27 de julio de 2011

My girl

Ésta sonrisa es capaz de hacer salir el sol aún en la tarde más gris... 
Tiene una alegría que contagia.
No hay espacio para la tristeza... Imposible, ¿cómo?

22 de mayo de 2011

Como una vela

Este pensamiento me lo envío hace un tiempo un muy buen amigo mío. Hoy quiero compartirlo en esta ventana, en principio para no olvidarlo y por otra parte, porque quizá a alguién más le pueda gustar y le puede servir. 
La pequeña vela

Érase una vez una pequeña vela que vivió feliz su infancia, hasta que cierto día le entró curiosidad en saber para qué servía ese hilito negro y finito que sobresalía de su cabeza. Una vela vieja le dijo que ese era su "cabo" y que servía para ser "encendida". Ser "encendida" ¿qué significaría eso?. La vela vieja también le dijo que era mejor que nunca lo supiese, porque era algo muy doloroso. 

Nuestra pequeña vela, aunque no entendía de qué se trataba, y aún cuando le habían advertido que era algo doloroso, comenzó a soñar con ser encendida. Pronto, este sueño se convirtió en una obsesión. Hasta que por fin un día, "la Luz verdadera que ilumina a todo hombre", llegó con su presencia contagiosa y la iluminó, la encendió. Y nuestra vela se sintió feliz por haber recibido la luz que vence a las tinieblas y le da seguridad a los corazones.

Muy pronto se dio cuenta de que haber recibido la luz constituía no solo una alegría, sino también una fuerte exigencia… Sí. Tomó conciencia de que para que la luz perdurara en ella, tenía que alimentarla desde el interior, a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse… Entonces su alegría cobró una dimensión más profunda, pues entendió que su misión era consumirse al servicio de la luz y aceptó con fuerte conciencia su nueva vocación.
 
A veces pensaba que hubiera sido más cómodo no haber recibido la luz, pues en vez de un diario derretirse, su vida hubiera sido un "estar ahí", tranquilamente. Hasta tuvo la tentación de no alimentar más la llama, de dejar morir la luz para no sentirse tan molesta.
 
También se dio cuenta de que en el mundo existen muchas corrientes de aire que buscan apagar la luz. Y a la exigencia que había aceptado de alimentar la luz desde el interior, se unió la llamada fuerte a defender la luz de ciertas corrientes de aire que circulan por el mundo.
 
Más aún: su luz le permitió mirar más fácilmente a su alrededor y alcanzó a darse cuenta de que existían muchas velas apagadas. Unas porque nunca habían tenido la oportunidad de recibir la luz. Otras, por miedo a derretirse. Las demás, porque no pudieron defenderse de algunas corrientes de aire. Y se preguntó muy preocupada: ¿Podré yo encender otras velas? Y, pensando, descubrió también su vocación de apóstol de la luz. Entonces se dedicó a encender velas, de todas las características, tamaños y edades, para que hubiera mucha luz en el mundo.
 
Cada día crecía su alegría y su esperanza, porque en su diario consumirse, encontraba velas por todas partes. Velas viejas, velas hombres, velas mujeres, velas jóvenes, velas recién nacidas…. Y todas bien encendidas.
 
Cuando presentía que se acercaba el final, porque se había consumido totalmente al servicio de la luz, identificándose con ella, dijo con voz muy fuerte y con profunda expresión de satisfacción en su rostro: ¡Cristo está vivo en mí!

(Autor desconocido – ACI - Prensa)

24 de abril de 2011

Dios habla a través de nuestros hijos

"¿Papá, sabes que P. dice que jugando futbol amamos a Jesús? Pero eso no es verdad. Lo que quiere Jesús es que ayudemos a los pobres y acompañemos y escuchemos a los enfermos y que amemos a nuestros papas... Eso le gusta a Jesús..."

Estas fueron, más o menos, las palabras de mi hijo de 6 años ayer por la mañana. DJ siempre nos sorprende. Cada tanto sale con estas cosas, y entonces tenemos la impresión de que es Dios mismo quien nos habla a través de un niño, que con toda su inocencia es capaz de abrir su alma a las cosas más sublimes.

Sí, no me cabe duda, los niños también hacen su propia experiencia de fe. No podemos ni debemos subestimarlos. Y tampoco podemos negarles de tajo esa experiencia.

No puedo dejar de recordar la historia de unos padres enardecidos porque en el colegio de su hija tenían crucifijos en las aulas y según ellos, eso la perturbaba. Para esos padres, la niña decidiría si creer o no cuando fuese grande... Es posible que eso llegue a suceder, pues para Dios nada es imposible. Sin embargo, estoy convencido totalmente, que esos padres -quizá con buena intención, pero también llevados por un odio contra la iglesia- le han impedido a su propia hija hacer una experiencia vital para cualquier ser humano, la experiencia de la fe, una experiencia que le da sentido a cada cosa. Nuestra trascendencia no comienza a los 18 años... Somos seres trascendentes desde el mismo momento de la concepción, pero para creerlo, hace falta vivirlo, es decir hace falta tener una experiencia de fe.

La fe, ciertamente, no se aprende en las aulas, pero no por ello debe abolirse su enseñanza, siempre y cuando se haga en el marco del debido respeto a todas las creencias y sin cohartar la libertad de pensamiento de los individuos (seguro que es posible..). Prohibir, como se hace hoy, mediante argumentos escurridizos, que a un niño o a una niña se le hable de Dios en la escuela es cerrarle las puertas a la esencia del conocimiento, ese que abre las puertas a la sabiduría y, además, da bases realmente sólidas para afrontar la vida.

Bueno... claro que si en casa no se habla de Dios, pues... ¿qué podemos decir? Pueden suceder muchas cosas, pero de eso no quiero hablar hoy. 


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28 de marzo de 2011

Un merecido homenaje


El pasado 14 de marzo se celebró en todo el mundo el tercer aniversario de la muerte de Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares.

Hoy, desde esta página quiero rendir un homenaje a esa mujer que ha cambiado la historia de muchas personas, incluyendo la mía... 

Su coherencia y fidelidad al carisma que Dios le dio, permitió que el Ideal de la Unidad se difundiese en poco menos de 50 años por los cinco continentes y por ello hoy podamos hablar de una familia planetaria que vive al unísono por el mismo objetivo: el Mundo Unido.
 
Chiara Lubich era una mujer normal y extraordinaria al mismo tiempo. En pleno siglo veinte fue capaz de dejarlo todo por seguir a Jesús. Ella, porque supo escuchar la Voz del Espíritu Santo, comprendió y vivió de una manera nueva el Evangelio, resaltando su perla más preciosa, esto es, el amor recíproco.  “El amor todo lo vence”, lo dijo en muchas ocasiones, pero no sólo lo dijo, sino que lo vivió y por eso su vida es un testimonio real de que eso es verdad.

Pero rendir un homenaje a Chiara Lubich es también rendir un homenaje a otras mujeres y hombres que la acompañaron en su “Divina Aventura”, como Gis, Ginetta, Silvana, Doris, Aletta, Eli, Natalia, Igino Giordani, Don Foresi, Marco Tecila, Fons y otros más. Sin duda, el testimonio de amor recíproco que ellas y ellos dieron y siguen dando, así como el testimonio de una vida plenamente vivida según el Evangelio, hizo posible el surgimiento de lo que hoy se conoce como Movimiento de los Focolares, un “pequeño fuego” que quiere silenciosamente “quemar” todas las ciudades y los pueblos con la llama de la fraternidad universal.

Su legado para Iglesia y para la humanidad es enorme e invaluable.

He aquí algunas “perlas” de su pensamiento:

«Levantarse por la mañana y decir sólo eso: “Amaré yo primero a todos los que encuentre durante este día; a éste y a aquél, siempre primero, siempre primero, siempre primero”. Lanzarse siempre a ser los primeros en amar. ¡Qué vida maravillosa!»

«El amor que enseña el Evangelio debe llegar a todos. Por eso no se hace distinción entre el simpático o el antipático, el bonito o el feo; no se hace distinción entre el extranjero y el compatriota, el africano, el europeo, el cristiano y el no cristiano… Hay que amar a todos, a todos, a todos. Jesús hizo así: amó a todos. Igualmente nosotros». (Augsburg, 30 de octubre de 1999)




19 de marzo de 2011

A mis hijos, en el día del padre


Hoy, en España se celebra el día de San José y de paso el día del padre... ¿Cómo no dar gracias al cielo por tener los hijos que tengo? Por eso hoy les dedico estas palabras

A mi hijo del alma

Desde el primer instante en que te ví,
supe que te amaría para siempre.
Es un amor que crece con los días,
como crezco yo al lado tuyo.

Me has enseñado
la raiz de la palabra padre,
el valor de la constancia,
la libertad que me da
no pensar en mí,
y la fuerza detrás de la paciencia,
que no siempre tengo.

Tú eres ese regalo de Dios
que nunca imaginé recibir.

Amo la luz de tu sonrisa,
la profundidad de tu mirada,
la hondura de tus abrazos,
la limpidez de tu alma,
y la sabiduría que se esconde
en tu corazón de niño.

Pero lo más entrañable,
es esta certeza de saber 
que cuentas conmigo!

Con todo mi amor,
Jaime

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A mi hija

Aunque aún no sabes pronunciar una palabra,
tu corta vida es el mejor libro que he leido.

Nana, nana,
tu sonrisa es
un canto alegre a la esperanza,
un destello de luz que penetra la tiniebla,
una flor que sobrevive en el invierno,
es la posibilidad de olvidarlo todo
y comenzar de nuevo.

Y tus abrazos
son la palabra indecible,
son una sinfonía de amor,
son el refugio a media tarde
con la hoguera encendida,
son el aliento
que me renueva la vida.

El nuevo nombre
de la ternura eres tú,
"nuestra nana"

JBV (19/03/2011)

Una nueva revolución

En esto tiempos de inteligencia artificial en los que todo parece poder resolverse con una pregunta medianamente bien hecha (a una máquina) ...