24 de abril de 2011

Dios habla a través de nuestros hijos

"¿Papá, sabes que P. dice que jugando futbol amamos a Jesús? Pero eso no es verdad. Lo que quiere Jesús es que ayudemos a los pobres y acompañemos y escuchemos a los enfermos y que amemos a nuestros papas... Eso le gusta a Jesús..."

Estas fueron, más o menos, las palabras de mi hijo de 6 años ayer por la mañana. DJ siempre nos sorprende. Cada tanto sale con estas cosas, y entonces tenemos la impresión de que es Dios mismo quien nos habla a través de un niño, que con toda su inocencia es capaz de abrir su alma a las cosas más sublimes.

Sí, no me cabe duda, los niños también hacen su propia experiencia de fe. No podemos ni debemos subestimarlos. Y tampoco podemos negarles de tajo esa experiencia.

No puedo dejar de recordar la historia de unos padres enardecidos porque en el colegio de su hija tenían crucifijos en las aulas y según ellos, eso la perturbaba. Para esos padres, la niña decidiría si creer o no cuando fuese grande... Es posible que eso llegue a suceder, pues para Dios nada es imposible. Sin embargo, estoy convencido totalmente, que esos padres -quizá con buena intención, pero también llevados por un odio contra la iglesia- le han impedido a su propia hija hacer una experiencia vital para cualquier ser humano, la experiencia de la fe, una experiencia que le da sentido a cada cosa. Nuestra trascendencia no comienza a los 18 años... Somos seres trascendentes desde el mismo momento de la concepción, pero para creerlo, hace falta vivirlo, es decir hace falta tener una experiencia de fe.

La fe, ciertamente, no se aprende en las aulas, pero no por ello debe abolirse su enseñanza, siempre y cuando se haga en el marco del debido respeto a todas las creencias y sin cohartar la libertad de pensamiento de los individuos (seguro que es posible..). Prohibir, como se hace hoy, mediante argumentos escurridizos, que a un niño o a una niña se le hable de Dios en la escuela es cerrarle las puertas a la esencia del conocimiento, ese que abre las puertas a la sabiduría y, además, da bases realmente sólidas para afrontar la vida.

Bueno... claro que si en casa no se habla de Dios, pues... ¿qué podemos decir? Pueden suceder muchas cosas, pero de eso no quiero hablar hoy. 


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