28 de enero de 2014

Reflexione sobre "mass media" y educación (Parte II)


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Para los más desventajados y vulnerables, los modelos construidos y ofrecidos por los medios de comunicación son –en muchos casos- inalcanzables, lo cual puede generar conflictos internos y externos, e incluso cierta frustración ante lo imposible. O también puede suceder que para estos chicos y chicas lo más importante sea el conseguir dinero, de cualquier manera, antes que estudiar, porque para ellos o ellas el encajar con esos modelos de consumo y el estatus socioeconómico que representan, tiene más valor que el estudio, el cual no sólo requiere un mayor esfuerzo sino que sus frutos –no siempre seguros, y menos en estos tiempos de crisis- pueden verse sólo a largo plazo. Esto es particularmente cierto para los/las estudiantes de origen latinoamericano ya que, como lo veremos en el capítulo siguiente, la cultura de estos países está profundamente marcada por la televisión y los modelos culturales que la misma ofrece.
Dos aspectos, quizá poco analizados, que, en nuestra opinión, relacionan a los medios de comunicación, especialmente a la televisión, con el abandono y el fracaso escolar son: el número de horas, por una parte, y el tipo de programas que ven los chicos y las chicas, por otra. En cuanto al tiempo de exposición todos los estudios muestran una correlación negativa entre las horas que una persona pasa frente al televisor y sus logros académicos: a más horas, peores resultados (Van Evra, 2004; Del Río, Álvarez & Del río, 2004). Estos estudios coinciden en señalar que los efectos adversos de esta exposición se suelen notar cuando se superan las 4 horas por día o las 28 a 30 horas por semana. En cuanto a los contenidos, también existen evidencias de una correlación negativa entre la exposición continuada a programas no educativos y el desempeño escolar, especialmente en lenguaje y matemáticas (Del Río et al., 2004).
Diversas investigaciones -desarrolladas sobre todo en los Estados Unidos- muestran que “muchos niños (y/o niñas) pasan más tiempo frente a un televisor que en el colegio” (Van Evra, 2004), y mientras más horas gasten viendo televisión, más apatía pueden generar hacia los asuntos de la escuela (Morgan, 1993, citado por Van Evra, 2004) y esta apatía puede llevar, en últimas, al fracaso o al abandono. Muy seguramente, un adolescente, si no tiene un adecuado control de los padres, prefiere sentarse a ver un programa cualquiera que sentarse a estudiar o a hacer, por ejemplo, la tarea de matemáticas. Y cabe preguntarse: ¿Qué tipo de programas ven? ¿Con qué criterios los escogen? ¿Están en capacidad de juzgar el contenido de los programas? ¿Qué pueden aprender de útil para la vida a través de ellos? ¿Influye o no lo que ven en su desempeño académico?
Hoy por hoy la imagen televisiva, el internet y otros medios audiovisuales son todo un reto para la escuela y, en particular, para los docentes. En relación con esta problemática, Marchesi & Pérez (2003) señalan que “la sociedad audiovisual en la que está inmerso el alumno condiciona su atención y reduce el atractivo del texto escrito en el que se basan la mayoría de los aprendizajes escolares. Además, los profesores pueden tener dificultades para adaptar su enseñanza a las nuevas generaciones, más atraídas por la información audiovisual e informática”. Por otra parte, L. N. Her (2008) no duda en afirmar que el internet y la televisión son factores significativos de distracción que influyen en el rendimiento académico de muchos estudiantes. 
Por todas las razones aquí expuestas, creemos que efectivamente la televisión, el internet y, en general, los medios de comunicación, constituyen un factor que puede incidir, de una u otra manera, en las historias de fracaso escolar, y por ello lo hemos incluido en este estudio. Cabe anotar, claro está, que el grado de influencia está mediado por otros factores, en nuestra opinión más decisivos, como es el caso del acompañamiento de los padres y del capital cultural de la familia.

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Her, L. N. (2008). Making sense of academic failure. A dissertation submitted to the School of education and the committee on graduate students. Stanford University. UMI. 
DeL Río, P.; Álvarez, A. & Del Río, M. (2004). Pigmaleón: Informe sobre el impacto de la televisón en la infancia. Madrid. Fundación Infancia y Aprendizaje. 
Van Evra, J. (2004) Television and child development. 3rd edition. Mahwah, London. Lawerence Erlbaum.

26 de enero de 2014

Reflexiones sobre "mass media" y educación (Parte I)

Éstas son algunas reflexiones tomadas de uno de los capítulos de mi tesis doctoral. Espero que puedan ser de utilidad...

La influencia sociocultural de los medios de comunicación es un tópico común y relevante en un número considerable de investigaciones relacionadas con diversos campos del conocimiento, tales como la comunicación, la educación y la sociología. Y dentro de estos estudios un alto porcentaje ha centrado su interés en los efectos –no siempre positivos- que ejercen los medios, especialmente la televisión, sobre la infancia y la juventud[1].    


Dichos efectos pueden ser de diferente índole: sociales, culturales, emocionales, ideológicos y/o cognitivos. Lomas y Arconada (1999), por ejemplo, señalan que los mensajes transmitidos por los medios y la publicidad tienen un doble efecto sociológico sobre las personas: “por una parte, de naturaleza cognitiva, ya que contribuyen tanto a la construcción de la identidad personal (…) como a la adquisición de un conocimiento compartido del mundo. Por otra, de naturaleza ideológica, al constituirse en eficaces herramientas de consenso social”. Este doble efecto, cognitivo e ideológico, es mayor sobre los jóvenes adolescentes ya que ellos, por lo general, no han desarrollado suficientemente su pensamiento crítico, ni su capacidad de elección y por consiguiente son más influenciables. Para muchos de ellos, la forma de ver la vida y los parámetros para vivirla están dados en buena medida por aquello que ven en la pantalla de su televisor, lo cual no es, ni mucho menos, un problema simple, por el contrario es un elemento que puede llegar a ocasionar repercusiones sociales serias y de difícil solución. Basta sólo pensar que el constante bombardeo de los medios –y de manera especial el de la TV- parece capaz de conseguir “el lavado de cerebro (mejor el “ensuciado de cerebro”) que tan peligroso está resultando para la salud mental y somática de una parte muy importante de la población” (Toro, 1996). He aquí una poderosísima razón por la cual es vital e imprescindible que la escuela propicie cada vez más el desarrollo del pensamiento crítico que es, o debe ser, uno de los objetivos fundamentales de la educación. 

Resulta innegable advertir que la televisión, la radio o la prensa tienen un poder tal sobre la sociedad que llegan a crear modelos culturales ante los cuales una persona, y más aún un adolescente, no siempre tiene el criterio suficiente para valorar lo adecuado o no de ese modelo y lo toma como algo cierto que no tiene discusión. Los medios de comunicación de masa, haciendo uso indiscriminado de su poder, hacen creer que esos modelos son los mejores porque, supuestamente, a través de ellos un individuo encuentra la felicidad y la realización personal. Sin embargo, es necesario preguntarse: ¿son los mejores modelos para quién y para qué? No pretendemos aquí dar respuesta a esta pregunta, pero sí queremos subrayar que, tal como lo señala A. M. Brígido (2006, p. 117), los medios de comunicación de masas logran interponerse entre el sujeto y el mundo real, interfieren en las relaciones familiares y además los contenidos de los programas, cualquiera que sea su naturaleza, transmiten “una serie de conocimientos, valores y actitudes que conforman, en gran parte, las relaciones del individuo con las personas, los objetos, las organizaciones sociales y los acontecimientos de su vida cotidiana”. 


Pero no sólo influyen en configurar estas relaciones que menciona Brígido (2006), sino que además desdibujan o tergiversan la realidad e incluso hacen ver lo irreal como real, lo imposible como posible, lo cual, sin duda, puede crear conflictos tanto a nivel individual como colectivo. Sobre este aspecto, anota el profesor Joaquín García Carrasco que, desde un punto de vista antropológico, los medios de comunicación audiovisual y las llamadas “autopistas de la información” ofrecen a cada individuo “una inmensa variedad de formas socioculturales posibles, generando formas de vida o problemas culturales”, para los que una persona o comunidad no siempre están preparados. Es más, los medios de comunicación de masas proporcionan, en algunos casos, “formas culturales cuya continuidad o expansión presentan la condición de manifestaciones culturales insostenibles” (García C., 2010). Dicho de otra manera, exponen modelos ficticios que, en muchos casos, no encajan con la realidad, ni con el contexto en el cual algunas personas viven.

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[1] Así lo consignan autores tales como: Unnikrishnan & Bajpai, 1996; Fernández & García, 2001; Van Evra, 2004; García & López, 2009; entre otros.

BRÍGIDO, A. M. (2006) Sociología de la educación: temas y perspectivas fundamentales. Córdoba. Brujas.
García C., J.  (2010) Madurez cultural y educación permanente en la sociedad de la información. Revista Bordón 62, (39), 69-95.
Lomas & Arconada (1999). Mujer y publicidad: de la diferencia a la desigualdad. En: LOMAS, C. (Comp.) ¿Iguales o diferentes? Género, diferencia sexual, lenguaje y educación. Barcelona. Paidós Educador.
Toro, J. (1996). El cuerpo como delito. Barcelona. Ariel Ciencia.