Hoy todo el mundo quiere opinar sobre política y sobre la democracia en Colombia. ¿Vale la pena una opinión más? No lo sé, pero igual quiero dar la mía con el ánimo de entender más a fondo, para mí y para quien se acerque a leerme, lo que está pasando hoy en nuestro país. Creo que un número significativo de connacionales está en la misa encrucijada en la que estoy yo.
¿Voto en blanco? ¿Voto por Cepeda? ¿Voto por Abelardo?
¿Con quién está más en peligro nuestra frágil democracia y nuestro futuro como nación?
Las respuestas a estas preguntas son múltiples y muy diversas, dependiendo de quién las conteste y desde qué perspectiva personal, vivencial, ideológica y sociohistórica las aborde. Y también desde los miedos que lo habitan. Hoy, en Colombia, nos gobierna el miedo y es ese sentimiento, en buena medida, el que decidirá quién es el próximo presidente.
Me gustaría que la elección, en lugar de hacerse por el miedo, se hiciera por el grado de confianza que inspira un candidato. Hacia allá deberíamos apuntar.
Ciertamente, hay muchos convencidos de la elección que ya hicieron y tienen sus buena razones para creer que ese candidato es la mejor opción para nuestro país. El problema es que su convencimiento no les permite ver los peligros que se elección entraña.
Yo, por mi parte, creo que los dos ganadores de la primera vuelta son un peligro para Colombia (y no soy el único que lo piensa). Por eso, en un intento por lograr un mejor discernimiento, cambio la última pregunta por otra algo menos pesimista:
¿Con cuál candidato está en menor peligro nuestra frágil democracia y nuestro futuro como nación? Francamente, yo, Jaime Borda Valderrama, no tengo una respuesta suficientemente clara a esta pregunta.
No obstante, llama mucho la atención que desde ambas campañas han levantado la voz, y con frecuencia los insultos, para decir que si gana el otro candidato, se perderá la democracia. Desde ambas orillas se hace la misma advertencia, casi que con las mismas palabras. ¿Lo había notado? Entonces, la sensación que tenemos los indecisos, como yo, es que la democracia colombiana está en peligro, con cualquiera de los dos aspirantes a ocupar la Casa de Nariño.
Tomado de: https://todossomoscolombia.org/crisis-y-futuro-de-la-democracia/
Desde mi óptica, más bien pesimista, lo admito, el panorama es bastante gris y terriblemente incierto. Parece que nos encaminamos de manera cada vez más acelerada hacia un abismo.
Espero que este panorama se aclare un poco con los días. En estas dos semanas y tres días que quedan, será indispensable que haya debates. Ojalá no nos dejen otra vez en el limbo. Esto podría ayudarnos a disipar dudas y a elegir con menos miedo.
Una vez más, como lo he señalado en diversas ocasiones, pienso que cada uno de estos candidatos representa un peligro para el país, aunque en cada caso, el tipo de peligro es diferente.
Para empezar, en este momento, ninguno de los dos representa al 100% de la nación. Y hasta ahora, el discurso se centra más en atacar al contrario y a sus seguidores, que en mostrar un proyecto político claro, preciso y razonable, donde quepamos todos, los de un lado y los del otro.
Lo más doloroso es comprobar que cada candidato ve a casi un 50% del país (políticos y ciudadanos) como sus enemigos.
Además, cada quien (hablo de la gente del común, como usted y como yo) quiere (queremos) tener la razón, o peor aún, se cree dueño de la razón y la verdad y muy pocos están en disposición de escuchar, acoger, abrazar, perdonar al que piensa diferente. ¿A dónde nos pueden llevar estas posturas?
Solo con el ánimo de invitar a la reflexión, a salirnos de nuestra zona de confort, dejo por acá algunas preguntas que me han surgido para los candidatos y sus seguidores:
Los peligros que veo con Cepeda (y no los veo solo yo):
1) Que impulse la asamblea constituyente y finalmente acomode las reglas para que la izquierda se quede eternamente en el poder, eliminando las instituciones que le incomodan. (Ese es uno de los miedos que asusta a los que votan por Abelardo). Puede que sea un miedo infundado y aunque ya el candidato haya dicho que no lo hará, el miedo sigue flotando en el ambiente.
2) Que se profundice la crisis de la salud... ¿Cuántas personas no han muerto en estos últimos años, en este gobierno, a causa de los agudos problemas que hoy tiene el sistema?
3) Que la guerrilla siga ganando fuerza y aumente la violencia. ¿No es hora ya de redefinir la estrategia de la paz total?
4) Mayor adoctrinamiento en las escuelas públicas (pro teorías de izquierda).
5) Posible persecución a la derecha y a la iglesia católica (puede que sí, puede que no)
6) Que se aumente el gasto público, que aumente la deuda del Estado y se ahuyente la inversión nacional y extranjera.
Los peligros con Abelardo (y no los veo solo yo):
1) Persecución desmedida e injustificada a la izquierda. Ya muchos líderes sociales y políticos sienten que, si gana Abelardo, muy seguramente tendrían que irse del país para salvaguardar su vida. Esto es, no solo preocupante, sino doloroso.
2) Reaparición de la pesadilla de los falsos positivos.
3) Retroceso en los programas sociales y olvido del campo colombiano.
4) Impulsaría el fracking con la intención de extraer hasta la última gota de petróleo... ¿Y depués, qué? ¿Y la transición energética, para cuándo?
5) Cero libertad de expresión (posible cierre de noticieros que lo critiquen)
6) Robaría sin medida al Estado (es decir, a todos nosotros)
7) Que no cumpla nada y se dedique a viajar por el mundo con la plata de nuestros impuestos.
8) Que le entregue el país a EE.UU.
Con la mano en el corazón, posiblemente coincidamos en que no son dudas sencillas de resolver.
En síntesis, los dos escenarios, para mí, son demasiado inciertos y peligrosos para la democracia.
Una última pregunta: ¿Y después del 21 de junio, qué?
¿Qué tal si nos dedicamos a buscar el diálogo fraterno entre diferentes y nos reconstruimos -espiritual, mental y corporalmente- como nación?
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