12 de abril de 2014

Mil soles espléndidos, más que un buen libro

“Mil soles espléndidos” es la traducción que le han dado al título de uno de los últimos libros del reconocido escritor Kalhed Hosseini. Según él mismo es un título que lo conmueve y razón tiene porque la historia que cuenta tan magistralmente en su libro es una historia profundamente conmovedora.

Al ir leyendo este libro, ya desde las primeras páginas, se va formando un nudo en la garganta que a veces se transforma en rabia contenida y otras en un dolor que te conmueve y te cuestiona sobre el ser humano y sus alcances. Este libro es la historia de dos mujeres afganas que viven situaciones cargadas de dolores, de decepciones, de injusticias, de desprecio, de una violencia insoportable y no obstante todo, conservan en el fondo la esperanza de un mañana diferente. Mariam y Laila son mujeres comunes y corrientes pero su vida y lo que tuvieron que sufrir las hace grandes, y a Mariam, especialmente, le otorga una sutil sabiduría sobre la vida que les permite a las dos protagonistas soportar todo lo que les toca padecer, que no es poco. Esta obra retrata, desde la visión particular de dos mujeres sencillas, la realidad cruda de una sociedad oprimida por el totalitarismo ejercido por un grupo reducido de fundamentalistas que someten, muy especialmente a las mujeres, a unas leyes completamente absurdas y aniquiladoras. Fruto de esa sociedad es el hombre, o mejor dicho el marido que por desgracia les toca, que las oprime, las subyuga, las maltrata, las menosprecia, las esclaviza. No obstante todo, en el fondo de su ser, no se sabe exactamente cómo, logran cobijar un espíritu libre y sabio que les ayuda a mantener la esperanza, más allá de las circunstancias.


Pero en esta historia no todo es dolor. Algunos personajes y algunos momentos devuelven el alma al cuerpo. El padre de Laila y el novio de su juventud, Tariq, son personajes que refrescan, que hablan de otro modo de ser hombre, distinto del de Rashid, el esposo medio demente y medio salvaje (digo yo)  de las dos mujeres. De alguna manera la presencia de estos personajes permite recuperar el aliento y mantiene viva la esperanza y la certeza de que algún día la suerte cambiará.


Ya en las últimas páginas, cuando por fin la historia hace un viraje y deja vislumbrar los mil soles espléndidos que se van alzando tras años de oscuridad y que están latentes a lo largo de todo el libro, Laila, sumergida en sus pensamientos y alentada por el recuerdo imborrable de Mariam, comprende que debe seguir adelante con su vida, “porque sabe que no puede hacer otra cosa. Eso [seguir adelante] y tener esperanza”. Quizá de eso se trata esta historia que se nos queda enredada en los entresijos del alma: saber que con frecuencia no tenemos otra opción más que seguir adelante sin perder la esperanza. Claro, para lograrlo, se necesita una buena dosis de coraje.

Ahora, aún después de días de haber cerrado la última página de este libro cada tanto pienso en Afganistán y en su gente. Una realidad aparentemente muy lejana de la mía, pero a la que no puedo ser indiferente.

Colombia, 10:54pm de este sábado 12 de abril. Afganistán, 8:24 am del domingo 13 de abril…. ¿Cuántos mueren aquí y allá a esta misma hora a causa de alguna injusticia? ¿Y yo que puedo hacer desde la comodidad de mi casa? Al menos levantar una oración, no olvidar, no dejarme atrapar por la indiferencia, no tener miedo a sentir el corazón oprimido ante el dolor ajeno… Y escribir estas palabras que ahora dejo sueltas para que toquen algunas puertas, puertas que quieran dejarlas pasar e invitarlas a entrar.