29 de marzo de 2016

¿Muertos de segunda?

La guerra, cualquiera que sea, ha sido, es y será siempre un absurdo de la historia humana. A algunos nos resulta inverosimil que un hombre sea capaz de matar a otro. Sin embargo, este karma, parece ser un sino de la humanidad, incluso desde sus inicios más remotos.

El instinto de supervivencia, primero; luego la ambición y la sed de poder han sido los principales gérmenes de las guerras que hoy azotan a la humanidad, prácticamente en todos los puntos cardinales del planeta.


Los medios de comunicación hacen eco de algunas noticias relacionadas con este cancer, pero es evidente que no lo hacen siempre de la misma manera. Pasó con Paris y con Beirut. Ahora pasa con Bruselas y con Pakistán. Los muertos "blancos o europeos" ocupan grandes titulares, los otros suelen estar en la segunda página y cuando no, apenas hacen reseña del asunto uno o dos días y luego se olvidan... Por el otro lado, en cambio, de los primeros se habla durante una semana entera o más. Y los jefes de las grandes potencias se pronuncian con vehemencia cuando la bomba ha sido puesta en territoio europeo o norteamericano, pero no sucede igual en los otros casos  ¿Estaré equivocado?


No obstante que ya hemos pasado el umbral del tercer milenio y a pesar de las (quizá pobres) campañas para construir un mundo más justo y más igualitario, la humanidad se sigue rigiendo por el poder, la ambición de unos pocos, el interés individual y la discriminación, esto es, la idea según la cual unas personas son mejores y más importantes que otras...


¿Hasta cuándo? Me parece, sin querer ser pesimista, que esto seguirá siendo más o menos lo mismo hasta el fin de los tiempos, hasta ese día o esa hora en que todo será borrado (de alguna manera) para dar por fin lugar a una nueva tierra y a un nuevo cielo...


Entre tanto, para no dejarnos llevar por el fatalismo, ¿por qué no hacer un esfuerzo por ser constructores de paz y protectores de la naturaleza?


Desde mi óptica, la humanidad, tarde que temprano, tendrá que desacelerar su alocado ritmo, caminar con pausa, y deshacerse de tantas inutilidades aparentemente útiles...


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