11 de octubre de 2016

El camino hacia la paz...

La paz, todo un camino por recorrer


A medida que pasan los días, después del plebiscito, resulta más difícil y complejo entender la situación actual de Colombia. Aunque haya ganado el NO (por un estrecho margen), aquí no hay en realidad ni vencedores ni vencidos; en cambio sí hay unos cuantos perdedores, y algo -o quizá mucho- de zozobra, de incertidumbre, de incredulidad, sensaciones que se entremezclan confusamente con otras de esperanza, incluso de optimismo, y sobre todo con un deseo más genuino de salir adelante.  
De lado y lado se dicen muchas cosas, se habla todavía con cierta carga emocional y seguimos empantanados en discusiones –algunas triviales, otras más profundas- que en principio no llevan a ninguna parte, y sólo consiguen ahondar más las heridas que ya tenemos como nación y aquellas que cada uno pueda tener en su fuero interno. Y sobre el hecho, los partidos políticos y los medios de comunicación siguen engañándonos y perpetuando las mentiras y la farsa, ya sin el más mínimo disimulo.
En medio de tanta desinformación, un aspecto que causa una extraña impresión es, desde mi perspectiva, la postura de un cierto grupo de los que votaron por el SI, en la que se vislumbra un cambio abrupto de parecer, como si la aparente y además exigua “derrota” les hubiera cambiado el deseo de paz por uno de total desesperanza. En ciertos comentarios que se leen en las redes sociales pareciera que ya no quieren la paz, se sienten vencidos y prefieren perpetuar la división. Sin duda muchos de los que manifiestan su dolor y su impotencia de forma poco asertiva, lo hacen con la mejor intención, pero igual llevados por el dolor y por la rabia, lo que en últimas no conduce a una meta más clara y más segura de la que pretendíamos lograr con el plebiscito. Claro que los promotores del NO tampoco se quedan atrás con sus comentarios a veces llenos de ironía, de egoísmo, y de razones no siempre bien sustentadas.

En todo el mundo y también dentro de la misma Colombia muchos nos seguimos preguntando: ¿cómo es posible que haya ganado el NO? Pareciera un sinsentido. Sin embargo, como lo ha dicho Antanas Mokus, es una nueva oportunidad para aprender. No la podemos desaprovechar. De hecho, me parece que son muchos los que estamos empezando a despertar y a darnos cuenta de la magnitud real de nuestros problemas. Como lo ha dicho acertadamente, hace ya algunos días, el padre Francisco de Roux (*):

“Tenemos que aceptar con realismo y humildad que debemos revisarnos. Quizás no nos habíamos aceptado crudamente como parte del problema, y precisamente porque somos parte del problema, de la crisis, se acrecienta  hoy nuestra responsabilidad de ser parte de la solución.  
Este es el momento de oírnos, comprendernos y reconciliarnos con quienes por razones sociales, políticas, institucionales y éticas, piensan distinto. De aceptarnos en nuestras diferencias. De revisar desde todos los lados qué es lo que cada quien tiene que cambiar, para que todos seamos posibles en dignidad  en una paz que nos traiga la tranquilidad a todos y a todas”.
(*) Tomado de: (https://lapazquerida.wordpress.com/author/lapazquerida/)

Sí, no me cabe duda de que hay una gran lección para aprender en todo esto. Como persona de fe que he sido y que soy, veo también en esta paradoja la mano de Dios. No quiero con esto crear polémica, ni herir la susceptibilidad de quienes no creen, pero verlo así me da cierta paz. De cualquier manera, una pregunta central que debemos hacernos ahora es esta: ¿seremos capaces de asumir el reto, unirnos como nación y lograr la paz? Yo espero que sí.  

Ahora bien, para ir adelante, me parece que es necesario entender con precisión qué fue lo que pasó y por qué llegamos al resultado que obtuvimos en este plebiscito (50-50). Sobre esto se ha dicho mucho y seguramente se seguirá hablando y hablando y discutiendo.  

Entre las principales causas que veo en este momento están las siguientes: 
a) El engaño cada vez más evidente que hubo de parte y parte, las amenazas y las mentiras que esgrimieron –y que abundaron sin medida– tanto los principales defensores del SI, como los del NO. 
b) Muchos ciudadanos no tuvieron el tiempo suficiente para leerse las 297 páginas y poder juzgar con criterio lo acordado. El no darnos el tiempo suficiente para leer con juicio crítico fue una evidente estrategia del gobierno... 
c) Otros muchos, infortunadamente, no saben leer con un adecuado pensamiento crítico (ésto no por falta de inteligencia, sino por falta de oportunidades) y por tanto no podían votar a plena conciencia.
d) El miedo a un panorama desconocido.
e) La desinformación que se dio en diferentes niveles.
f) La falta de objetividad de los medios de comunicación, en su mayoría tristemente vendidos al gobierno.
g) El ego y la arrogancia de algunos políticos que pensaron (y siguen pensando) primero en sus intereses.
h) Por supuesto las castas políticas de este país que siguen haciendo con el pueblo, es decir con nosotros, lo que les plazca.
i) Y la inexplicable apatía y la indiferencia de una enorme cantidad de personas que se abstuvieron de votar en un día tan crucial como lo era este pasado 2 de octubre.No estábamos votando por un candidato, estábamos votando por el futuro de Colombia… 

Sería muy importante poder entender con objetividad y buen juicio crítico lo que ese 62% de la población piensa con respecto a los acuerdos y las razones por las cuáles se abstuvieron de votar...

Ahora flota en el ambiente una pregunta incómoda para todos: ¿Pusimos en peligro el futuro de las próximas generaciones? En mi opinión es mejor no precipitemos a responder a esta pregunta, ya nos lo dirán con mayor certeza el tiempo y la historia que escribamos de hoy en adelante. Esforcémonos por escribir unas páginas nuevas que permitan generar una respuesta esperanzadora a este interrogante.

Por otro lado, hay que decirlo, también se vislumbran algunos factores positivos, elementos que quizá nunca antes habían salido a relucir en una contienda política en nuestro país, como por ejemplo: el pueblo (aunque en una preocupante minoría) se pronunció, poniendo en evidencia la división interna y profunda que tenemos, y también dejó claro que el diálogo de cuatro años no fue suficiente, que –al parecer– es necesario ir más a fondo y dar cabida a otros sectores que durante el proceso no tuvieron ni voz, ni voto; ganó la democracia, el gobierno de turno no manipuló los resultados a su favor (o al menos así parece…). Por otro lado, no podemos desconocer que en los días previos al 2 de octubre hubo muchos debates interesantes y de altura en los que se pudo observar un agudo pensamiento crítico constructivo de todos aquellos que quisieron y pudieron aportar, de una manera sana, sensata y amable, a la discusión. Lástima que esos debates se desarrollan dentro de unos pocos círculos privilegiados. Por lo demás, dejemos de lado todo lo que no fue constructivo, que por desgracia abundó más que los argumentos serios. Desde mi punto de vista hubiera sido mejor para todos alargar un buen tiempo más el debate de argumentos bien sustentados y bien presentados, antes de ir a las urnas. Quizá por eso ganó el NO... Aunque no sea el resultado que muchos esperábamos, éste se dio porque en el fondo sentíamos (unos más que otros) que necesitábamos algo más de tiempo para tomar a conciencia una decisión tan trascendental para todos. Adicionalmente, ahora, en esta etapa del post-plebiscito se siguen dando debates de mucha altura e invitaciones, de lado y lado, a construir entre todos, con mayor convicción y compromiso, esa paz tan anhelada. Ahora nos sentimos más unidos como nación en la búsqueda de un propósito común. Esto último es para mí lo más positivo de todo. 

Quiero creer que lo vamos a lograr, si sabemos sortear, como pueblo, este momento, si abrimos nuestros corazones al perdón y a la reconciliación, si todos deponemos nuestras armas en aras de lograr una convivencia más armoniosa, y decidimos, con vehemencia, que merecemos una oportunidad de construir un nuevo país, incluso una nueva identidad más clara y definida, si desaprendemos nuestra forma egoísta de ver la vida y empezamos a educar y a educarnos en saber poner siempre el interés común por encima de los propios intereses, si los líderes políticos dejan de lado sus interese personales y se sientan a trabajar –de verdad- por el país, si los dirigentes y miembros de las FARC saben permanecer en su posición de dejar las armas, de apostarle a la paz (cueste lo que cueste) y hacer una política seria y constructiva. Una opción que también se abre paso, poco a poco pero aún con mucha reserva, es la de buscar nuevos líderes capaces de encausar todas las fuerzas positivas que están surgiendo hacia la meta común de construir una paz legítima, estable y duradera. Si todo esto se da  entonces veremos renacer un futuro más luminoso y esperanzador.

El reto que tenemos por delante no es sencillo, por el contrario, parece un camino cuesta arriba en el que para llegar a la cumbre tendremos que hacer enormes esfuerzos porque además no es suficiente que unos pocos lleguen a la meta, sino que debemos llegar todos. Y tenemos que llegar unidos como nación, realmente orgullosos de ser lo que somos, unidos sin renunciar a nuestras diferencias, unidos aceptándonos como somos, una nación pluricultural, capaces de debatir nuestras ideas pero sin pretender convencer a nadie, sólo esforzándonos por entender y por descubrir más lo que nos une, que lo que nos separa.

Empecemos desde ya a construir ese futuro que soñamos, cimentándolo en un presente en el que brillen los mejores valores de nuestros antepasados, los mejores logros de las últimas décadas, y las mejores promesas del futuro. 

Invito, desde este pequeño rincón, a todos los jóvenes que ahora están marchando por la paz en tantas ciudades de Colombia a no desfallecer hasta ver culminado en su totalidad este proceso, es decir hasta tanto no cese el conflicto armado definitivamente, y hasta que por fin, tanto los guerrilleros de las FARC como del ELN no hayan dejado las armas, se hayan desmovilizado y se incorporen a la vida civil como constructores, también ellos, de una nueva Colombia. En síntesis, para todos los que soñamos con la paz, no agotemos los esfuerzos, ni las estrategias, ni las posibilidades que tengamos para alcanzar la meta que anhelamos hoy con más fuerza que nunca.  


Jaime Borda Valderrama
PhD en Ciencias Sociales de
la Universidad Pública de Navarra