14 de junio de 2013

Una dura lección

He aprendido en estos días que cuando respondemos a la ira con ira y a las ofensas con más ofensas terminamos causando heridas muy profundas, heridas que no se sanan sólo con pedir perdón y menos cuando el otro es incapaz de perdonarnos, por la razón que sea. Es necesario ir mucho más allá. Es necesario perdonar en nuestro corazón (no hay necesidad de que el otro lo sepa), cambiar nuestra actitud y amar de verdad, amar a fondo perdido, sin esperar nada, nada, nada del otro...

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