7 de agosto de 2021

¿Cómo encontrar el camino a la libertad?

La situación que vivimos en Colombia es bastante preocupante, por decir lo menos. Las noticias, de todos los colores y sabores, van y vienen de un lado para otro, aparentemente con el único ánimo de confundir y crear caos. No todas, por fortuna, pero si son muchas las que hacen daño. Las fake news pululan como moscas y lo peor es que un porcentaje muy alto de la población (quizá cercano al 100%) cae (caemos) en sus garras. Infortunadamente vivimos en una cultura en la que los hábitos de cuestionar, dudar e investigar no existen. Es más, suelen primar las emociones sobre la razón, los odios sobre las ideas y los amores obnubilados sobre los hechos reales.

Aunque muchos no estarán de acuerdo con mi postura (lo sé y lo acepto) creo, cada vez con más convicción que vamos camino a una dictadura. Muchos no quieren verlo, pero, infortunadamente, es la realidad. Nuestra democracia está más frágil que nunca.  

El panorama es más bien sombrío, terriblemente oscuro, a decir verdad. Existe una élite política con mucho poder bélico y económico que está dispuesta a todo con tal de quedarse en el poder. Y en esta élite no solo están los perversos clanes políticos que se creen amos y señores de la tierra, sino también los grandes magnates colombianos (que son muy pocos) y, por supuesto, los narcotraficantes que no pueden permitir que alguien con principios morales venga a acabarles el negocio. 

Contra este astuto y tenebroso poder hoy se alzan cientos, miles de voces, de un lado y de otro, gritando: "YA NO MÁS", "YA NO MÁS VIOLENCIA", "YA NO MÁS ODIO", "YA NO MÁS CORRUPCIÓN", "YA NO MÁS INJUSTICIAS", "YA NO MÁS". "QUEREMOS PAZ, DE VERDAD", "QUEREMOS UN NUEVO PAÍS", "QUEREMOS LIBERTAD".

Pero esas voces no le caen bien a todo el mundo y por eso las quieren hacer callar. Por fortuna, esas voces están decididas a seguir gritando, cueste lo que cueste. Ruego a Dios que esas voces se hagan cada día más fuertes y que las balas no logren apagarlas jamás.

El estallido social que vive hoy en día Colombia tiene múltiples causas, pero, a mi juicio, las tres más fuertes son: la terrible desigualdad social que nos caracteriza desde hace décadas, la corrupción y la cultura de la violencia.

Yo quiero invitar, desde esta orilla, a que nos cuestionemos profundamente y nos decidamos a realizar acciones inteligentes que nos lleven a transitar el camino del verdadero cambio (el que muchos anhelamos), el camino de la paz y del progreso, un progreso justo, equitativo y respetuoso con el planeta. 

¿Qué puedo hacer yo desde donde estoy para generar ese cambio? ¿Qué puedes hacer tú?

¿Cómo generar oportunidades para todos y todas, sin acabar con el planeta? 

¿Cómo acabar con la corrupción?

¿Cómo proporcionar una educación pública de calidad?

¿Cómo garantizar un sistema de salud universal, justo y accesible para todos? 

¿Cómo fortalecer el campo colombiano? 

Éstas son sólo algunas de las muchas preguntas que podemos plantear para empezar, desde ya, a construir soluciones. 

Por último invito a todos los lectores de este blog a que, en las próximas elecciones del 2022, no nos dejemos llevar por los fanatismos y votemos a conciencia, no sólo por un presidente que esté a la altura de las circunstancias, sino, más importante aún, por el congreso. Es necesario, es urgente, es perentorio cambiarlo. 

¡A POR LA LIBERTAD!









31 de julio de 2021

Algunas claves para transformarnos.

Para lograr las #metas que te propongas es necesario:

1. Poner cada día en manos de Dios y ser coherente con esa idea.
2. Tener una meta bien definida.
3. Querer, de verdad, con todo tu corazón, alcanzar esa meta.
4. Visualizar esa meta, de la forma más clara posible.
5. Desglosar la gran meta en pequeños objetivos alcanzables en corto tiempo.
6. Tomar acción desde ya. (No lo dejes para mañana).
7. Saber rodearte de gente positiva, entusiasta y dispuesta a ser mejor cada día.
8. No esperar nada de nadie, tú eres el dueño de tu propio destino.
9. Estar dispuesto a ayudar siempre a quien lo necesite.
10. Estar en paz contigo mismo.
11. Leer, leer, leer (La lectura es liberadora: lee sobre tu tema, sobre liderazgo, sobre automotivación y, por supuesto, también lee buena literatura) 
12. Descansar... 






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8 de junio de 2021

El arte y el valor de educar

Comparto, para quien pueda interesar, mis respuestas/reflexiones a una serie de preguntas que me formularon recientemente desde la Universidad Internacional de Valencia, donde actualmente colaboro como Director de TFM. 


Aquí va:

VIU: ¿Cuáles han sido los principales desafíos que ha tenido como docente en medio de la pandemia?

JBV: Adaptarse a la virtualidad no fue sencillo para muchos, tanto para docentes como para estudiantes. Fue un cambio abrupto para el que nadie estaba preparado. Pero a este punto, después de más de un año de confinamiento, la situación es diferente. Al menos, los colegios privados y las universidades han logrado adaptarse al desafío, encontrando maneras novedosas de enseñar y de generar participación por parte de los estudiantes.

No obstante, persiste, en muchos casos, la falta de motivación, lo cual se constata en que los alumnos no prenden las cámaras y, por otro lado, que los que intervienen son usualmente los mismos. Esto es un problema que se da tanto en secundaria como a nivel universitario. Muchos adolescentes, carentes de autodisciplina y autodeterminación, se han dejado llevar por el desánimo y la incertidumbre y se conectan a las clases, pero acostados en su cama y sin prestar la más mínima atención. Es una realidad preocupante.

En cuanto a la educación pública, la situación es más compleja y la pandemia no ha hecho más que agrandar la brecha entre los que tienen mejores condiciones económicas y los jóvenes y niños de familias vulnerables. Y ni qué decir de las escuelas rurales. En muchos colegios públicos, los niños o los jóvenes no tienen ni siquiera un computador y, por supuesto, tampoco conexión a internet. ¿Qué han tenido que hacer los docentes? Enviar guías por correo electrónico, por WhatsApp o, incluso, en formato impreso. Obviamente, esto dificulta mucho los procesos de enseñanza-aprendizaje.

El gobierno ha habilitado plataformas para facilitar estos procesos de virtualización, pero de todas maneras siguen siendo grandes las diferencias entre las clases que se imparten en los colegios privados y las que se dan en los colegios públicos. En los primeros, las clases son sincrónicas, en los segundos, son –en muchos casos- asincrónicas, o, como ya dije, se limitan al envío de guías de trabajo. E infortunadamente, la mayoría de estos estudiantes carecen de autodeterminación, y de los medios necesarios para gestionar su propio aprendizaje. 

Un aspecto que es necesario subrayar es que en medio de esta coyuntura el trabajo de los docentes, de todos los niveles, se ha aumentado de manera alarmante, tanto para los que laboran en entidades privadas como en entidades públicas y esto trae como consecuencia agotamiento físico y psicológico en los maestros o, en ciertos casos, una preparación superficial de las clases.

VIU: Por otro lado, ¿Cuáles han sido los aprendizajes y aspectos positivos a resaltar?

JBV: Sin lugar a dudas todos hemos tenido que buscar nuevas formas de enseñar y, sobre la marcha, hemos aprendido a sacar el mayor provecho posible de todas las ventajas que ofrece la virtualidad.

A pesar de las circunstancias, y en medio de no pocas dificultades e injusticias (tan propias de nuestras sociedades latinoamericanas), los docentes han hecho todo lo que está en sus manos por seguir educando a la niñez y a la juventud de nuestro país.  No creo exagerar si digo que los maestros y las maestras, en su gran mayoría, han sido héroes silenciosos que han puesto todo de su parte por sortear los obstáculos y los desafíos que esta situación ha planteado. 

Personalmente, he visto cómo diferentes colegios y universidades (al menos del sector privado) han brindado a sus docentes las herramientas necesarias para potenciar la calidad de la educación virtual y lograr un aprendizaje significativo en sus estudiantes. Como es apenas obvio, algunas instituciones educativas lo han hecho mejor que otras y algunos docentes se comprometen más que otros.        


VIU: ¿Cómo considera que la coyuntura ha revolucionado la manera de educar?

JBV: Bueno, pasar de la presencialidad a la virtualidad de manera tan abrupta ha sido ya toda una revolución en sí misma. De todas maneras, cabe señalar que, en el caso de Colombia, la coyuntura ha impulsado el surgimiento o fortalecimiento de diversas iniciativas de educación virtual no formal que ofrecen cursos de todo tipo y para diversos presupuestos. 

Desde mi punto de vista, esto ha significado una democratización del conocimiento que, esperemos, traiga consecuencias positivas a mediano y largo plazo, para la construcción de una sociedad dinámica, más justa, más equitativa y con mejores oportunidades para todos, tanto laborales, como de desarrollo personal y colectivo.


VIU: Personalmente, mientras dicta su clase ¿ha vivido alguna situación específica que le haya marcado durante esta pandemia?

JBV: En la actualidad no dicto clases formales en ninguna institución educativa, sólo algunas charlas, talleres o clases particulares mediante Zoom, Teams, o Google Meet. Esta experiencia me ha mostrado cómo el trabajar con grupos pequeños o con una sola persona, brinda la posibilidad de responder de manera más eficiente a las necesidades de los estudiantes y crear diálogos constructivos con ellos. Igualmente, se hacen más evidentes los progresos en el aprendizaje.

De todas maneras, sí quiero resaltar una experiencia particular que viví recientemente y fue la invitación de la coordinadora de primaria del Fleming College de Perú para dictar una charla sobre conciencia ambiental a estudiantes de sexto grado. Quedé gratamente impresionado por el interés y la participación de estos chicos y chicas en esta charla, la cual no fue sólo la oportunidad de crear conciencia en estos jóvenes, sino de hacer una reflexión personal en torno a mi relación con “la madre tierra”. Eso demuestra, entre otras cosas, cómo las redes sociales permiten crear puentes de reconocimiento y de aprendizaje mutuo entre diferentes culturas. 



Fecha de la entrevista: 12 de mayo de 2021 

12 de mayo de 2021

Qué está pasando en Colombia en el 2021



Éste video es una buena argumentación... Me surgen varias preguntas: ¿Cómo podemos formar el pensamiento crítico de nuestros jóvenes? Personalmente conozco algunos casos esperanzadores. Para empezar este video. Pero también conozco varios jóvenes que están haciendo un análisis sensato de la realidad, sin dejarse llevar por las ideologías sino por la razón lógica. ¿Cómo cambiar la cultura de la indiferencia? ¿La cultura de "pa" que votar si ganan siempre los mismos? ¿Cómo educar en la política como lo que realmente es? Todos somos agentes políticos. Ser indiferentes es ya una acción política... Necesitamos, urgentemente enseñar a pensar, especialmente a los más vulnerables; necesitamos, urgentemente, aprender a dialogar; necesitamos, urgentemente, unirnos como ciudadanos y crear "asambleas ciudadanas" proactivas; necesitamos, urgentemente, conocer, a fondo, nuestra realidad para poder así plantear soluciones efectivas. Necesitamos urgentemente entender que somos diferentes, y no tenemos que pensar todos de la misma manera para construir un país mejor.


ES LA HORA DE LOS EXCLUIDOS






7 de mayo de 2021

La protesta social, lo justo de un sueño, lo insensato de algunas acciones

Como cientos de colombianos, veo con profundo dolor, consternación y desasosiego, lo que está sucediendo en nuestro país. Miles de personas, en su mayoría jóvenes, han salido a las calles a protestar por una causa noble: construir un país donde haya verdadera justicia, equidad en la distribución de la riqueza, cuidado del campo y del medio ambiente, una educación de calidad y un servicio de salud que responda a las necesidades de todos por igual, de todos, pobres y ricos, ciudadanos y campesinos, personas de cualquier género, edad o condición social; esto es, en esencia, el sueño de todos los que han salido a manifestarse pacíficamente en estos días.

Infortunadamente, como tantas otras veces, fuerzas oscuras y una secuela de desadaptados, aprovechan la situación para desatar la violencia y la destrucción de bienes públicos (es decir, bienes de todos). Es verdad que, para nuestra desgracia, tenemos una clase política no sólo egoísta, sino ciega, sorda, incompetente e indolente con la realidad de sus ciudadanos. Es la clase política que, muy a pesar nuestro, hemos elegido. Pero eso no justifica el vandalismo, ni la falta de cordura extrema que ha causado el sufrimiento y la muerte de varios inocentes. Como por ejemplo, el bebé que murió en Tocancipá, por la barbarie de manifestantes que bloquearon una ambulancia; o el asesinato descarnado de miembros de la Fuerza Pública, como hemos visto en las redes.

Por otro lado, están los mensajes descontextualizados (estratégicamente ajenos a la realidad) de los miembros del gobierno que evidentemente no saben cómo controlar la crisis, la desinformación de los medios oficiales y el lenguaje agresivo de algunos líderes de la oposición o de diversos sectores radicales que arengan contra el poder y caldean los ánimos de la ciudadanía, en especial de los más vulnerables, que por su propia situación no han desarrollado un criterio propio que les permita decidir, por ellos mismos, lo que es más conveniente para todos. ¿Y qué tenemos entonces como resultado? Violencia desmedida ante la que el Estado, que quizá ve con miedo el clamor de miles y miles de jóvenes descontentos (y pensantes), responde con más violencia, haciendo también un uso desmedido de la fuerza.

La policía y las fuerzas armadas están para defender al pueblo y garantizar la seguridad ciudadana. Seguramente, algunos lo hacen de la manera correcta…, pero otros, nos sabemos cuántos, abusan del poder que tienen y, quizá carentes de criterio propio y de un adecuado dominio de sus emociones, arremeten, violando los Derechos Humanos, no sólo contra los vándalos (que los hay), sino contra personas inocentes, como Lucas Villa y Santiago Murillo, por nombrar sólo dos tristes casos de estos días.

Debo hacer un paréntesis; en el caso de Lucas Villa no está plenamente comprobado, por ahora, que haya sido la fuerza pública quien lo asesinó. La violencia, en estos momentos viene de muchos lados. Insisto, hay fuerzas oscuras, además de las del Estado, que quieren llevarnos a la destrucción. ¿Por qué? Como siempre, intereses políticos y económicos absolutamente mezquinos.  

Y en medio de este desolador panorama, los transportadores y otras organizaciones que lideran la protesta social, han llamado al bloqueo de las vías. Con esto, personalmente, no estoy de acuerdo. Habían dicho inicialmente que, si se caía la Reforma Tributaria, ellos no bloquearían las vías. Sin embargo, el presidente Duque retiró la propuesta y, aun así –no sabemos exactamente por orden de quien-, muchas vías han sido bloqueadas. ¿Es realmente necesaria esa presión?

Sabemos que estamos en manos de una semidictadura disfrazada, que nos venden mentiras descaradas y que por lo mismo debemos seguir luchando para que se haga justicia; pero, con todo y todo, la democracia aún no se ha muerto, aunque algunos muy escépticos piensen que sí. Otro paréntesis… Nuestra democracia no ha sido enterrada, no al menos como en Venezuela, Cuba, Corea del Norte, Somalia, Burundi, etc. Tenemos una democracia débil, probablemente coja, pero al menos la tenemos y está en nuestras manos fortalecerla…

Vuelvo a preguntar ¿A quiénes afecta más el que no podamos movilizarnos? ¿Eso de verdad afecta al gobierno de turno o a los congresistas insensibles? Se supone que la movilización es un derecho de todos los ciudadanos y hoy, muchos, no podemos salir de nuestros municipios porque el transporte ha sido suspendido y varias carreteras están bloqueadas (por ciudadanos inconformes, pero también por personas carentes de criterio).

Pero eso no es lo más grave. Lo más complejo, desde mi punto de vista, es la imposibilidad de transportar los alimentos y las medicinas, que son bienes básicos que responden a derechos fundamentales de las personas: la salud y la alimentación. Además, está afectando profundamente la ya destruida economía que tenemos. Miles de afectados, que en principio apoyan la protesta social, le empiezan a quitar su respaldo, porque entienden que no se puede combatir la injusticia, el irrespeto a la vida y a la salud, a la equidad, atentando contra todos esos mismos derechos. Es un tema de simple coherencia y legitimidad, y recordemos: no todo vale.  

Dichos bloqueos están generando un desabastecimiento de alimentos y de medicinas. En Suesca y Sesquilé, por ejemplo, se han reportado pérdidas de grandes cantidades de leche; y algunos hablan de la falta de insumos de medicamentos esenciales. Tales bloqueos están perjudicando a muchas personas que sufren de enfermedades graves o que se han contagiado de COVID y que por lo mismo, necesitan ir a Bogotá a sus tratamientos o a reclamar sus medicinas, lo que pone en riesgo la vida de estas personas. Sin embargo, hoy no pueden (no podemos) trasladarnos y atender estas necesidades vitales. ¿Esto es justicia social? ¿Esto es equidad? ¿Esto ayuda a reactivar la economía? ¿Dejar a la gente sin comida traerá equidad y mejores condiciones para todos? ¿Esto es, de verdad, una forma inteligente de reclamar nuestros derechos? La verdad, no lo creo. 

Para construir una Colombia justa, los colombianos, los ciudadanos de bien, requerimos que el gobierno y las instituciones y la Fuerza Pública, empiecen por dar ejemplo. Y que, por otro lado, el movimiento social sea coherente, no pierda el capital intangible e inmenso que le otorga la legitimidad de sus reclamos, por la puesta en práctica de medios inmorales que dejan de lado los mismos derechos que tanto dice defender.

¿Alguna solución sensata y efectiva? ¿Qué tal si conversamos entre los ciudadanos y creamos comités donde se planteen los problemas más cercanos (y se den espacios para hallar soluciones), sin esperar nada del gobierno? ¿Y si cultivamos en nosotros y en nuestros jóvenes el espíritu de la solidaridad y un pensamiento crítico-constructivo? ¿Y si rogamos juntos a Dios, al mismo tiempo que cultivamos en el corazón la fraternidad? ¿Una utopía? Las utopías, junto con el amor, son el verdadero motor del cambio que el mundo necesita.

Resuenan en mi corazón y en mi mente ejemplos de luchas más pacíficas y más contundentes, como las vidas de Tenzin Gyatso (Dalai Lama), Martin Luther King, Bayard Rustin, Nelsón Mandela, Wangari Maathai, Chiara Lubich, Madre Teresa de Calcuta…     

Quiero creer, a pesar de todo, que otro país es posible.

Jaime Borda Valderrama
Un ciudadano del común






 

Una nueva revolución

En esto tiempos de inteligencia artificial en los que todo parece poder resolverse con una pregunta medianamente bien hecha (a una máquina) ...