4 de marzo de 2011

Una lección por aprender

He pensado muchas veces si escribir o no esta historia, pero finalmente he decidido no pensar más y hacer un poco lo que el corazón me dicta y por eso ahora estoy aquí, abriendo esta ventana para compartir esta y otras muchas historias con mis amigos, con mi familia y con esos otros que puedan acercarse a este punto adimensional por la razón que sea. 



Empecemos...

Aún se me hace un nudo en la garganta cuando lo recuerdo, pero igual quiero contarlo. 

Hace unas pocas semanas en un club cerca de casa, mientras esparaba a mi hijo D.J. y jugaba con A. I., mi pequeña hija de 2 años y medio con Síndrome de Down, unos chicos de unos 10 años la vieron por algunos minutos -al decir verdad, ella se les acercó y les regaló su sonrisa y su inocencia. Aunque lo intentaban disimular, no entendieron su actitud, y se rieron con cierto tono de burla, así que yo la tomé en mis brazos y me alejé de allí. Pero al retirarme de su espacio, uno de ellos se volvió a reir y dijo en un cierto tono de burla algo así como: "tiene retraso mental". En ese momento sentí una herida profunda y un deseo de gritar que algo así no es para burlarse... Pero contuve la ira y me acerqué a los chicos. Conteniendo mi dolor empecé a hablar sin saber muy bien lo que quería decir:

- ¿Creéis que esto es para burlarse? ¿Realmente lo creéis? 
- Ella ni siquiera se ha dado cuenta de vuestra burla y os sigue sonriendo.
- Es verdad que ella tiene síndrome de down, pero justamente por eso necesita más amor que otros. Es un ser para amar, no para burlarse. 
- No crean que es fácil muchachos, no lo es, ni para ella, ni para nosotros sus padres. Espero que la próxima vez piensen muy bien antes de burlarse de una persona así...

Quizá les dije otras cosas más sin mucha coherencia. Los chicos quedaron algo asustados y sin saber muy bien qué responder... Yo hubiera querido decir muchas cosas más, pero la ira del momento no me dejó pensar con calma. 

Al llegar a casa y recapitular los hechos, pensé que efectivamente había algo que decir. Mi hija ni siquiera se dió por enterada de la afrenta. Ella siguió sonriendo y buscándoles el juego... Sí, hay algo que decir y quiero hacerlo aquí: "Ellos y yo necesitamos  aprender a ser como A. I., dejar pasar de largo las ofensas, perdonar si es el caso y volver a sonreir; así como ella: nada la afectó, hizo caso omiso de la burla y siguió sonriendo. Inocencia pura; así la vida sería mucho más sencilla".   

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10 comentarios:

  1. Hermoso relato Jaime, y aunque antes de leer esta historia leí la aclaración pertinente, creo que el mensaje queda claro sin la aclaración.

    Sí, A.I. es un ángel que vino a enseñarles -y enseñarnos- mucho, mucho, mucho.

    Algo que también me parece hermoso de tu historia, incluyendo la aclaración pertinente, es que muestra tu condición humana, con los sentimientos encontrados que uno tiene, así como la capacidad de reflexión, que es finalmente lo que nos hace aprender. Como decía Thomas Kempis en La Imitación de Cristo "la santidad no consiste en no caer, sino al caer levantarse".

    Gracias por compartir esos hermosos milagros diarios que dan sentido a la vida.

    Karen Lange

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  2. Un abrazo Jaime y gracias por tu compartir. Nos vemos

    Mariana

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  3. Jaime que lindo el mensaje no sabes como me caída de bien leer esto, cuánto bien haces compartiendo algo de tu alma. Gracias infinitas!

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  4. Me gustaría saber quién es éste último anónimo... Seguro que te conozco, ¿o no?

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  5. Como a crecido!!! un cariño especial para A.I.
    Gracias por compartir, un fuerte abrazo para Uds.

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  6. Gracias Jaime por esta leccion de vida que nos dio A.I.
    La puedo poner en comun con los popos de mi focolar?
    un abrazo enorme y gracias por compartirla con nosotros

    German Vangel

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  7. Jaime, aunque no te conozco, he leído tu historia.
    Decirte que cosas como estas te seguirán pasando... Lo importante es el convencimiento de que las burlas no son nada al lado de lo grande que es tu hija!! Piensa también que a valorar la diferencia, se aprende. Y los chicos de los que hablas algún día lo aprenderán. Puede que tu y tú hija les dieráis la primera lección!

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  8. Querido "Anónimo",
    Muchas gracias por tus palabras. Han pasado ya casi 10 meses desde que viví esta experiencia y, créeme, en este tiempo he aprendido otras muchas lecciones, pues mi hija ha sido toda una escuela para mí. Parafraseando a Emily Perl Kingsley, puedo decir, con absoluta convicción, que estoy feliz de haber llegado a Holanda! (Espero poder escribir pronto justo sobre esto).

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  9. Me alegro de todos tus aprendizajes. Y tienes razón... Holanda nada tiene que envidiar a Italia!

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  10. Querido "Anónimo",

    Para empezar me gustaría saber tu nombre y para continuar, debo decir que, no obstante todo lo aprendido, sé que aún me queda mucho por aprender, por vivir, por gozar y por sufrir. Seguramente habrá días o momentos en los que estar en Holanda no sea lo mejor, pero eso no importa. Por ahora, tenemos el presente y debo vivirlo como viene, con la certeza de que mi hija es un regalo... un regalo del cielo.

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