13 de febrero de 2015

Ante lo inevitable



El dolor me consume
y me desgarra por dentro
Un inmenso "¿por qué?"
se agolpa en mi pecho
como un león agazapado
a punto de saltar
rompiendo la poca 

cordura que le queda,
dejando tras de si
caos, desolación, llanto.

Espinas, muchas espinas,
heridas propias y ajenas,
lágrimas, unas ahogadas, otras liberadas.

Dolor, hondo, muy hondo;
el corazón oprimido;
y otra vez un inmenso ¿por qué?
sin respuesta…

No quiero guardar la compostura.
¿Por qué no llorar?
El llanto también libera.
Ya llegará el día 
en que este dolor se convierta en semilla
y de fruto, un fruto dulce y gozoso.

Me tiene en pie
la idea, la certeza
que tras la noche oscura
podemos siempre
vislumbrar un nuevo amanecer,
una luz diáfana, brillante,
cálida y serena.


Me tiene en pie
el grito desgarrado
que desde la cruz
reasume, una vez más,
todos los dolores de esta tierra,
y abre la esperanza
de un dia sin ocaso, sin dolores, sin fatigas,
junto a todos aquellos
que pasaron o tendrán que pasar
-tarde que temprano-
la última puerta, la definitiva.

Valor para no dejarme consumir.
Fuerza para seguir sonriendo.
Alegría para aceptar lo inevitable.
Certezas para seguir amando con un corazón más generoso.
Abrazos, muchos abrazos,
para compartir el dolor,
para compartir la esperanza. 


14-02-2015