18 de junio de 2014

Esta larga ausencia

¿Por qué no he vuelto por aquí?

Me dejé absorber por el trabajo. Me parece que no tuve otra opción. La vida es la que es y hay situaciones que se nos pueden salir de las manos o sobre las que podemos ejercer un control mínimo. Me refiero a esas situaciones que se asemejan a tempestades y para salir airosos, tenemos que capotear esa tempestad con todo nuestro potencial. No podemos esquivarlas y menos si se trata de nuestra "superviviencia" y es superviviencia porque efectivamente el pago que recibimos a cambio de nuestra ingente labor (la docencia) no da más que para sobrevivir en estos tiempos.

¿Es una queja? Sí, se puede tomar como tal. Al oírla, algunos me han dicho que eso refleja mi descontento con lo que hago. Que no esta bien quejarse por tu trabajo... hay tantos que no lo tienen. ¿Y? Bueno, lo admito, no logro disfrutar mi trabajo todo lo que yo quisiera. ¿Y eso está mal? ¿Sentirse cansado y algo decepcionado por haber dejado la piel cada día en tu trabajo, por haber trabajado muchas horas extras y ver pocos resultados positivos? No lo creo... Es necesario hacer una catarsis y expresarlo me permite hacer esa catarsis.
¿Y hay alguna alternativa ante el cansancio y el desánimo por los pocos frutos que veo? Por ahora sólo se me ocurre una: hacer un cambio de chip y disfrutar este trabajo, ejercerlo cada vez con mayor profesionalismo y no olvidarme que la educación es la base para el progreso de una sociedad. Es más, estoy convencido que la educación es el único medio para cambiar la sociedad, y la nuestra necesita cambios profundos. Yo trabajo -no sé bien si por desgracia o por fortuna- con niños y niñas yupis (estrato diez) que no valoran la educación. En realidad lo más grave es que los padres de estos chicos no valoran la educación en la justa medida. Son padres y madres que, en un alto porcentaje, creen que la educación depende exclusivamente del colegio; total, para eso pagan una buena fortuna por la educación de sus hijos... Es más, esos padres creen que el profesor es como un títere, un payaso, un ser que vale poca cosa y eso es absolutamente nefasto. Mientras estas familias no asuman la educación de sus hijos e hijas con responsabilidad, mientras no dejen de creer que la buena educación se compra con una buena billetera y no les enseñen a respetar y a valorar a sus maestros y maestras, este país no saldrá del pozo en el que está. Seguiremos teniendo problemas de corrupción, de injusticia, de violencia y de una profunda desigualdad social. Sí, la educación es una responsabilidad de todos, no sólo de la escuela.

Creo que me estoy yendo por las ramas... Volvamos al punto inicial. Después de este año intenso, me queda una reflexión importante. Si no te gusta plenamente lo que haces, tienes dos alternativas: o haces un esfuerzo para que te guste o buscas otra salida. En mi caso personal no veo otra salida, así que no tengo más alternativa que aprender a disfrutar lo que hago, con todo y los sinsabores que esta loable labor conlleva. Entre tanto y aprovechando las vacaciones, quiero, mientras sea posible, dejarme tomar por la palabra... Amanecerá y veremos!!

La vida es una sola y vale la pena gastarla bien...
             

17 de junio de 2014

Nadie...


Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo.
Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces.
Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.
Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.
Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.
Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo, ni se hace hombre sin sentir a Dios.
Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.
Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios.
Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.
Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir.
Nadie encuentra el pozo de DIOS hasta caminar por la sed del desierto. Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de DIOS.
Nadie deja de arder con fuego dentro. Nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. Si sacas todo lo que tienes y estás con DIOS... ¡Vas a llegar!

Autor desconocido