15 de mayo de 2012

Aprendizajes

La vida de Ana Isabel, nuestra hija con Síndrome de Down, es una lección de ternura, de amor y de alegría. ¿Cómo podríamos ni siquiera quejarnos por tener una hija como ella? 

Quizá el esfuerzo que requiere el educarla sea el doble de lo que necesitaría una niña sin su discapacidad, pero al mismo tiempo las satisfacciones y las alegrías que nos da son tan grandes y la disfrutamos tanto, que ese esfuerzo resulta, en cierto sentido, insignificante. Su vida nos enseña que los logros hay que disfrutarlos, no importa si son grandes o pequeños.

No faltan las ocasiones en que hay que enfadarse un poco con ella; y en algunos momentos incluso podemos dejar llevarnos por la rabia... Ella, después de comprender que lo que ha hecho no está bien, cambia en un instante su cara de niña regañada por una sonrisa enorme y para rematar te da un beso en la mejilla. Es difícil resistirse. Su vida nos enseña, sin palabras, el valor del perdón verdadero, que es capaz de olvidarlo todo, empezar de nuevo como si nada hubiera pasado y volver a amar, incluso más que antes... Y no es una simple estrategia de una niña lista y calculadora, no, no; es, de verdad, una capacidad increible de olvidar, de responder al mal con el bien. Supongo que hay que vivirlo para entenderlo. 

 A nuestra niña todo le cuesta un poco más. Es un hecho innegable, pero ella no se rinde. Quiere siempre lograr lo que se propone. aunque le pueda costar más tiempo y más esfuerzo. Su vida nos enseña a ser constantes y también a ir menos de prisa por la vida. Lo importante para ella es el ahora. Para nosotros los adultos que a veces vivimos anclados en el pasado o angustiados por el futuro, este saber vivir el ahora es una lección por aprender que nos aliviaría mucho la vida.

Sí, la vida de Ana Isabel, nuestra hija, es una lección de ternura, de amor y de alegría. Es tanto lo que hemos aprendido de ella y con ella que resultaría dificil reseñarlo en una pocas líneas. Cada vez que hablamos de ella se nos escapa una sonrisa. Bueno, lo mismo nos sucede cuando hablamos de nuestro hijo mayor del que habría también muchas historias que contar, pero quizá las dejamos para otro momento.

Hasta una próxima ocasión!




(en Francia, cerca de Saint-Jean de Luz)

2 comentarios:

  1. Qué bonito, James. Qué alegría hacer parte de esta historia contigo y con nuestros hijos que nos hacen tan felices.

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  2. Preciose. Y que razón tienes. Seguro que nos cuesta un poco más que aprendan las lecciones, pero seguro también que son ellos los que nos enseñan la felicidad, el esfuerzo, el cariño...
    Solo sus sonrisas valen cualquier esfuerzo por nuestra parte. Besos.

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