29 de mayo de 2013

Preguntas sobre nuestra realidad

Hace unos pocos días, cerca de casa ví, entre las 7 y las 8 de la noche, primero a un niño y luego a una niña, vendiendo en una esquina los famosos envueltos de mazorca. Ambos promocionaban su venta con voz queda, como quien sabe que no debería estar allí, pero no tiene más alternativa. ¿Los obligan sus padres o algún traficante sin escrúpolos? Vaya uno a saber.

Ante esta escena, no puedo dejar de preguntarme qué clase de país estamos construyendo. Veo tantas injusticias, tanta aribitrariedad, que empiezo a sentirme asfixiado. Un país regido por el egoísmo, donde normalmente priman los intereses económicos de unos pocos sobre los de la comunidad, ¿a dónde puede llegar? Tenemos un sistema de salud paquidérmico en el que lo prioritario no es el paciente, sino reducir los costos y aumentar las ganancias (vale la pena preguntarse, ¿para quién?), un sistema educativo elitista que algunas veces se asemeja más a un centro comercial que a un lugar de desarrollo del conocimiento como debería ser (aunque -todo hay que decirlo- también hay buenos docentes, gracias a Dios), y un sistema de justicia que parece más un show porque es más importante la imágen que la realidad de fondo y entonces se llega a condenar a los inocentes, mientras los culpables se ríen, quizá, desde una cómoda poltrona... ¿Hay alguna salida para todo esto? Debo reconocer que los colombianos tenemos mucho coraje para soportar tantas injusticias y no obstante todo seguir sonriendo y seguir luchando.

No es que yo sea pesimista, ni que no reconozca las cosas bellas y buenas de esta tierra privilegiada por su naturaleza. No, no es eso. Simplemente veo el panorama, y ahora que puedo, caigo en la tentación de comparar y entonces, la verdad, me da tristeza.

¿Es verdad que somos un país sin recursos? ¿Dónde está la gente buena que se esfuerza por hacer de éste un país diferente? Lo de los recursos es un cuento que no me creo. Si así fuera la educación, la salud, el entretenimiento, el mercado, la ropa, etc., etc.,  no serían tan caras como son aquí. Para mi propia sorpresa incluso muchos artículos básicos de la canasta familiar está más costoso que en Europa y ni que decir de la educación...

Y en cuanto a la gente buena, ya se que existe, pero no siempre se deja ver o quizá sea mejor decir que no nos la dejan ver. Bueno, ahí están los periodístas recientemente amenzados. Sufrieron esas amenzas justamente por ser gente buena y honesta. Y seguro que hay muchos más. Y claro, también están mis amigos, los pocos que tengo y mi familia (sin querer ser pretensioso, ni mucho menos). Sí, se que hay gente buena, pero el problema es que, al parecer, estamos gobernados por la gente mala, y no me refiero sólo a los que ocupan altos cargos en el gobierno, me refiero a todos aquellos que se empecinan por hacer el mal (robar, atracar, romper, dañar, secuestrar, buscar sólo el propio beneficio, etc, etc., etc.)

¿Podemos cambiar? ¿Podemos hacer algo? Quiero creer que sí!  

2 comentarios:

  1. Aunque el panorama es gris, no debemos perder la esperanza. La bondad no ha muerto, veo mucha gente buena a mi alrededor.
    Generemos allí donde nos encontramos. Sembremos alegría, solidaridad, valores y sobretodo amor, este último será la mejor medicina para nuestro pais... No podemos perder la esperanza!!! Cada uno de nosotros a partir de lo cotidiano, empecemos a construir un pais distinto y contagiemos a muchos de este deseo. Yo creo que es posible... No pierdo la fé en un país nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario. Me alegra saber que hay gente como tú. Yo tampoco pierdo la esperanza en un país mejor! Así que manos a la obra. No hay tiempo que perder.

      Eliminar