11 de junio de 2017

Un libro: "Malko y Papá"

"MALKO Y PAPÁ", es un libro muy singular creado por un ilustrador gráfico argentino (Gusti) que fue promocionado recientemente en la última Feria Internacional del Libro de Bogotá. No es un libro común y corriente. No es tampoco una historia con introducción, trama y conclusiones... Podría quizá clasificarse como un relato gráfico, un retrato de una experiencia que ha marcado la vida del autor. Pero, en realidad como lleguemos a clasificarlo -literariamente- es lo de menos. Basta con saber que no es un libro cualquiera, que te lo puedes leer una y mil veces y no te aburres, que te conmueve y te hace reir al mismo tiempo, y mucho más si has tenido la fortuna de tener un hijo o una hija con Síndrome de Down, como es mi caso.

Dice Gusti en las primeras páginas de su libro: "A veces, con los hijos, pasa como con el dibujo: no te sale como lo imaginabas". En realidad, casi nunca los hijos salen como uno se los imagina. ¿O sí? La verdad no creo... De hecho, a medida que van creciendo ellos mismos van definiendo su forma de ser y su personalidad, que no siempre, o casi nunca coincide con lo que esperábamos, o lo que quisiéramos. Con frecuencia, incluso, resultan ser mucho mejores y mucho más inteligentes que nosotros... ¿O no?

Claro, si tu hijo es como Malko, la situación puede ser algo más compleja, pero no terrible, ni deseperante. Cuando la vida te regala la oportunida de tener un hijo con síndrome de down, o con asperger o con autismo o cualquier otra discapacidad cognitiva o física, tu visión del mundo, inevitablemente, cambia. Y te das cuenta que efectivamente "a veces un hijo no sale como te lo imaginas", pero finalmente eso termina siendo una lección de vida, una oportunidad de crecer, de derribar mitos y prejucios y entonces comprendes que en esta vida solo hay una cosa que de verdad importa: cuánto amas, sin importar las circunstancias. 

Estoy convencido de que los hjos son una bendición y que ellos -cuando son niños pequeños- son maestros en estado puro que no se han contaminado por el exceso de conocimientos o de información tergiversada que hoy por hoy sobreabunda en nuestro planeta y, que por eso te enseñan un montón de cosas esenciales. Además de Malko, Gusti y su esposa Anne, tienen un hijo mayor: Theo, que cuando nació Malko contaba apenas con ocho años. Por lo que relata Gusti en su libro, para Theo, la condición de su hermano es algo secundario, tanto así que un día le dijo a su papá: "A mí que más de me dá si es verde, rojo o azul, plateado con pelos o bajito, gordito. Para mí siempre va a ser mi mejor hermanito". Theo entonces resultó ser el maestro de papá. A mí también me ha sucedido un montón de veces algo parecido, especialmente con mi hijo mayor que ya va por los 12 años.

La discapacidad es sólo una condición humana como pueden serlo la diabétis, o el parkison o una parálisis leve o grave. Nuestra humanidad es frágil, pero al mismo tiempo es fuerte y sorprendente. Es una maravilla estar vivos y conocer personitas como Ana Isabel (mi hija), como Malko o como Fernando (un pequeño de 4 años con SD a quién conocí apenas ayer en un centro comercial).  

Gusti dice muchas cosas con las que me identifico -nos identificamos- porque conocemos bien lo que significa tener un hijo con Síndrome de Down... Pero, en mi caso particular, con la frase que más me identifico es con esta: "Hemos convivido a tu lado estos días y nos has maravillado. Eres dulce, eres tierno, bonito y bueno. Cuando estamos a tu lado nos sentimos en el cielo". Así, tal cual, me pasa a mi, le pasa a mi esposa, y les pasa a muchos otros que han compartido con nuestra hija Ana Isabel a lo largo de sus maravillosos 9 años, recién cumplidos.

¿Qué sería nuestra vida sin las diferencias? Gracias mi Ana, gracias Malko, gracias Fernando por existir.

Y gracias a tí, por tomarte el tiempo de leer estas líneas.

28 de marzo de 2017

Mi hijos van felices al colegio


Para casi cualquier padre o madre de familia, una de las mayores preocupaciones suele ser la educación de sus hijos. ¿Dónde los llevamos? ¿Cuál es el mejor colegio para ellos/ellas? ¿Dónde los educarán de una forma distinta a como lo hicieron con nosotros? Nos preguntamos los padres al momento de decidir qué colegio escoger. Claro, cada pareja puede tener diferentes objetivos; algunas siguen buscando simplemente logros académicos, éxito social ahora y en el futuro, que sus hijos sean los mejores, los primeros, los que tienen (conservan) el poder... Otros buscamos una educación alternativa, verdaderamente integral, sin competitividad.

En el caso particular de Colombia, la verdad, no resulta fácil todavía encontrar propuestas educativas que miren al niño como un ser completo, quien más allá de formar su pensamiento necesita también formar sus sentimientos, sus valores, su propia identidad. Uno puede preguntarse si realmente existe un colegio donde miren al niño de esta manera y tengan una pedagogía que logre potenciar las diferentes dimensiones del ser humano.

Nosotros, mi esposa, mis hijos y yo, tuvimos la fortuna de encontrar ese tipo de escuela. Si, prefiero hablar de escuela, en su sentido epistemológico más profundo. Es una escuela cuyo enfoque pedagogíco es netamente Waldorf, es decir que tiene una cosmovisión específica sobre el ser humano y lo forma en sus tres dimensiones fundamentales: el pensar, el sentir y el hacer.

Sé que hacer referencia a esta pedagogía causa resquemor en muchas personas, por sus orígenes, por quien la fundó (Rudolf Steiner) y por el marco filosófico que la sustenta; sin embargo, hay que vivir la experiencia para juzgar con mejor criterio, desde la propia perspectiva, los pros y los contras que pueda tener. Y, al menos desde mi punto de vista, son más los aspectos positivos que los negativos.  

En lo personal, aunque veía mucha coherencia en los planteamientos que me expusieron desde un principio, tenía muchas dudas sobre las ideas en las que se fundamenta esta pedagogía. Sin embargo, poco a poco, fui entrando en la dinámica y en el espíritu de la escuela. Finalmente, lo que cambió mi visión sobre este tipo de formación fue el hecho de ver a mis hijos felices tanto a la hora de ir al colegio, como al regresar del mismo. Yo he sido docente varios años y nunca había visto que un niño dijera, con convicción, que le gusta su colegio. No todo es perfecto, ciertamente, hay algunas cosas con las que no estoy totalmente de acuerdo, pero mis hijos son felices, no piensan en ser los primeros, ni en ser los mejores, quieren simplemente ser ellos mismos y eso es fenomenal.

Y los maestros de la escuela donde van nuestros hijos... son personas muy especiales. Lo mismo sucede con las maestras de la escuela donde llevamos a nuestra hija, que también funciona según los parámetros de esta pedagogía. Todos y todas son personas estupendas. Rara veces he visto un grupo de maestros tan comprometidos con su labor. Pero hoy no hablaré sobre este particular. Sería un tema para otra entrada.  

Otro aspecto que quiero resaltar de esta escuela (Colegio Montecervino en Chía, Cundimarca), es que logra algo que tampoco he visto en ningún otro colegio, al menos no en el nivel que lo he visto aquí. Me refiero al hecho de involucrar a los padres, a fondo, en la educación de sus hijos. Soy un convencido absoluto de que la labor educativa no es una responsabilidad sólo de la escuela, sino de toda la sociedad y si el mundo marcha -muchas veces- al revés es justamente porque la sociedad en su conjunto no ha asumido esta responsabilidad. Como ya lo he dicho en otras partes, "en la sociedad contemporánea, la educación integral de las personas es (o debe ser) una función compartida entre la escuela, la familia y diversos agentes sociales" (Borda, 2015).

Las escuelas Waldorf se caracterizan por involucrar, realmente, a los padres en la educación de sus hijos e hijas, invitándolos a ellos mismos a desaprender ciertos conceptos de la modernidad, a re-educarse en algunos aspectos, a crecer ellos mismos como personas, para poder así ayudar a sus hijos a crecer adecuadamente, y sobre todo a ser guías conscientes de la formación integral de sus hijos. Y esto es fundamental para crear una nueva sociedad, la sociedad con la que todos (o al menos muchos) soñamos, esa que necesitamos, con urgencia, re-construir.

Mis hijos y sus compañeros van felices al colegio y eso es un motivo para sentirme feliz yo también.

Jaime Borda V.


 
(*) Borda, J. (2015). Relaciones entre fracaso escolar y factores socioculturales en inmigrantes latinoamericanos. Tesis de doctorado. Universidad Pública de Navarra. Pamplona. España.