por las venas de un alto porcentaje de la población. Es importante aclarar y subrayar que esta terrible enfermedad no es exclusiva de los políticos. Se da en todas las esferas sociales, culturales y económicas. Pero, lo peor, es que parece que lo llevamos en la sangre. En fin, de  cualquier manera, es un comportamiento que se ha normalizado en nuestra sociedad colombiana, es decir se acepta como algo inherente a la cultura y aunque nos seguimos escandalizando ante algunas nefastas noticias que corroboran que en lugar de disminuir la enfermedad tiende es a crecer, en el fondo es lo "normal", tanto en contratos públicos como privados e incluso en situaciones cotidianas menores. Muchos creen que está bien hacer trampa, aumentar la factura, o falsificar una firma bajo ciertas circunstancias. Nos movemos, lamentablemente, dentro del marco de una relatividad moral y ética en el que todo cabe. Esto requiere una reflexión profunda que va más allá de la normatividad para combatirla o de impartir una asignatura de ética en colegios y universidades. 

2) La mala educación. Este tema daría para un largo ensayo, pero, por ahora, quiero enfocarme en algunos aspectos esenciales. La mala educación no tiene sus raíces solo en un sistema deficiente o en un currículo mal planteado. Si bien son aspectos importantes, el problema es más de fondo, está, al menos desde mi punto de vista, en la fragilidad y vulnerabilidad en que hoy se encuentra la familia como base de la sociedad y en la falta de valor que se le da a la docencia como profesión madre de todas las demás profesiones. 

Sobre este último aspecto es necesario puntualizar que esa falta de valor se ve reflejada en la deficiente formación del profesorado, en los malos sueldos que reciben y en el poco compromiso que algunos tienen con este noble oficio, quizá el más sagrado y valioso de todos los oficios. Ciertamente es necesario hacer reformas estructurales a la educación, reformas que incluyen no solo construcción de nuevos centros educativos, sino también repensar el currículo con una perspectiva de globalización, con una mirada claramente definida hacia el cuidado del medio ambiente, y que propicie la investigación (ya desde los colegios) en las diferentes áreas del conocimiento, así como el desarrollo del pensamiento crítico y el pensamiento creativo, tan necesarios para co-crear y transformar la sociedad.   

Dice Paulo Freire, el gran maestro de Pernambuco, que "La educación no cambia el mundo, pero cambia a las personas que van a cambiar el mundo"... ¿Qué tan cierto es esto? Para que esto se de tenemos primero que reflexionar sobre cuál es el tipo de educación que puede realmente cambiar a las personas, para bien, claro está. Surge aquí otra pregunta: ¿Qué tipo de educación se necesita para educar ciudadanos y ciudadanas de bien que sueñen, con el corazón y con la mente, con cambiar el mundo y actúen en consecuencia? 



3) Cultura de la violencia, falta de oportunidades y el dinero fácil. ¿Será que además de la corrupción, la violencia también corre por nuestras venas como una mala herencia de nuestros antepasados liberales y conservadores? Otro tema interesante para un buen debate. Si empiezo por mi propia historia diría que no soy lo que se dice una persona violenta, al menos no en el sentido más estricto. Es decir, muy posiblemente no sería capaz de hacerle daño físico grave a una persona cuyas palabras o actitudes me molestan mucho. De todas maneras, si puedo ser, an algunas ocasiones y solo con cierto tipo de personas, bastante hiriente y agresivo con mis palabras y con mis actos, sin llegar a ser violento físicamente. Pero también he conocido personas a las que les cuesta mucho controlar su ira y sus impulsos violentos ante ciertas situaciones que a mi modo de ver no son tan delicadas ni tan graves como para llegar a agredir a otra persona. 

Si analizamos nuestra historia resulta más que evidente el hecho de que la violencia es, tristemente, parte de la misma. El conflicto armado es una clara muestra de ello. A ese conflicto se suma la violencia desatada por el narcotráfico en la década de los noventa y que dejo una huella muy honda en nuestra sociedad y en nuestra cultura. El narcotráfico es fruto de una tendencia que tienen algunas personas a querer el dinero fácil, a un deseo insano de tener muchos lujos y privilegios a cualquier costo, sin importar los medios. Y por supuesto, no puedo dejar de mencionar la violencia callejera que azota varias de nuestras ciudades y algunas regiones, lo que ha hecho de nuestro país uno de los más inseguros del mundo. Es más, durante las últimas décadas hemos ocupado el deshonroso primer puesto como la nación más insegura del planeta. 

Todas las expresiones de la violencia en Colombia son, a mi modo de ver, fruto de la mala educación, la falta de buenas oportunidades laborales, la carencia de buenos líderes, la falta de identidad y una carencia total de principios por parte de un porcentaje más o menos significativo de la población.    

4) Un pensamiento tercermundista y derrotista. Muchos connacionales siguen creyendo que somos un país "subdesarrollado" cuando en realidad no lo somos. Muchos siguen creyendo que es mejor irse porque este país ya no tiene arreglo. Los políticos acaban con toda esperanza de un futuro promisorio como el que soñamos y nos merecemos. Aunque esto puede ser cierto, no podemos dejar nuestras vidas en manos de los politiqueros de turno. Por otro lado nos falta fomentar una ciudadanía activa que se interese por participar en política y transformarla. ¿Es un trabajo difícil? Sí, por supuesto que lo es, pero no es imposible. Sin embargo necesitaríamos aunar voluntades. Por fortuna este pensamiento negativista no lo compartimos todos, pero si hay muchos que nacen y mueren derrotados. Necesitamos cambiar esta forma de pensar. Y esto empieza por casa, con el decidido apoyo de la escuela, por supuesto. A mi modo de ver se necesitan escuelas de liderazgo especialmente dirigidas a las poblaciones más vulnerables, incluyendo en esto a jóvenes y adultos, a hombres y mujeres por igual.  

5) Una cultura de la pobreza. Esto va ligado al pensamiento tercermundista, pero es algo que se ha encarnado de manera diferente en las clases populares y en las clases altas. Los primeros creen que ese es su destino y que no pueden o, peor aún, no merecen cambiarlo. En los segundos está la idea de que los privilegios son solo para unos pocos y, los que tienen más poder hacen todo por quedarse en él eternamente sin importar los medios y explotando a los más vulnerables. Parece un círculo vicioso del que es prácticamente imposible salir. Sin embargo, no tiene porque ser así. La solución, en cualquier caso, no depende solo de programas de gobierno que de manera efectiva logren una mejor distribución de la riqueza, también es necesario cambiar mentalidades y empoderar, positivamente claro está, a los más vulnerables de la sociedad, tanto jóvenes (de ambos sexos), como a hombres, mujeres y personas de otras tendencias. 

6) La falta de compromiso político por parte de los ciudadanos comunes y corrientes. La realidad nos muestra que hay un porcentaje alto de la población (quizá por el encima del 40%, tomando como referente el abstencionismo en las elecciones) que tiene una postura de total indiferencia ante la política. Ven el tema como un sinónimo de corrupción y de discusiones estériles entre dos bandos opuestos: izquierda vs derecha (aunque quizá ahora son tres o hasta más). No entendemos que el verdadero sentido de la política es el servicio, buscar el bien común. La política significa también responsabilidad, honestidad y compromiso. Si se quiere acabar con la corrupción y con las clases políticas tradicionales los ciudadanos de a pie tenemos que participar en política y, aunque resulte una tarea titánica, igual debemos asumirla. Es mejor saber que se ha luchado por cambiar y no quedarse de brazos cruzados esperando siempre a que otros decidan por nosotros y por nuestras familias.   

7) La falta de una economía solidaria o una economía de comunión. Éste no solo es un problema de Colombia sino de todo el mundo, ya que la situación actual del planeta en materia ambiental requiere, urgentemente, de un cambio de modelo económico en el que la regla no sea la competitividad, ni la ganancia a toda costa, por encima de los intereses colectivos. No, la nueva economía debe girar en torno a las personas y debe considerar a la naturaleza no como un recurso más de la cadena productiva sino como un bien compartido que debe cuidarse y regenerarse continuamente. Hay que incluir en los presupuestos empresariales y hasta familiares los costos ambientales de nuestras acciones y entender lo que podemos y debemos hacer para restaurar la madre tierra, o, como la ha llamado el Papa Francisco, la Casa Común. Por supuesto, además de entender, es indispensable actuar con celeridad, por el bien de todos.   

En síntesis, amigo lector o amiga lectora, la paz no llegará por arte de magia, simplemente por haber firmado un Acuerdo y por un valioso informe de la Comisión de la Verdad (puede que no sea perfecto ni completo, pero es muy valioso). De cualquier manera, se necesita mucho más que eso, sin demeritar el valor que ya tienen estos hechos; también se requiere que cada habitante de este hermoso territorio llamado Colombia ponga voluntad, coraje, fraternidad y esperanza. También, hay que decirlo, se necesita volver la mirada a Dios o, por lo menos, favorecer el desarrollo de la dimensión espiritual de cada persona. Y, en lo más concreto, es importante e impostergable comenzar a trabajar desde ya, de manera conjunta, con armonía y determinación, en pro de mejorar los siete aspectos señalados en esta breve reflexión socio-crítica. 
 
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23 de junio de 2022

Entre una visión apocalíptica y una esperanza solidaria

Finalmente han pasado las elecciones en Colombia y el país tiene un nuevo presidente que empezará a ejercer sus funciones a partir del próximo 7 de agosto. El pueblo colombiano se ha pronunciado en las urnas y ha decidido darle la oportunidad de gobernar el país al izquierdista Gustavo Petro Urrego y a la líder social, afrodescendiente, Francia Márquez Mina. Un hito histórico para nuestro país. 


La corta diferencia de casi 750.000 votos entre Gustavo Petro, del llamado "Pacto Histórico" y el outsider Rodolfo Hernández, de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, ha dejado como resultado un ganador y también un país claramente dividido. Ya lo estábamos, pero las votaciones del pasado domingo 19 de junio lo han dejado aún más en evidencia: por el ingeniero de Piedecuesta Rodolfo Hernández votaron 10.580.399 personas, mientras que por el ex-senador y líder de izquierda Gustavo Petro, oriundo -al parecer- de Ciénaga de Oro (Córdoba) votaron 11.281.002 colombianos y colombianas. Contrario a lo que este segundo candidato y su fórmula vicepresidencial dijeron, no hubo fraude electoral, o al menos eso parece hasta el momento. Muchos "rodolfistas" tienen sus dudas al respecto. Esperemos que se disipen en el corto plazo, para bien de todos.

Intuyo, aunque sin pruebas fehacientes, que un porcentaje significativo de los que votaron por Hernández lo hicieron más como un rechazo a Petro y a Francia Márquez y al PH que por que estuviesen convencidos de que el ingeniero era la mejor opción para Colombia. Esto significa que hay más de 10 millones de almas inconformes y que cargan hoy con un gran miedo por lo que pueda pasar en el futuro cercano; entre esas almas me encuentro yo. Hay temor a un desplome sustancial en la economía nacional, a que los paramilitares y -quizá- las guerrillas recrudezcan sus ataques, a la persecución política contra los que pensemos diferente, a que Petro se quede en el poder indefinidamente, a que el "vivir sabroso" sea apenas una ilusión que se esfumará en poco tiempo. En fin, hay un sinnúmero de miedos que algunos tenemos aún a flor de piel, ante la perspectiva de un futuro demasiado incierto. 

El discurso de Gustavo Petro, después de unas emocionantes palabras de agradecimiento por parte de Francia Márquez, dejó en el ambiente una sensación de esperanza, al menos eso me pasó a mi y a todos en mi casa. Ahora bien, estoy seguro que muchos no lo ven así, pero, desde mi perspectiva, Petro en sus palabras dibujó de manera elocuente el país que la mayoría de colombianos y colombianas soñamos. Como él mismo lo expresó: "las elecciones, más o menos, mostraron dos Colombias (...) nosotros queremos que Colombia en medio de su diversidad sea una Colombia, no dos Colombias, y para que sea una Colombia necesitamos del amor... Entendida la política del amor como una política del entendimiento, como una política del diálogo, como una política de comprendernos los unos a los otros". Como diría Pablo Bohórquez, éstas son "palabras mayores". No cabe duda que ha sido un gran discurso, de los mejores que he escuchado en mucho tiempo. ¿Pero cómo hacerlo realidad? 

Más allá de si estas sentidas palabras han salido de lo profundo de su corazón o no, y si son fruto de un sueño sincero o no, me pregunto: ¿seremos capaces de hacer realidad estas palabras? ¿seremos capaces, entre todos y todas, de hacer de Colombia una Potencia Mundial de la Vida? Por ahora, no parece una tarea fácil. Hay muchas heridas, unas viejas y otras más nuevas. Hemos vivido por muchos años en medio de la pobreza, la desigualdad, las injusticias, la violencia; de hecho, son muchos y muchas los que han muerto injustamente a causa de sus ideas. A esta triste realidad, se suma todo el odio que se exacerbó a lo largo de la campaña presidencial, gracias en buena medida a las mentiras, los engaños y los insultos que se dieron, de un lado y otro, entre los miembros o los simpatizantes de ambas bandos. Hay que reconocerlo, éramos dos bandos, dos Colombias opuestas, y lo seguimos siendo.

Aunque hasta cierto punto los ánimos se han calmado y hay menos revuelo en las redes sociales y, seguramente, menos discusiones familiares, se siguen viendo y escuchando expresiones de odio, de rabia, de tristeza o, también, de una infundada superioridad. Algunos ganadores se están creyendo "los buenos de la historia", con una grandeza sin piso, fruto de su ego y de su ceguera. Y del otro lado, están los más pesimistas, que siguen echando leña al fuego, que empezaron desde ya a vaticinar un futuro demasiado oscuro para nuestro país. 


Personalmente creo que resulta muy precipitado hacer pronósticos claros (sean pesimistas u optimistas) sobre lo que nos espera a partir del próximo 7 de agosto, cuando Gustavo Petro Urrego se posesione como nuevo Presidente de Colombia y Francia Márquez como la nueva Vicepresidenta, la primera mujer afrodescendiente, de origen humilde, en ocupar ese cargo. La historia aún está por escribirse. ¿Qué tal si cada uno, sin importar de que bando seamos, hacemos un esfuerzo, y ponemos de nuestra parte por escribir una historia bonita, digna de ser contada, de la que podamos sentirnos orgullosos? 

A pesar de todos los miedos y dudas que tengo, prefiero mirar al futuro con alegría. Elijo enfrentar la incertidumbre con optimismo y buscar caminos para hacer realidad la "política del amor", no porque este de moda el tema, ni porque sea la promesa del presidente electo, sino porque creo que realmente es lo mejor para todos. Como lo dijo hace ya varios años, la líder religiosa, de origen italiano, Chiara Lubich, "la política es el amor de los amores", porque su objetivo principal es buscar los mejores caminos para lograr el bien común.  

Dicen que las palabras y el pensamiento tienen poder, ¿Cuánto poder no podríamos tener y proyectar si sincronizamos los de todos los Colombianos y las Colombianas de buena voluntad que soñamos con la paz, el progreso eco-sostenible y la justicia social? ¿Lo logras imaginar?

Espero, con todo mi corazón, que este momento no se quede solo en infértil poesía. Ya veremos.

Un abrazo.

12 de junio de 2022

Colombia, entre dos oscuros abismos


En ocho días los colombianos debemos tomar una decisión importante, elegir un nuevo presidente para que lidere los destinos de nuestra nación durante los próximos cuatro años. Sin embargo, como en pocas ocasiones hasta ahora, hay un porcentaje significativo de ciudadanos indecisos que no logran tomar una decisión que realmente los convenza. Entre esos estoy yo. 

Personalmente, como lo he dicho en la redes, me siento entre dos abismos (y no soy el único), no solo porque no me veo representado por ninguno de los dos candidatos, sino porque, desde mi perspectiva,  considero que ninguno de los dos es realmente una buena opción para tomar las riendas del gobierno y llevar a Colombia hacia un futuro más esperanzador, en el que predomine la concordia y el desarrollo sostenible con justicia social, como el que la gran mayoría de los habitantes de este lindo país soñamos.

Quizá no todo es tan amargo para los indecisos. Es bueno ver lo positivo, aún en medio de la tormenta. Reconozco que los resultados que arrojaron las urnas el pasado 29 de mayo representan un triunfo de la democracia. Los colombianos dijeron, claramente que quieren un cambio de rumbo, que los politiqueros de siempre no sigan jugando con nuestros sueños y nuestras ilusiones. Colombia le dijo a la casta política tradicional: ¡Basta!

Pero, hay que decirlo, lo dicha no duró mucho, lamentablemente. Dados los resultados que se obtuvieron, debemos hacer una segunda vuelta. Eso ha generado que, desde el día siguiente a ese lluvioso domingo, el escenario político se polarizara aún más de lo que ya estaba. No parecía posible ir más en picada, pero lo cierto es que los ataques, los insultos, las mentiras y las noticias falsas, de parte y parte, siguen siendo el pan nuestro de cada día. En medio de este panorama, para algunos ciudadanos y ciudadanas de clase media (sobre todo) resulta aún más difícil tomar una decisión con la que ellos y ellas se puedan sentir bien. Entre ese grupo, como ya lo he dicho, me encuentro yo.

Lanzo aquí unas preguntas, que a mi modo de ver, son válidas: ¿Cuál es el cambio que queremos? ¿Cuál es el cambio que necesitamos?, ¿Por qué tantos, incluido quien escribe estas líneas, no confiamos en Gustavo Petro? ¿Y la alternativa de votar por Rodolfo nos parece una locura? Petro tiene, en términos generales, un buen programa de gobierno, bien estudiado; sin embargo, en dicho programa del cambio hay algunas propuestas que son demasiado ambiciosas e incluso irrealizables. Y, por el otro lado, el programa de gobierno del ingeniero es muy básico, al menos al juicio de varios analistas expertos en estos temas. Y eso no es lo peor, sino toda la cantidad de incoherencias que ha dicho en las entrevistas y la clara falta de control emocional que tiene. Es un peligro. Está bien que una persona sea franca, pero uno quisiera que quien aspira a la presidencia al menos tenga un poco de cultura y hable con vehemencia, pero con mesura y con lógica. Rodolfo Hernández no es esa persona. Lo salva su fórmula vicepresidencial que poco a poco se hace más visible y, hasta donde yo he visto, habla con sensatez y con un lenguaje claro y honesto, sin palabras grandilocuentes y sin una emocionalidad desbordada, contrario a lo que ha mostrado Francia Márquez en muchas ocasiones. Infortunadamente Marelen Castillo es muy poco conocida y además no tiene ninguna experiencia en el intrincado y descabellado mundo de la política colombiana. Eso puede ser bueno, hasta cierto punto, pero por otro lado puede ser un obstáculo para llevar a cabo las propuestas que tiene la llamada Liga Anticorrupción, que tampoco son las mejores para el país.

A pesar de las buenas cosas que veo en su programa de gobierno, sigo desconfiando mucho de Gustavo Petro y su fórmula vicepresidencial Francia Márquez -y de muchos de los que están detrás-, no solo por la posibilidad de que se quede en el poder indefinidamente,  sino por lo que él transmite y genera en la mayoría de sus seguidores. El discurso de Gustavo Petro y de Francia Márquez, aunque se ha moderado, está cargado de odio y resentimiento. Estoy seguro que un experto en análisis del discurso lo notaría fácilmente. Y eso ha generado más odio y más resentimiento entre quienes lo siguen, lo que es un caldo de cultivo para desatar una violencia más devastadora de la que hemos conocido hasta ahora, en el corto y mediano plazo. 

Cabe subrayar que el peligro de que Petro se quede en el poder, según varios politólogos y analistas, es realmente muy difícil que se dé, por los diferentes organismos de control que existen actualmente en Colombia.  Además, está el Ejército Nacional, que, con toda seguridad, no dejará que eso pase. No obstante, como dice el dicho, “caras vemos, corazones no sabemos”. Además, tal como han hecho Uribe y Duque, podría cooptar los entes de control y hasta el congreso. Casos se han visto. Pero esto es solo especulación y, como lo he dicho, siendo muy honestos es bastante improbable que suceda.   

A pesar de todo y en medio de la más total incertidumbre, hay que tomar una decisión. Queda la posibilidad de votar en blanco, pero no estoy seguro que eso tenga la repercusión que uno quisiera que tuviera. No pasa de ser algo simbólico y, a no ser que fuera una votación por encima de los dos millones de voto, su efecto en el destino inmediato de nuestro país será prácticamente nulo.

Lo único cierto, por ahora, es que estamos terriblemente divididos, con miedos y odios enquistados que no nos permiten pensar con claridad. Gane quien gane este 19 de junio lo logrará, muy seguramente, por un muy estrecho margen, como lo ha señalado el historiador y analista político Juan Carlos Flórez en una reciente entrevista que le hicieron en Caracol Televisión. Por otro lado, el “ganador” tendrá que hacer un gran esfuerzo por unir a Colombia, lo que supone empezar, antes que nada, por calmar el actual huracán de polarización en el que estamos sumergidos. Bueno, es posible que ese huracán se desborde al otro día de las elecciones, sobre todo si Petro no gana y en ese caso el problema tendrá que enfrentarlo Iván Duque y, por lo que ha mostrado hasta ahora, no creo que esté preparado para gestionar una revuelta de semejante magnitud. Ojalá me equivoque.   

“¿A dónde  iremos a parar si seguimos así?” (De una canción del Gen Rosso)


En la vida estamos siempre eligiendo.



1 de junio de 2022

NUESTRA DEMOCRACIA ESTA VIVA

El pasado domingo 29 de mayo, en Colombia, tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales, bajo un ambiente de zozobra y tensiones entre las dos grandes fuerzas políticas que actualmente existen en Colombia: los petristas y los uribistas, fruto de la nefasta costumbre que tenemos de personalizar la política. Sin embargo, en total se presentaron 6 candidatos, de los cuales debíamos elegir dos para la segunda vuelta que será el próximo 19 de junio.    

En principio había cuatro candidatos que se hicieron mas visibles durante la campaña a primera vuelta: Gustavo Petro, que punteaba en las encuestas, Federico Gutiérrez, que hasta poco antes del 29 iba de segundo, Sergio Fajardo (el mas preparado y con el mejor programa de todos) y Rodolfo Hernández, el "ingeniero" de Bucaramanga, quien hizo una campaña en redes impresionante. Al final del día, el pueblo se pronunció, dándole a Petro y a Francia algo mas de 8.500.000 de votos (logrando conquistar un 40,32%) y al ingeniero Hernández con su, hasta ahora, desconocida fórmula vicepresidencial, casi 6.000.000 (lo que representa el 28,15% de la votación). No puede dejarse de lado el abstencionismo que en este caso llegó a un 45%.    


Contrario a lo que han dicho en varias ocasiones Gustavo Petro y Francia Márquez, en relación con que en Colombia no hay democracia, las filas a primera hora de la mañana, al menos en Tocancipá (norte de Cundinamarca), fueron bastante largas. En general, se observó una afluencia continua de personas, hombres y mujeres, durante todo el día, a pesar de las condiciones climáticas (fue un día lluvioso).

Los videos que comparto a continuación son una muestra de que la democracia en Colombia, aunque frágil, sigue viva. Y, por fortuna, hasta donde se supo, fue una jornada tranquila en prácticamente todo el territorio nacional. 







En otro momento haré un análisis mas a fondo sobre los resultados; eso espero.
A pesar del abstencionismo, sigo creyendo que ganó la democracia y cayeron las maquinarias políticas que usualmente han manipulado, de una u otra manera, este gran evento.
No obstante, quiero señalar que los resultados no son fruto de un análisis profundo de los programas políticos, son solo el resultado del descontento contra la clase dirigente y también de la tensa lucha que se viene dando desde hace ya unos años entre el antiuribismo y el antipetrismo.
Para las elecciones presidenciales, la mayoría de los colombianos y las colombianas nos movemos por emociones, por imágenes, por ideas fijas o estereotipos, por sentimientos, pero no por razonamientos lógicos ni por un análisis concienzudo de los programas que proponen los candidatos. Son muy pocos los ciudadanos responsables que se los leen y los estudian a fondo.   

16 de mayo de 2022

Del dicho al hecho hay mucho trecho...



Como resulta más que evidente, nuestro país está que arde ¿o solo es Twitter? Algo similar sucede cada cuatro años, pero en esta ocasión los ánimos están mucho mas caldeados que en ocasiones anteriores, no tanto en las calles, pero si en la redes sociales. De hecho, los insultos para quien piense diferente están a la orden del día, sobre todo, en Facebook y en Twitter. Así las cosas, pase lo que pase este próximo domingo 29 de mayo, es probable que haya un estallido de violencia. Ojalá me equivoque. Sin embargo, hay algunos indicios de que eso puede suceder. Reitero, una vez más, espero estar equivocado. 

No hemos logrado comprender que el AMOR es el verdadero camino para la salvación de Colombia. No un amor romántico, por supuesto, no; me refiero al amor concreto, desinteresado y fraterno que podría sacarnos de donde estamos. Amor que es capaz de entender, aceptar e incluso abrazar al que piensa diferente.

Endiosamos a los candidatos del momento y nos olvidamos que, en últimas, ellos harán lo que mejor puedan o aprovecharán el poder para su propio beneficio o quizá ambas cosas, pero los ciudadanos de a pie seguiremos con nuestras luchas, encerrados en nuestras asfixiantes burbujas, sin querer entender y ver que sería mejor salir de ahí y caminar codo con codo, en un escenario nuevo donde el problema del vecino es mi problema y mi problema es problema del vecino. Que la calle sin pavimentar no solo es problema del alcalde, también es mi problema... Que la inseguridad y la corrupción son problemas estructurales que no se solucionan simplemente con medidas restrictivas o políticas públicas "eficaces", o construyendo más cárceles. La raíz está en la educación que recibimos en la familia, en el colegio y hasta en la universidad. Los ladrones de cuello blanco han ido a las mejores universidades del mundo... Eso es bastante curioso y digno de ser investigado a fondo.  

La solución a los problemas del país está en el corazón y en las manos de todos los que hemos nacido en este territorio o que vivimos en él por la circunstancia que sea.

La mayoría de los líderes políticos, sobre todo en estas épocas electorales, buscan llenar su ego y, no sabemos cómo, una enorme manada de incautos (sea por ignorancia o sea por rabia contra el sistema) los siguen y los aplauden sin  analizar a fondo sus propuestas, sin recordar que las tarimas, como el papel, lo aguantan todo, pero al momento de la verdad, a la hora de los hechos, de la cruda realidad, se olvidan de todo y entonces las promesas se van al vacío, porque del dicho al hecho, hay mucho trecho, mucho. ¿No nos ha pasado eso mismo durante los últimos 50, 60 o más años de historia?

Los partidos están desgastados, y en su lugar han tomado fuerza las ideologías y unos personajes que las representan, que para muchos se convierten en semidioses. No importa lo que hagan o digan, la gente les cree, palabra por palabra y los justifican en todas sus acciones, sean del bando que sean y olvidamos que todos hacemos parte de la misma tierra. Es algo también bastante curioso. 

Perdonaran la expresión, pero nos volvemos como borregos caminando algo aturdidos hacia el matadero, jurando que vamos hacia el paraíso, pero mientras caminamos nos empujamos, nos gritamos y nos insultamos. 

Ojalá, independientemente de los resultados, sepamos construir un país donde se acepte la diferencia, donde todos quepan y trabajemos juntos por buscar el bien común.    

Que Dios nos proteja y nos guie por el camino de la concordia.






#ColombiaElige
 









Una nueva revolución

En esto tiempos de inteligencia artificial en los que todo parece poder resolverse con una pregunta medianamente bien hecha (a una máquina) ...