21 de junio de 2013

Confesiones de un aprendiz

Hoy un amigo me envió un mail con algunos pensamientos de Cecilia Perrín, tomados de su libro: "Tus caminos son una locura"

La breve historia trata sobre algunos pensamientos muy profundos que ella le dice, al parecer, a uno de sus estudiantes. Y al final termina diciéndo lo siguiente: 

"Sé que les repetí hasta al cansancio lo que ahora te voy a decir, pero más que nunca estoy convencida de que Dios es amor. Espero que lo experimentes alguna vez (también hay que pedírselo, ¿eh?, las cosas nunca vienen de arriba). La vida es toda una conquista. Yo quiero conquistarla, y estoy luchando con todo lo que tengo para lograrlo. ¿Y vos? ¡Vale la pena!” (p. 52)

Con mi experiencia de los últimos días he podido constatar que efectivamente la vida es una conquista, y que en verdad es necesario pedirle a Dios que nos haga sentir Su Amor, entre otras cosas porque el suyo es muy distinto del de los hombres, y justamente por eso necesitamos aprender a verlo y a sentirlo. 

Algo más que he aprendido en estos últimos días, es que la mayor conquista consiste en saber controlar nuestro carácter, en especial cuando somos impulsivos, en saber gobernar nuestros sentidos y nuestras pasiones. Esta sería, para mí, la más grande conquista de todas: ser plenamente dueños de nuestras acciones. Pero creo que esta es también una gracia que debemos pedir. Controlar el propio carácter no es una tarea sencilla. 

De cualquier manera, no importa cuántas veces fallemos, lo importante es saber recomenzar, pedir perdón si hace falta y creer, firmemente, que Dios nos ama inmensamente tal como somos, incluso con nuestros yerros. Ahora, cada vez que recuerdo mis errores, me repito: "Dios me ama"... Eso basta para alzar la cara y seguir adelante, con la frente en alto.

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