Hoy, sábado 3 de enero amanecemos con la noticia más esperado de los últimos años, el dictador Nicolás Maduro ha sido capturado por fuerzas especiales de los Estados Unidos. Para muchos es una gran noticia, para otros, no tanto. Aún no canto victoria.
Mientras en Caracas y sus alrededores habrá un ambiente de tensión y de esperanza contenida, yo escribo estas líneas desde un espacio donde pareciera que el tiempo se ha detenido, un pequeño estudio algo desordenado, con muebles del siglo pasado, una silla que debe tener al menos cincuenta años, algunos libros de medicina natural, carpetas dispersas, y frente a mi, un paisaje de varios verdes, con abundantes flores pequeñas de un color rosado fuerte y otras fucsias. Todo aquí es quietud, silencio, paz, calma, sosiego, mientras en otros rincones del planeta, el mundo arde... Venezuela, Ucrania, Nigeria, Irán... Dicen que se avecina la tercera guerra mundial. Dios nos libre.
Deseo paz para todos. Sin embargo, me parece que el mundo no sería mundo si no hubiera caos e incertidumbre. Las condiciones adversas nos impulsan a los creyentes a mirar al cielo, a fortalecer la fe, a alimentar la esperanza y a seguir amando, porque el amor, al final del día, es lo único que cuenta, lo único que queda.
Ahora mismo no sé que me depare este año, pero deseo que sea un tiempo lleno de bendiciones para mí y para mi familia. De seguro también habrá obstáculos y pruebas por superar. Tengo varios propósitos que por ahora no escribo, pero que están impresos en mi corazón desde hace un tiempo. Ya llegará el momento de escribirlos, y será pronto, no por los demás, ni siquiera por mis hijos y mi esposa, sobre todo por mí.
Cada día es una oportunidad para aprender, para amar, para soñar.
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