20 de mayo de 2026

Sobre las escuelas rurales en Colombia

  La realidad desconectada de las escuelas rurales en Colombia.

¿Falta voluntad política o el reto supera la capacidad actual del Estado?

En tiempos de IA hay escuelas en Colombia, en todos los países de América Latina y en otros muchos países del mundo (como China) donde no hay computadoras suficientes y ni siquiera acceso a internet.


Desde hace poco más de tres años he tenido la oportunidad de acompañar, en la realización de su proyecto de posgrado, a docentes-estudiantes que cursan el Máster en innovación educativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), entidad que tiene, hoy por hoy, gracias a diferentes convenios con el MEN y con algunas gobernaciones, una fuerte influencia en la formación especializada de docentes, sobre todo del sector público, en Colombia.

En mi función como tutor/director de Trabajos de Fin de Máster (TFM) debo atender a los estudiantes personalmente (de manera virtual) al menos cuatro veces durante el tiempo que dura su proceso en el desarrollo de este trabajo (4 a 5 meses); estos TFM suelen ser una propuesta pedagógica basada en metodologías activas y enfocadas en mejorar procesos específicos de aprendizaje.

Un número significativo de los estudiantes/docentes que he podido orientar en este máster, trabajan en escuelas rurales de Colombia, algunos en las zonas más apartadas del país. De hecho, entre mis estudiantes hay varios que desarrollan su labor docente, con amor, con compromiso y con escasos recursos, en veredas de Cauca, Boyacá, Santander, Meta, Casanare y Cundinamarca. Ha sido una oportunidad única para acercarme a la realidad del país.

He podido comprobar, de primera mano, que la mayoría de las y los docentes que hoy trabajan en escuelas rurales lo hacen, como se dice coloquialmente, con las uñas, con escasos recursos materiales, con deficiencias en el servicio de energía, sin posibilidad de tener suficientes computadores en sus instituciones, y mucho menos una conexión decente a internet. Eso sin contar las situaciones de violencia armada, violencia intrafamiliar, abusos de diverso tipo y consumo de drogas, entre otros problemas. Hace poco una estudiante del máster, quien trabaja en una escuela rural del Pacífico colombiano, a la que solo es posible acceder por vía fluvial, me decía: “profesor, créame, esto es otro mundo”.

Según un informe de “Colombia Aprende”, en el año 2021, solo un 22,7% de las escuelas rurales contaban con acceso a internet. A pesar de los esfuerzos del MinTIC, la situación está todavía muy lejos de ser la ideal. De hecho, según un informe más reciente del Laboratorio de Economía de la Educación, de la Universidad Pontifica Universidad Javeriana (2023), se estima que un 79,8% de las escuelas rurales no cuentan con acceso a internet y el 59,7% no cuenta con aulas de informática. Hay múltiples factores que pueden explicar esta realidad desconectada: obstáculos geográficos, falta de voluntad política, mala gestión o falta de recursos económicos, insuficientes políticas públicas y/o herramientas para implementarlas, etc.

En cuanto a la capacitación de los docentes, de acuerdo con el mismo informe de Colombia Aprende (2021, sept.), entre los docentes de escuelas rurales, solo el 75% tiene títulos profesionales, mientras que, en los colegios ubicados en zonas urbanas ese porcentaje llega al 91%. De otra parte, según Uribe-Zapata et al. (2023), solo el 61% de los docentes rurales tienen algún posgrado, “mientras que el 39% restante se reparte así: el 27% cuenta con especialización y el 12% tiene maestría”. En cuanto al uso pedagógico de las TIC, estos mismos autores reportan que un 47% de los docentes las usan para organizar su trabajo, un 33% en procesos de interacción, que incluye uso del correo electrónico, “realización de trabajo colaborativo, tutoría con padres, utilización de foros, utilización de chats, uso de redes sociales (…)”, y un 27% las usan para recursos y aplicaciones en línea.

De mi experiencia, debo anotar que aún los docentes con posgrado que trabajan en escuelas rurales, en su mayoría, no tienen un dominio alto en el manejo de las herramientas TIC, aunque muchos de ellos realizan su formación posgradual de manera virtual. Esto significa que la formación en el uso de las TIC aún es deficiente.   

En medio de esta realidad crítica, hay aspectos positivos; además de las políticas públicas encaminadas a fortalecer la educación rural ya existentes y otras que se han desarrollado recientemente, el actual gobierno ha aumentado la inversión en este sector; así, en 2024 se entregaron 78.060 computadores a instituciones educativas de pequeños municipios y se instalaron 2.375 antenas para conectar escuelas rurales. Y el MinTIC tiene en marcha el proyecto Escuelas Potencia Digital, que proyecta llevar internet a cerca de 3.082 sedes educativas en zonas rurales ubicadas en 399 municipios del país. Esperemos que esto se haga realidad.

En este contexto de desigualdades educativas, surge, inevitablemente, una gran pregunta: ¿Cómo superar estas brechas abismales?

 

Jaime Borda Valderrama

Doctor en Ciencias Sociales de la UPNA

Coordinador proyectos solidarios en Escuela Sol Naciente (Colombia)

Asesor/director de TFM en la UNIR y la VIU (España)

Tutor del Doctorado en Educación de UMECIT (Panamá)

 

Referencias

Uribe-Zapata, A., Zambrano-Acosta, J. F., & Cano-Vásquez, L. M. (2023). Usos educativos de TIC en docentes rurales de Colombia. Revista de Investigación, Desarrollo e Innovación13(2), 287-298.

Colombia Aprende. (2022, 21 de septiembre). La educación rural, un gran desafío para Colombia. Ministerio de Educación Nacional. https://www.colombiaaprende.edu.co/agenda/tips-y-orientaciones/la-educacion-rural-un-gran-desafio-para-colombia

Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. (2023, octubre). Características y retos de la educación rural en Colombia (Informe No. 79). https://lee.javeriana.edu.co/w/lee-informe-79

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