18 de julio de 2013

Sueños en espera

Hay muchas historias que contar, pero me temo que tendrán que esperar un poco más. ¿Y si nunca llegase a tener el tiempo? No sé, quizá sea porque esas historias no deben ser contadas. O quizá me falte coraje para detenerme en seco, abandonar algunas ataduras y ciertos compromisos...

Pero no, no es del todo cierto que deba abandonar esas ataduras, en especial una, porque ella hace parte de mi historia más reciente, porque en buena medida me ha moldeado y me ha permitido reconocer mejor algunas de mis capacidades. Y no pienso abandonarla a esta altura del camino...

¿Y qué hacer entonces? ¿Seguir postergando el sueño de escribir historias? ¿Crear un hueco más en el tiempo que aparentemente no tengo? ¿Y cómo? Bueno, ya lo sé, hay una manera de llegar: vivir cada momento presente con intensidad, haciendo bien lo que hay que hacer y si las historias merecen ser escritas, ya encontraré el tiempo apropiado para hacerlo... 

Yo no puedo abandonarlo todo porque sería ir contra mis principios y no sólo eso, sino porque la mejor de todas las historias es y ha ser la que escribo cada día, la que va quedando grabada en el corazón de los que más quiero. Al menos eso es lo que deseo y por eso lucho y recomienzo y vuelvo a intentarlo una y otra vez.

17 de julio de 2013

Quiero tenerlo muy presente

De Manfred: (del 12 de junio de 2013)

"Io sono l’uomo più fortunato del mondo. Sono amato da Dio. Sono chiamato da Dio."

"I am the most lucky man of the world. God loves me. God has called me". 

"Soy el hombre más afortunado del mundo. Dios me ama. Dios me ha llamado".

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11 de julio de 2013

¿Qué es educar?

Por estos días me ha acompañado esta pregunta de manera más constante de lo habitual. Quizá sea porque en pocos días empezaré de nuevo a ejercer como "profesor de matemáticas". Tras cinco años de investigación y de reflexión sobre el quehacer educativo me surgen varios interrogantes: ¿Cuál debe ser mi labor más importante con los que serán mis estudiantes? ¿Enseñarles matemáticas, simplemente? ¿Enseñarles valores? ¿Mostrarles caminos y opciones de vida? ¿Ayudarles a descubrir su propia vocación? Ésto último sería lo más interesante, pero ¿cómo hacerlo a través de las matemáticas, las que yo conozco, por lo menos? Cuando digo "las que yo conozco" me refiero a la forma como las aprendí, muy tradicional y aunque en mis años de experiencia he intentado buscarles el mayor significado posible para mis estudiantes y para mí mismo, lo cierto es que no puedo negar mis raices, es decir mi forma de aprender y de enseñar.

No obstante, más allá de la forma como enseño, lo que debo buscar es que mi forma de ser y de hacer las cosas sea en sí misma una escuela, no tanto porque yo sea digno de emular, ni muchísimo menos, sino porque ha sido por ello justamente que me han contratado y además porque -lo creo así- es parte esencial de la labor de un docente, o mejor sería decir, de un maestro, una de las profesiones más complejas que existen, profesión que yo no busqué, sino más bien fue ella la que me buscó y... me atrapó.