13 de enero de 2026

13 de enero de 2026 - De nuevo, la incertidumbre

Estamos casi a mitad de enero y no sé muy cómo llegamos tan rápido hasta aquí... Estos primeros días se pasaron en un parpadeo. 

El tiempo de descanso, primero en Pereira y luego en Cartago, me logró sacar de la rutina y alejarme de mi cotidianidad y... también de mis responsabilidades. Realmente necesitaba desconectarme, cambiar de aires, pero ahora no logro centrarme plenamente en los proyectos que tengo pendientes. Son pocos, pero todos importantes. 

Miro lo que he logrado hasta ahora en mi vida y, aunque me parece increíble, también se ve, al menos desde cierta perspectiva, como poco, en apariencia sin mucho valor. No soy una persona reconocida, ni tengo la estabilidad económica que una sociedad capitalista demanda. No obstante, tengo otras cosas que son aún más importantes y poco valoradas, una linda familia y una casa amplia donde cabemos todos. No me falta comida, ni ratos de diversión. Además tengo muchos libros. También unos pocos amigos, muy pocos, pero a los que veo muy de vez en cuando. Eso hay que corregirlo. 

Como quiera que sea, el futuro se antoja incierto como lo ha sido casi toda mi vida. Nunca sé con certeza lo que me puede deparar el mañana, menos aún lo que puede suceder la próxima semana, ni qué decir del próximo mes. La incertidumbre es más alta cuando eres independiente o semi-independiente, como me pasa a mí. Supongo que no soy el único que experimenta esa sensación por estos días.  

Este año es año de elecciones en Colombia y eso lo hace particularmente especial. El futuro del país está en juego. De eso no me cabe la menor duda. Aún no he tomado una decisión sobre por quién votar. Sigo escuchando opiniones, leyendo algunos artículos, analizando candidatos y posibilidades de futuro para Colombia. Los que me conocen saben que normalmente estoy dispuesto para hablar de política, pero siempre desde el respeto. 

Y entre tanto, el mundo sigue bajo fuego, con un panorama más bien gris oscuro, pero con algunos destellos de luz. No hay certeza sobre lo que puede pasar en Venezuela, en Irán o en Gaza. Sigue además el exterminio de cristianos en Nigeria. Estallán bombas en Alepo y mueren de hambre cientos de personas en Haití, en Cuba y en tantos rincones olvidados del planeta. Se habla de una tercera guerra mundial. El mal se apodera del mundo y a veces cuesta no preguntarse: ¿Y dónde está Dios? ¿Por qué no derriba del trono a los poderosos como dijo María que Él lo haría? No entiendo nada y siento unas enormes ganas de gritar y de llorar ante tanta barbarie e ignomia. 

 

 

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