8 de julio de 2014

Para pensar y reflexionar

Quiero que este pensamiento impregne mi vida... Espero que a otros muchos también les sirva.   

"El ejemplo de Jesús tiene que ser una luz para nuestra vida: todo lo que llega, lo que sucede, lo que nos rodea y también todo lo que nos hace sufrir, tenemos que saber leerlo como voluntad de Dios que nos ama, o como una permisión suya, en la que nos sigue amando.

Entonces todo resultará más interesante en la vida, todo tendrá un sentido, todo será extremadamente útil.

¡Ánimo! Aún estamos vivos. Todavía estamos viajando. La vida puede convertirse en una divina aventura. El designio de Dios puede cumplirse. Basta amar y tener los ojos abiertos a su siempre espléndida voluntad". 


Tomado de:  C. LUBICH, Juntos en camino, Ciudad Nueva, Buenos Aires, 1988, pp. 28-30.

18 de junio de 2014

Esta larga ausencia

¿Por qué no he vuelto por aquí?

Me dejé absorber por el trabajo. Me parece que no tuve otra opción. La vida es la que es y hay situaciones que se nos pueden salir de las manos o sobre las que podemos ejercer un control mínimo. Me refiero a esas situaciones que se asemejan a tempestades y para salir airosos, tenemos que capotear esa tempestad con todo nuestro potencial. No podemos esquivarlas y menos si se trata de nuestra "superviviencia" y es superviviencia porque efectivamente el pago que recibimos a cambio de nuestra ingente labor (la docencia) no da más que para sobrevivir en estos tiempos.

¿Es una queja? Sí, se puede tomar como tal. Al oírla, algunos me han dicho que eso refleja mi descontento con lo que hago. Que no esta bien quejarse por tu trabajo... hay tantos que no lo tienen. ¿Y? Bueno, lo admito, no logro disfrutar mi trabajo todo lo que yo quisiera. ¿Y eso está mal? ¿Sentirse cansado y algo decepcionado por haber dejado la piel cada día en tu trabajo, por haber trabajado muchas horas extras y ver pocos resultados positivos? No lo creo... Es necesario hacer una catarsis y expresarlo me permite hacer esa catarsis.
¿Y hay alguna alternativa ante el cansancio y el desánimo por los pocos frutos que veo? Por ahora sólo se me ocurre una: hacer un cambio de chip y disfrutar este trabajo, ejercerlo cada vez con mayor profesionalismo y no olvidarme que la educación es la base para el progreso de una sociedad. Es más, estoy convencido que la educación es el único medio para cambiar la sociedad, y la nuestra necesita cambios profundos. Yo trabajo -no sé bien si por desgracia o por fortuna- con niños y niñas yupis (estrato diez) que no valoran la educación. En realidad lo más grave es que los padres de estos chicos no valoran la educación en la justa medida. Son padres y madres que, en un alto porcentaje, creen que la educación depende exclusivamente del colegio; total, para eso pagan una buena fortuna por la educación de sus hijos... Es más, esos padres creen que el profesor es como un títere, un payaso, un ser que vale poca cosa y eso es absolutamente nefasto. Mientras estas familias no asuman la educación de sus hijos e hijas con responsabilidad, mientras no dejen de creer que la buena educación se compra con una buena billetera y no les enseñen a respetar y a valorar a sus maestros y maestras, este país no saldrá del pozo en el que está. Seguiremos teniendo problemas de corrupción, de injusticia, de violencia y de una profunda desigualdad social. Sí, la educación es una responsabilidad de todos, no sólo de la escuela.

Creo que me estoy yendo por las ramas... Volvamos al punto inicial. Después de este año intenso, me queda una reflexión importante. Si no te gusta plenamente lo que haces, tienes dos alternativas: o haces un esfuerzo para que te guste o buscas otra salida. En mi caso personal no veo otra salida, así que no tengo más alternativa que aprender a disfrutar lo que hago, con todo y los sinsabores que esta loable labor conlleva. Entre tanto y aprovechando las vacaciones, quiero, mientras sea posible, dejarme tomar por la palabra... Amanecerá y veremos!!

La vida es una sola y vale la pena gastarla bien...
             

17 de junio de 2014

Nadie...


Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo.
Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces.
Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.
Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.
Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.
Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo, ni se hace hombre sin sentir a Dios.
Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.
Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios.
Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.
Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir.
Nadie encuentra el pozo de DIOS hasta caminar por la sed del desierto. Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de DIOS.
Nadie deja de arder con fuego dentro. Nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. Si sacas todo lo que tienes y estás con DIOS... ¡Vas a llegar!

Autor desconocido

10 de mayo de 2014

Unas palabras al viento

- Sabes, me pregunto: ¿dónde esta la paz? ¿dónde está mi paz? ¿dónde están mis sueños? 

- Pero ¿por qué dices eso? Antonio...  

- Quiero estar en paz para dar paz, pero dentro hay siempre un deseo escondido de estar en otro sitio, como si quisiera permanecer anclado en el pasado. ¿Y para qué? Parece que yo era mejor en otro tiempo, ahora me descubro diferente, sin el mismo espíritu, con menos sabiduría que antes. ¿Me comprendes?  

- Sabes, te entiendo. Sí te entiendo porque a veces me pasa igual, pero eso no es posible. Es más, sería absurdo. ¿No crees? Deja de pensar en el pasado amigo mío. Toma el presente, por favor, te lo he dicho muchas veces. Toma el presente, y sea como sea, quiérelo, ámalo, sonríele a la vida. Ama tus circunstancias, acéptalas y, al menos por ahora, no intentes cambiarlas. Primero tienes que dar el paso de aceptarlas y amarlas, amar a los tuyos y a los que te rodean tal como son, tal como son. Acuérdate, sonríe, aunque por dentro tengas ganas de llorar o de escapar.   

- Gracias amigo, te prometo que lo voy a intentar. 

Y así se fue, sin decir nada más, con esa paz que tanto lo caracteriza, esa paz que Antonio sigue buscando, sin poder encontrar.    

12 de abril de 2014

Mil soles espléndidos, más que un buen libro

“Mil soles espléndidos” es la traducción que le han dado al título de uno de los últimos libros del reconocido escritor Kalhed Hosseini. Según él mismo es un título que lo conmueve y razón tiene porque la historia que cuenta tan magistralmente en su libro es una historia profundamente conmovedora.

Al ir leyendo este libro, ya desde las primeras páginas, se va formando un nudo en la garganta que a veces se transforma en rabia contenida y otras en un dolor que te conmueve y te cuestiona sobre el ser humano y sus alcances. Este libro es la historia de dos mujeres afganas que viven situaciones cargadas de dolores, de decepciones, de injusticias, de desprecio, de una violencia insoportable y no obstante todo, conservan en el fondo la esperanza de un mañana diferente. Mariam y Laila son mujeres comunes y corrientes pero su vida y lo que tuvieron que sufrir las hace grandes, y a Mariam, especialmente, le otorga una sutil sabiduría sobre la vida que les permite a las dos protagonistas soportar todo lo que les toca padecer, que no es poco. Esta obra retrata, desde la visión particular de dos mujeres sencillas, la realidad cruda de una sociedad oprimida por el totalitarismo ejercido por un grupo reducido de fundamentalistas que someten, muy especialmente a las mujeres, a unas leyes completamente absurdas y aniquiladoras. Fruto de esa sociedad es el hombre, o mejor dicho el marido que por desgracia les toca, que las oprime, las subyuga, las maltrata, las menosprecia, las esclaviza. No obstante todo, en el fondo de su ser, no se sabe exactamente cómo, logran cobijar un espíritu libre y sabio que les ayuda a mantener la esperanza, más allá de las circunstancias.


Pero en esta historia no todo es dolor. Algunos personajes y algunos momentos devuelven el alma al cuerpo. El padre de Laila y el novio de su juventud, Tariq, son personajes que refrescan, que hablan de otro modo de ser hombre, distinto del de Rashid, el esposo medio demente y medio salvaje (digo yo)  de las dos mujeres. De alguna manera la presencia de estos personajes permite recuperar el aliento y mantiene viva la esperanza y la certeza de que algún día la suerte cambiará.


Ya en las últimas páginas, cuando por fin la historia hace un viraje y deja vislumbrar los mil soles espléndidos que se van alzando tras años de oscuridad y que están latentes a lo largo de todo el libro, Laila, sumergida en sus pensamientos y alentada por el recuerdo imborrable de Mariam, comprende que debe seguir adelante con su vida, “porque sabe que no puede hacer otra cosa. Eso [seguir adelante] y tener esperanza”. Quizá de eso se trata esta historia que se nos queda enredada en los entresijos del alma: saber que con frecuencia no tenemos otra opción más que seguir adelante sin perder la esperanza. Claro, para lograrlo, se necesita una buena dosis de coraje.

Ahora, aún después de días de haber cerrado la última página de este libro cada tanto pienso en Afganistán y en su gente. Una realidad aparentemente muy lejana de la mía, pero a la que no puedo ser indiferente.

Colombia, 10:54pm de este sábado 12 de abril. Afganistán, 8:24 am del domingo 13 de abril…. ¿Cuántos mueren aquí y allá a esta misma hora a causa de alguna injusticia? ¿Y yo que puedo hacer desde la comodidad de mi casa? Al menos levantar una oración, no olvidar, no dejarme atrapar por la indiferencia, no tener miedo a sentir el corazón oprimido ante el dolor ajeno… Y escribir estas palabras que ahora dejo sueltas para que toquen algunas puertas, puertas que quieran dejarlas pasar e invitarlas a entrar.

Una nueva revolución

En esto tiempos de inteligencia artificial en los que todo parece poder resolverse con una pregunta medianamente bien hecha (a una máquina) ...