La realidad desconectada de las escuelas rurales en Colombia.
¿Falta voluntad política o el reto supera la capacidad actual del Estado?
En tiempos
de IA hay escuelas en Colombia, en todos los países de América Latina y en
otros muchos países del mundo (como China) donde no hay computadoras
suficientes y ni siquiera acceso a internet.
Desde hace poco más de tres años he tenido la oportunidad de acompañar, en la realización de su proyecto de posgrado, a docentes-estudiantes que cursan el Máster en innovación educativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), entidad que tiene, hoy por hoy, gracias a diferentes convenios con el MEN y con algunas gobernaciones, una fuerte influencia en la formación especializada de docentes, sobre todo del sector público, en Colombia.
En mi función como tutor/director de Trabajos de Fin de
Máster (TFM) debo atender a los estudiantes personalmente (de manera virtual)
al menos cuatro veces durante el tiempo que dura su proceso en el desarrollo de
este trabajo (4 a 5 meses); estos TFM suelen ser una propuesta pedagógica basada
en metodologías activas y enfocadas en mejorar procesos específicos de
aprendizaje.
Un número significativo de los estudiantes/docentes que
he podido orientar en este máster, trabajan en escuelas rurales de Colombia,
algunos en las zonas más apartadas del país. De hecho, entre mis estudiantes
hay varios que desarrollan su labor docente, con amor, con compromiso y con
escasos recursos, en veredas de Cauca, Boyacá, Santander, Meta, Casanare y
Cundinamarca. Ha sido una oportunidad única para acercarme a la realidad del
país.
He podido comprobar, de primera mano, que la mayoría de las
y los docentes que hoy trabajan en escuelas rurales lo hacen, como se dice
coloquialmente, con las uñas, con escasos recursos materiales, con deficiencias
en el servicio de energía, sin posibilidad de tener suficientes computadores en
sus instituciones, y mucho menos una conexión decente a internet. Eso sin
contar las situaciones de violencia armada, violencia intrafamiliar, abusos de
diverso tipo y consumo de drogas, entre otros problemas. Hace poco una
estudiante del máster, quien trabaja en una escuela rural del Pacífico
colombiano, a la que solo es posible acceder por vía fluvial, me decía: “profesor,
créame, esto es otro mundo”.
Según un informe de “Colombia Aprende”, en el año 2021,
solo un 22,7% de las escuelas rurales contaban con acceso a internet. A pesar
de los esfuerzos del MinTIC, la situación está todavía muy lejos de ser la
ideal. De hecho, según un informe más reciente del Laboratorio de Economía de
la Educación, de la Universidad Pontifica Universidad Javeriana (2023), se
estima que un 79,8% de las escuelas rurales no cuentan con acceso a internet y
el 59,7% no cuenta con aulas de informática. Hay múltiples factores que pueden
explicar esta realidad desconectada: obstáculos geográficos, falta de voluntad política,
mala gestión o falta de recursos económicos, insuficientes políticas públicas y/o
herramientas para implementarlas, etc.
En cuanto a la capacitación de los docentes, de acuerdo
con el mismo informe de Colombia Aprende (2021, sept.), entre los docentes de
escuelas rurales, solo el 75% tiene títulos profesionales, mientras que, en los
colegios ubicados en zonas urbanas ese porcentaje llega al 91%. De otra parte,
según Uribe-Zapata et al. (2023), solo el 61% de los docentes rurales tienen
algún posgrado, “mientras que el 39% restante se reparte así: el 27% cuenta con
especialización y el 12% tiene maestría”. En cuanto al uso pedagógico de las
TIC, estos mismos autores reportan que un 47% de los docentes las usan para
organizar su trabajo, un 33% en procesos de interacción, que incluye uso del
correo electrónico, “realización de trabajo colaborativo, tutoría con padres,
utilización de foros, utilización de chats, uso de redes sociales (…)”, y un
27% las usan para recursos y aplicaciones en línea.
De mi experiencia, debo anotar que aún los docentes con
posgrado que trabajan en escuelas rurales, en su mayoría, no tienen un dominio
alto en el manejo de las herramientas TIC, aunque muchos de ellos realizan su
formación posgradual de manera virtual. Esto significa que la formación en el
uso de las TIC aún es deficiente.
En medio de esta realidad crítica, hay aspectos positivos;
además de las políticas públicas encaminadas a fortalecer la educación rural ya
existentes y otras que se han desarrollado recientemente, el actual gobierno ha
aumentado la inversión en este sector; así, en 2024 se entregaron 78.060
computadores a instituciones educativas de pequeños municipios y se instalaron
2.375 antenas para conectar escuelas rurales. Y el MinTIC tiene en marcha el
proyecto Escuelas Potencia Digital,
que proyecta llevar internet a cerca de 3.082 sedes educativas en zonas rurales
ubicadas en 399 municipios del país. Esperemos que esto se haga realidad.
En este contexto de desigualdades educativas, surge,
inevitablemente, una gran pregunta: ¿Cómo superar estas brechas abismales?
Jaime Borda Valderrama
Doctor en Ciencias Sociales de la UPNA
Coordinador proyectos solidarios en Escuela Sol
Naciente (Colombia)
Asesor/director de TFM en la UNIR y la VIU (España)
Tutor del Doctorado en Educación de UMECIT (Panamá)
Referencias
Uribe-Zapata, A., Zambrano-Acosta, J. F., &
Cano-Vásquez, L. M. (2023). Usos educativos de TIC en docentes rurales de
Colombia. Revista de Investigación, Desarrollo e Innovación, 13(2),
287-298.
Colombia Aprende. (2022, 21 de septiembre). La
educación rural, un gran desafío para Colombia. Ministerio de Educación
Nacional. https://www.colombiaaprende.edu.co/agenda/tips-y-orientaciones/la-educacion-rural-un-gran-desafio-para-colombia
Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia
Universidad Javeriana. (2023, octubre). Características y retos de la
educación rural en Colombia (Informe No. 79). https://lee.javeriana.edu.co/w/lee-informe-79
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