Aunque ahora pareces estar en todas partes, no puedo negar que te extraño, que me haces mucha, mucha falta.
Sé que debo seguir adelante y lo estoy haciendo, pero como negar que humanamente resulta difícil y doloroso aceptar de corazón tu ausencia física.
Ya no estás entre nosotros... Ahora estás en la plenitud de la Vida, allí donde algún día - así lo espero - llegaremos todos los demás, todos los que te queremos y te extrañamos tanto.
Mamá, ahora que puedes mirarme desde el cielo, dame la fuerza que necesito y redobla en mi la certeza de que todo va a ir mejor cada día.
No me puedo dejar consumir por el dolor, porque sé que tú eres feliz, has llegado a la meta, has finalmente abrazado al Amor de los amores.
21 de marzo de 2015
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